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LUZ DE LA CALLE OSCURIDAD DE LA CASA

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Los hechos de la semana pasada nos vienen a confirmar lo que hace ya buen rato venimos observando en el sentido de que una cosa percibimos la inmensa mayoría de colombianos y muy distinta la que tienen ciertas agencias internacionales y gobiernos de otros países.

La última encuesta de la firma Gallup (elespectador.com 3/05/2017) confirma que el país va mal, su gobierno también y el presidente Santos peor. La caída de la percepción ciudadana sobre Juan Manuel Santos y sus ministros, políticas públicas, economía, seguridad, empleo, educación así como sobre personajes de la vida nacional, instituciones y otros asuntos no solo se mantiene en rojo sino que nos da a entender que es una tendencia irreversible.

El recorrido de las líneas rojas que señalan la percepción negativa y las azules que dan cuenta de la positiva desde el gobierno de Andrés Pastrana, muestran un mapa bien claro: durante los dos mandatos de Alvaro Uribe Vélez siempre o casi siempre y en todo o en casi todos los temas, la línea azul está por encima de la roja. En cambio, durante los mandatos de Santos, en particular y contundentemente en los tres años del último, la línea roja prima sobre la azul.

Sin embargo, la noticia de la invitación del presidente Trump al presidente Santos para el 18 de mayo vino a paliar las deplorables sensaciones de fracaso. Así mismo, se anunció que estamos a unos pasos de ser admitidos en la OCDE a pesar de que en sus altas exigencias en indicadores como educación, lucha contra la corrupción, aplicación de normatividad laboral y ortodoxia en las finanzas, Santos se raja.

Para acabar de dorar la píldora y subir las energías positivas, una misión del Consejo de Seguridad de la ONU visitó el país para pasar revista a la implementación de los Acuerdos de Paz. Visitaron una zona de concentración en el Meta, hablaron con los jefes guerrilleros con el presidente, con ministros y con uno que otro lagarto oenegero y de perfil académico.

De un día para otro no podían ver el desastre (según las cifras de Gallup) que los colombianos hemos llegado a ver después de años de paciente espera. No se enteraron o no le dieron importancia al hecho de que las Farc a punto del vencimiento del periodo de seis meses para su desarme total, hayan entregado apenas mil fusiles, que no haya un solo registro constatable de esa “dejación”, que alias Timochenko haya confesado tener 900 caletas como la que fue descubierta en días pasados por el Ejército en el Putumayo y que nos salgan con la propuesta de prolongar la misión de la ONU.

Tampoco parecen haberse enterado que el ELN sigue matando soldados y policías en atentados aleves y sobreseguro, que sigue volando oleoductos, ocupando los territorios dejados por las Farc, que quedaron en funciones guerreras y de narcotráfico varios frentes en supuesta “disidencia”, que uno de estos tiene secuestrado a un funcionario de la misión de la ONU, que no existe una política de erradicación de las 180 mil hectáreas de coca.

Tampoco se percataron que el Acuerdo de Paz se pasó por la faja el estatuto de la Corte Penal Internacional, que dicho Acuerdo desconoció la voluntad popular expresada en un plebiscito en el que el Gobierno tuvo una aplastante ventaja sobre la campaña del NO. Que nuestra Constitución está siendo violada sistemáticamente, que el Congreso de la República renunció a su función legislativa, que  a ese órgano se sumarán 10 jefes de las FARC con prontuario terrorista y narcotraficante responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra.

Esa Misión vio lo mismo que el gobierno noruego y personajes de la vida internacional a los que les suena muy bonito la palabra paz, pero que no saben, ni tienen tiempo para llegar a saberlo o no les interesa “inmiscuirse”, todo lo que hemos perdido como país y como sociedad.

Y entonces, en esas burbujas fugaces de gloria gracias a las cuales sobrevive y por las que se empecina en sus yerros, Santos, cual peleador callejero, sale a proclamar en tono revanchista que “La oposición quedó viendo un chispero”, recordándonos que él es, como decían los abuelos de los malos hijos, “luz de la calle y oscuridad de la casa”.

Por cierto, no hay ninguna novedad en la figura del “chispero”, solo cabe aclararle que es lo que la inmensa mayoría de los colombianos, entre un 65 y un 80 por ciento, no solo la oposición, está viendo hace rato pues gracias a sus erráticas políticas revirtió la tendencia positiva de las políticas adelantadas por gobiernos anteriores.

CODA: El ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, al declarar que tierras improductivas podrían ser objeto de expropiación dejó al desnudo una mentira más de Santos quien había dicho que se respetaría la propiedad privada en los acuerdos de paz.

Darío Acevedo Carmona, 8 de mayo de 2017

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