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  • DECLARACIÓN PÚBLICA (de rechazo a amenazas a Darío Acevedo y en defensa de la libertad de expresión)

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    Las personas que suscribimos esta declaración somos militantes de la democracia y, por ende, defendemos el pluralismo y la tolerancia como factores de la convivencia que tiene alcances permanentes en el desarrollo de un país civilizado y de un estado de derecho. Además, ejercemos la ciudadanía de manera independiente o en distintos partidos y corrientes políticas. Por lo anterior vemos con honda preocupación las amenazas explícitas y señalamientos con intenciones agresivas que desde una publicación afín a las Farc, como es la agencia de prensa Anncol y uno de sus columnistas, se lanzan contra el historiador y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Darío Acevedo Carmona, columnista del diario El Espectador y de varios portales internacionales

    El lenguaje hostil y vindicativo utilizado para atacar al profesor Acevedo Carmona, por sus críticas al proceso de paz que se realiza en La Habana y sus conceptos acerca del comunismo y del marxismo, es inaceptable. Sus puntos de vista no pueden ser motivo para poner en peligro la integridad de un ciudadano que ejerce la libertad de expresión y la libertad de opinión, criterios básicos que informan las leyes y la Constitución de Colombia. Más grave aun cuando las Farc se encuentran en diálogos de paz que llevarían a la reconciliación, mientras desde sus medios de comunicación expresan la descalificación de las ideas contrarias a su pensamiento político.

    Por lo tanto, desde el terreno de la democracia nos dirigimos al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y a los negociadores que tienen la vocería del Estado colombiano para que exijan a las FARC respeto total, integral e incondicional  a la libertad de expresión y a la vida e integridad de los columnistas de opinión, cualesquiera que sean sus puntos de vista.

    Septiembre 4 de 2015.

    CARLOS ALBERTO MONTANER (Estados Unidos), OSWALDO ÁLVAREZ PAZ (Venezuela), MALCOM DEAS (Gran Bretaña), CHARLES BERGQUIST (Estados Unidos), HERBERT TICO BRAUN (Estados Unidos), CARLOS MALAMUD (España), MARÍA ANTONIA PEÑA GUERRERO (España),EDUARDO MACKENZIE (Francia), ÁLVARO TIRADO MEJÍA, PLINIO APULEYO MENDOZA, FERNANDO LONDOÑO HOYOS, IRENE GAVIRIA, OSCAR IVÁN ZULUAGA, JESÚS VALLEJO MEJÍA, DARÍO VALENCIA RESTREPO, JAIME RESTREPO CUARTAS, SAUL HERNÁNDEZ, EDUARDO ESCOBAR, JAIME JARAMILLO PANESSO, JOSÉ FELIX LAFAUIRIE, JOSÉ ALVEAR SANÍN, CARLOS RAFAEL URIBE, JORGE GIRALDO, ANA MERCEDES GÓMEZ MARTÍNEZ, DARÍO RUIZ GÓMEZ, LUZ MARÍA TOBÓN, LIBARDO BOTERO CAMPUZANO, MARIO HERNÁNDEZ MIRANDA, STELLA RÍOS, ALBERTO RENDÓN, JUAN FERNANDO JARAMILLO GALVIS, ALFONSO MONSALVE SOLÓRZANO,  CRISTINA  DE TORO, HERNÁN MIRA FERNÁNDEZ,  ALVARO LÓPEZ, ARIEL PEÑA,  UTRACOL (Unión de Trabajadores Colombianos del Espectáculo y la Comunicación), LIGIA MARTÍNEZ MALUENDAS, ÁLVARO JIMENEZ GUZMÁN,  JAIME FRANCISCO DANGOND DANGOND, CARLOS ALBERTO GÓMEZ FAJARDO, GONZALO MEJÍA, BENJAMÍN DE LOS RÍOS OSORIO, MAURICIO VELÁSQUEZ FERNÁNDEZ, JORGE MEJÍA MARTÍNEZ, MARILUZ URIBE, DANNY GARCÍA CALLEJAS.

     

    (El profesor Tirado Mejía nos hizo llegar el siguiente texto: Me solidarizo  con el colega  Darío Acevedo y autorizo la siguiente DECLARACIÓN.
    Con motivo de las amenazas dirigidas contra el académico y columnista de El Espectador,  Darío Acevedo, por parte de los voceros de un grupo armado ilegal, manifiesto mi rechazo a dichos métodos, mi solidaridad con el escritor amenazado, y el repudio a conductas violenta que coarten  la libertad de prensa  y derechos humanos fundamentales como es  la libertad  de expresión. Alvaro Tirado Mejía
    . Ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos),

  • DE RECESO

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    Justo ahora que el Estado colombiano, según avistamos, va a sufrir la peor humillación desde la dolorosa separación de Panamá. Cuando se prepara, con total cinismo un golpe de estado por medio del establecimiento de un poder paralelo, o dual, como diría Gramsci o Lenin.

    Porque, ¿de qué otra forma llamar a este esperpento que el presidente Santos, en desafortunada declaración confirmó estar negociando para avalar los “acuerdos de La Habana”? El tal “congresito”, al que le cambian el nombre por “Comisión Legislativa”, el mismo perro con distinta guasca, no es otra cosa que un golpe a nuestra democracia y a la constitución que la sustenta.

    En su composición: al incorporar a individuos “sub-judice” y condenados por delitos atroces y a personas no elegidas por el constituyente primario. En sus funciones porque queda habilitada: para renunciar a los tratados internacionales que en materia de Justicia ha firmado Colombia y que según la retórica de “expertos” nacionales y extranjeros, como el delegado de la ONU, el exfiscal de la CPI y el presidente de la Corte Suprema, no pueden ser un obstáculo a la paz, para que las guerrillas se autoexculpen. Para inventar cárceles sin barrotes, penas sin cárcel, resarcimiento de víctimas sin reparación material, zonas vedadas a la Fuerza Pública, violar la Constitución Nacional…

    El presidente Santos ofende la inteligencia de la mayoría de colombianos creyendo que cambiándole de nombre a sus regalos, pasarán inadvertidos. Por más que diga y repita que no habrá paz sin impunidad, sí la habrá, pues, penas sin prisión no dejan de ser una burla al sentido común.

    Justo ahora que el gobierno que ha debilitado el mando de las Fuerzas Armadas, que ofrece dádivas a cambio de muy poco, que disculpa a-priori a quienes derriban aeronaves de la FAC y masacran soldados.  Justo ahora, que firmará una “tregua larga” (¿10 años como planteó el filósofo de la negociación Sergio Jaramillo, 20, o hasta que se cumplan todas las exigencias de los nuevos representantes del pueblo?) y condena como “enemigo de la paz” a más de medio país.

    Justo ahora, por razones insuperables e incapacidad para enfrentar amenazas y “matoneo” de un portal innombrable y de un sujeto especializado en hacer de la injuria su herramienta argumental, me veo obligado a hacer un receso. (véase: http://anncol.eu/index.php/editorial/item/1475-como-desescalar-al-anticomunista-dario-acevedo-carmona-ii.

    Haber leído, entre otras, la novela del destacado escritor cubano, Leonardo Padura, El hombre que amaba a los perros, me ha dejado buenas enseñanzas sobre hasta dónde pueden llegar en maldad en nombre de la “causa suprema” los militantes comunistas. Los amantes de la buena literatura y muy especialmente los intelectuales y académicos, deberían leer el apasionante relato sobre el operativo  montado por la agencia de seguridad soviética NKVD, con supervisión personal de Stalin, para deshacerse de Trosky, su principal enemigo, acusado de traición a la revolución y de los desastres de la economía soviética.

    El relato es denso, requiere de la concentración extrema del lector para enlazar cuatro historias, la del asesino, Ramón Mercader, la del dictador Stalin con su paranoia y sueños de grandeza, la del perseguido sobre el que no deja de apuntar sus grandes calidades intelectuales, al igual que sus despiadadas órdenes de guerra de exterminio al Ejército Rojo del que fue fundador-jefe, y la del propio Padura que, en primera persona, narra sus encuentros con el asesino en playas cubanas,

    Sin apartarse del tema, Padura desliza, en elegante prosa, su desencanto con la revolución cubana por el maltrato a las libertades y la democracia justificado como necesario en el malogrado intento de creación de la “nueva sociedad y el nuevo hombre”.

    La novela lleva a profundas reflexiones sobre los crímenes y desastres del proyecto totalitario. A mí me ratificó lo que ya sabía a lo largo de un proceso paulatino de renuncia. Más que las disquisiciones entre teóricos marxistas, muchos de los cuales trataron y tratan de salvar “lo bueno” o “lo positivo” de la doctrina y que se avergüenzan de abjurar por temor a que los tilden de reaccionarios, la literatura del desencanto con tal sistema, escrita impecable y vivencialmente, me ha servido para comprender que las utopías religiosas trasladadas a la política, son caldo de cultivo del dogmatismo y derivan, indefectiblemente, en tragedias como las provocadas por el nazismo, el fascismo y el comunismo, apoyados en ideas de superioridad de una raza, una nación o una clase.

    En la misma dirección tenemos la novela, El libro de un hombre solo, del escritor chino Gao Xing Jian sobre la orgía anticultural de la Revolución Cultural de Mao, la de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, escrita en el contexto de la invasión soviética y tropas del Pacto de Varsovia a la república Checa para ahogar la primavera socialista, los relatos de Sandor Márai sobre la ocupación rusa de Hungría. Y, por supuesto la obra de Mario Vargas Llosa y la de Octavio Paz, que descubrieron tempranamente la deriva dictatorial procomunista de la revolución cubana.

    Carezco de la importancia y de la influencia que me adjudican gratuitamente ese portal, ese columnista y muchas personas del mundo académico e intelectual. Pero, no tengo duda de que gracias a ellos, hago parte del “registro” de quienes hablan de reconciliación mientras van matoniando a quien no piensa igual.  No estoy para proezas inútiles, por eso no acepto el debate en términos tan desiguales. Ellos tienen detrás un aparato armado y lobos bien camuflados, capaces de cazar patos y liebres.

    A mis lectores, a mis críticos leales, muchas gracias por dedicar unos minutos a leer mis opiniones. Al diario El Espectador y a su director, don Fidel Cano, mis agradecimientos por brindarme este espacio y mi apoyo a su defensa de la libertad de expresión.

    Justo ahora, me daré un receso.

    Darío Acevedo Carmona, agosto 17 de 2015