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TRUMP

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Ante el inesperado triunfo del candidato vapuleado por los Medios, la opinión internacional oscila entre el asombro, el rechazo y la prudente espera. La reacción del presidente Obama y de Hillary Clinton da cuenta de la madurez democrática de la política estadounidense.

Una reflexión inicial obligatoria debe girar en torno al papel de los medios masivos que se volcaron a favor de la candidata demócrata. La revista Newseek, por ejemplo, editó miles de ejemplares cantando la victoria de Clinton con una foto de ella autografiada. Lo del Brexit en Inglaterra, el plebiscito en Colombia y la elección presidencial en USA, debería ser suficiente material para un análisis profundo sobre el rumbo editorial  de la prensa,  la distorsión agresiva de la ética periodística y el pisoteo a la función orientadora e informativa que debe cumplir.

Las inquietudes y preguntas sobre lo que puede suceder en la política interna y en la internacional, con nuestro continente y con Colombia son numerosas y de gran envergadura. Expresiones hirientes y ligeras del empresario contra inmigrantes y organismos como la ONU y la OTAN son fuente de temores y rechazos.

Los mandatarios de Europa y miembros de la OTAN, por ejemplo, se pusieron nerviosos convocando una reunión tipo crisis en vez de felicitar al triunfador. China y Rusia, en cambio, enviaron congratulaciones que ayudaron a tranquilizar mercados y relaciones diplomáticas delicadas. Pero también desconcierta la reacción de sectores de opinión radical que se han lanzado a las calles desatendiendo el mensaje conciliador y el llamado a la unidad de la Nación de los jefes Demócratas.

La situación que se viene es bien compleja y eso obliga a no ser ligeros en los análisis sobre el significado y perspectivas de esta elección. Recomendable hacer lecturas más cuidadosas sobre lo que representa el hecho político en tanto cuestión central de la existencia humana, por un lado, y por el otro, sobre las dinámicas, advertidas por lúcidos antropólogos, filósofos y semiólogos  en el sentido de que la lucha política toca no solo con la exposición racional de programas e ideas sino también con las pasiones, las expectativas, las emociones y los sentimientos. La política es asimilable a un teatro y los políticos, de alguna forma, son actores. Trump hizo su campaña como si estuviera haciendo una campaña de marketing. Eso no justifica, en modo alguno, pasar por alto las barbaridades que dijo en campaña.

El alarmismo con las tensiones e insultos, la polarización, las acusaciones destempladas, frases hirientes, y demás conductas biliares, prolijas en todas las campañas, no es buen consejero para comprender la política. No es criterio suficiente para invalidar al ganador puesto que los contendientes apelaron a las mismas armas. El hecho democrático soporta esas bajezas aunque no sean deseables y vayan en detrimento de la caballerosidad.

El uso de estrategias publicitarias que apelan al miedo, a la desconfianza y a sus antónimos, es usual en toda competencia política. No obstante esta realidad aplastante, hay quienes, posando de puritanos, se alarman y condenan al vencedor por haber apelado a tales métodos como si los derrotados, en los tres casos mencionados, no hubieran hecho gala de superioridad moral y artilugios denigrantes para estigmatizar a los que resultaron triunfadores.

Recomendable pues, la espera razonable solicitada por Clinton, en el entendido de que una cosa es la retórica y otra la acción, una cosa la promesa y otra el cumplimiento, una cosa es ser candidato y otra gobernante.

En todo caso, el mundo está a la espera de cambios importantes en el modelo económico y en el terreno diplomático, ya que Trump está convencido del desgaste del Modelo apaciguador de la política exterior de Obama y de la ineficacia de sus propuestas de políticas públicas en las esferas del bienestar, la salud y control de la inmigración.

En lo que respecta a Colombia, debemos tener en cuenta que aunque las relaciones entre los dos países han gozado de respaldo bipartidista, no ocurre igual con el proceso de paz. Los republicanos son más estrictos y exigentes sobre aplicación de justicia, extradición y lucha contra el narcotráfico, aspectos cruciales en las negociaciones con las guerrillas.

Un factor que da tranquilidad es tener presente que  la democracia americana no funciona como los regímenes populistas del socialismo bolivariano que se oponen al relevo del poder, usan métodos dictatoriales y desconocen las libertades. Sobre eso la opinión “progre” y de izquierda nada ha dicho y han callado ante el deprimente espectáculo del régimen de Ortega en Nicaragua.

Coda: El presidente Santos anunció un nuevo Acuerdo sin haberlo presentado a consideración previa de los dirigentes del NO, por eso hay que esperar el juicioso análisis de estos.  Es evidente que el afán personal de Santos para recibir el Nobel de paz con un nuevo acuerdo viola el más elemental principio de cordura. Las FARC ya salieron a quejarse de distorsión por parte del Presidente, que tercamente, insiste en su fatal costumbre de presentar la paz como un hecho cumplido.

Darío Acevedo Carmona, 14 de noviembre de 2016

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