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  • EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESION Y DE DARIO ACEVEDO CARMONA

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    Los abajo firmantes, amigos o colegas del historiador Darío Acevedo Carmona, con las más diversas posiciones sobre el acontecer político, manifestamos nuestra indignación por los ataques que le han llegado desde las páginas de Anncol, afín a las Farc. Estos ataques han continuado, aun después de que Darío ha resuelto renunciar temporalmente a seguir publicando la columna que semanalmente escribía para el diario El Espectador.

    Quienes conocemos a Darío desde hace muchos años sabemos de su honradez y honestidad personal y profesional, de su responsabilidad como docente de la Universidad Nacional de Colombia en la sede Medellín y de la lealtad y convicción con las cuales ha enfrentado a lo largo de su vida las controversias políticas, ideológicas o académicas. Sus ideas, con las que se puede estar a favor o en contra, han sido expuestas por él en forma abierta y trasparente en un blog que ya cumple 10 años y más recientemente a través de las páginas de El Espectador.

    Los últimos ataques incluyen amenazas de asedio a través de mítines dentro de los predios de la Universidad con el avieso propósito de hacerlo salir de esta.

    Toda esta ofensiva orquestada por un Portal que dice defender el proceso de paz desde el punto de vista de las Farc, no es otra cosa que un atentado a la libertad de expresión, una pretensión de acallar a aquél que no piense como ellos y, efectivamente, se convierte en un peligro para la integridad personal de Darío.

    Exigimos de parte del Estado Colombiano la protección debida para el amigo Darío Acevedo, y de parte de los negociadores de La Habana un claro pronunciamiento acerca de cuáles son los parámetros de respeto a la libertad de expresión que se han acordado.

     Medellín, Agosto 23 de 2015

    Firman:

    Jorge Eduardo Cock Londoño,  Darío Valencia Restrepo, Rafael Aubad López, Jorge Mejía Martínez, Diego Miguel Sierra, Oscar José Mesa Sánchez, Jorge Giraldo Ramírez, Juan Guillermo Múnera, German Cabarcas Iglesias, Norberto Vélez Escobar, Nicolás Loaiza Díaz, Carlos Guillermo Alvarez, German Llano Soto, Diva Jaramillo Vélez, Martha Silvia Díaz Palacio, Natalia Loaiza Díaz, Gloria López de Aubad, Ana Isabel Aubad López, Cecilia Hincapié Cardona, Blanca Judith Melo, Hernán Suárez, Manuel Restrepo Yusti, Magdala Velásquez Toro, Angela María Quintero, Emiro Mesa, León Restrepo Mejía, Lucelly Torres Villegas, Santiago Restrepo Torres, Carlos Federico Alvarez Hincapié, Angela María Mesa Posada, Alonso Cardona Arango, Luis Norberto Ríos Navarro, Nicolás Rico Mesa, Alfonso Buitrago Londoño, Juan Guillermo Alvarez Hincapié, Pilar Aubad López,  Felipe Cabarcas Jaramillo, Juan Cardona Uribe, Jorge Mejía Laverde, Benjamín de los Ríos Osorio, Martha Ligia White Tamayo, Daniel Yepes Naranjo, Augusto Trujillo Montoya, Ligia Escudero de Trujillo, Argelia Londoño, Jorge Cossio Betancur, Antonio Restrepo Botero, Nubia Garcés Picón, Daniel Cabarcas Jaramillo, Gustavo Adolfo Hincapié Cardona, Fanny Elena Ramírez Jaramillo, Jorge Eliecer Ceballos, Guillermo Maya Muñoz,  Eduardo Domínguez,  Alberto Arroyave, Luz María Zapata, Gonzalo Jiménez Calad, Alvaro Jiménez Millán, Jorge Eduardo Polanco Flórez,  Elkin Jiménez Díaz, Luis Javier Ortiz Mesa, Gloria Helena Restrepo Toro, Jorge Hernán Arango G., Gladys Vélez Serna, Beatriz Helena López de Mesa D, Beatriz Montoya Montoya, Benjamín Cardona Arango, Darío Arbeláez, Martha Arbeláez.  

  • En Defensa de Darío Acevedo Carmona

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    En defensa de Darío Acevedo Carmona

     

    Por Eduardo Mackenzie

    17 de agosto de 2015

     

    ¿En la mesa de La Habana se acordó prohibir toda crítica al comunismo? Habría que saber. Puede que haya un acuerdo secreto al respecto, tan vergonzoso que los “plenipotenciarios” enviados por el presidente Juan Manuel Santos no lo quieren revelar. Algo debe haber en el tintero pues las Farc ya comenzaron a implementar, por su cuenta, una política para conseguir ese objetivo. Santos debería aclararle al país ese nuevo ataque a las libertades democráticas.

    Los mamertos suelen atacar física y verbalmente a quienes critican al PCC, a las Farc y a sus agentes de influencia. Ahora van más lejos: quien se aparte de la versión mentirosa que ellos forjan de la historia, de las luchas sociales y del llamado “proceso de paz”, recibe insultos y presiones para que deje de escribir, e incluso lo amenazan de muerte, sin que eso alarme ni al gobierno ni a los adormilados defensores de la libertad de expresión.

    A Darío Acevedo Carmona, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, le ha ocurrido eso. Hace unos días, un tal Horacio Duque Giraldo, cronista de Anncol, un portal web de las Farc, lanzó una violenta e inesperada diatriba contra Acevedo, quien es autor de 14 libros de historia como autor, coautor y compilador, y es uno de los más lúcidos críticos de las negociaciones en La Habana.

    Al momento de escribir esta nota, Horacio Duque ya iba por su tercer ataque rabioso contra el profesor Darío Acevedo. El 6 de agosto pasado, Duque comenzó su ofensiva describiendo al intelectual antioqueño como una “oscura ficha del fascismo uribista, un seudo [sic] historiador que vive en Medellín, quien vomita odio antidemocrático desde una equivocada columna en El Espectador”.

    El 12 agosto, Horacio Duque reincidió y fue mucho más lejos: pidió “desescalar al anticomunista Darío Acevedo Carmona”.

    Horacio Duque estima que la prioridad es impedirle al citado historiador seguir escribiendo su columna semanal en El Espectador, diario que Duque presenta como una “trinchera anticomunista”.

    Fuera de ser un mediocre plumífero, el cronista mamerto es un ignorante. Duque no sabe, quizás, que Darío Acevedo Carmona es autor de dos estudios muy completos sobre el pensamiento de Gerardo Molina, un ensayista, ex rector de la Universidad Nacional y jefe político de izquierda, fallecido en 1991, que estaba lejos de ser un “anticomunista”.

    Duque no sólo pide censurar los comentarios de Darío Acevedo sino que busca lo irreparable: exige que el  historiador  antioqueño sea castigado por ser “anticomunista”. Más precisamente, Duque exige “desescalar” al profesor Acevedo. En el lenguaje marrullero de Anncol “desescalar” puede querer decir agredir y hasta suprimir físicamente. Tal acto sería necesario, insiste Horacio Duque, para alcanzar la paz pues si alguien no hace eso “va a ser difícil ‘aclimatar’ la paz dentro de la ‘familia’ colombiana”.  Tales frases caen en la órbita del derecho penal.

    Hace unas semanas, Humberto de la Calle desafiaba a la oposición. Decía que ésta no puede probar que el proceso de paz de Santos está llevando el país al comunismo. Horas después, Anncol lanzaba la primera piedra. Darío Acevedo Carmona había publicado, el 12 de agosto, una excelente critica del proceso “de paz” en un texto intitulado  “Santos prisionero de las Farc”. El historiador dice allí: “La estrategia fariana se impone gradual e inexorablemente. Consiste en burlar las condiciones acordadas, darle un nombre diferente a los hechos, decir una cosa en la Mesa y otra ante los medios y la opinión pública. […] Han combinado a la perfección el ataque con la defensa, dosifican el dolor aumentándolo o disminuyéndolo según las circunstancias. Confunden al rival y lo van arrinconando, cediendo en punticos sin trascendencia y siendo intransigentes en los temas nodulares. Una pizca de sensatez y bultos de cinismo.“

    La respuesta de Anncol fue pedir la cabeza del profesor universitario que había escrito tan exacta constatación.

    Las gesticulaciones de Horacio Duque son el anuncio de lo que será el debate que Humberto de la Calle propone. Las Farc no quieren ese debate pues saben que no tienen cómo ganarlo. Sus mentiras ya no impactan. Quieren cerrar esa discusión y lo hacen  llamando fascistas a sus contradictores, anunciando  la violencia contra éstos y tratando de imponer a la sociedad una versión falsa del “conflicto” y darle, con el apoyo de Santos, el estatuto de verdad única.

    Horacio Duque cree que el anticomunismo busca “derrotar conquistas sociales y económicas de la lucha durante muchos años de los trabajadores”.  Falso. El progreso social de Colombia no le debe nada a los comunistas. Estos, por el contrario, han sido un obstáculo para el progreso social. No hay nada que haya contribuido más a la pobreza y a las desigualdades que la agresión armada desatada por las Farc contra Colombia desde hace 50 años. ¿A qué país del mundo el comunismo ha aportado progreso social? A ninguno. Todos los países donde ese cáncer se apoderó del poder (siempre por la violencia y el engaño) fueron llevados a la miseria, al atraso, a la guerra civil, a la opresión más abyecta y generalizada contra la población. Y las primeras víctimas de ese sistema fueron, precisamente, los obreros y campesinos. Sin excepción. ¿Qué progreso social hay en Cuba, Corea del Norte, Venezuela? ¿Por qué el bloque soviético se derrumbó sin que los trabajadores protestaran? Sus mentiras resérvenlas, señores del PCC, a ustedes mismos.

    Al atacar cobardemente al profesor Acevedo Carmona, Anncol y Horacio Duque Giraldo incurrieron en los delitos de difamación e injuria, delitos pasibles de condena penal. Incurrieron, además, en sicariato moral o instigación al crimen. No obstante, el gobierno Santos y sus voceros en la mesa de Cuba, y el Fiscal Montealegre, quien se supone debe realizar la investigación penal de los delitos que lleguen a su conocimiento por medio de denuncia o de oficio, guardan silencio sobre esta nueva fase de la delincuencia fariana.

    Pocas veces los intelectuales de Colombia (universitarios y periodistas, sobre todo)  se habían visto tan  desamparados como ahora frente a la agresión totalitaria. Los escritores no pueden escribir, los historiadores no pueden trabajar ni la historia inmediata ni la más lejana y los periodistas no pueden informar. O sí, pero a condición de repetir las soflamas y embustes farianos.

    Anncol tendrá que intimidar a centenas y miles de personas que desde muchas posiciones, y desde las redes sociales, seguirán informando, analizando, comentando  y denunciando las taras del proceso de paz de Santos. Pues los colombianos han abierto los ojos y han liberado su palabra y no están dispuestos a dejarse callar.

    La justicia colombiana deja, en todo caso, degradar las libertades al dejar delinquir impunemente a gente como Horacio Duque Gaviria.  ¿Cuándo es que la Fiscalía va a tomar cartas en el asunto? ¿No arrastra el señor Horacio Duque unas cuantas cacerolas judiciales? ¿Cuántos meses va tomar el SNP antes de implementar una protección seria al historiador amenazado?  En Colombia todavía no hay una ley que prohíba criticar y denunciar los crímenes del comunismo. Lo que está en juego no es una tontería. La posibilidad de pensar, hablar, escribir y publicar en libertad es la esencia misma de la democracia. Es lo que Anncol quiere abolir.  Estamos ante otro resultado del funesto proceso de paz de Santos cuyo cortejo de calamidades no cesa de crecer.