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Las Farc aunque se vistan de seda…

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Tras el discurso de la reconciliación entre los colombianos contenido en el Acuerdo entre el Gobierno y las Farc se esconde más de un engaño, un adefesio y un peligro.

El engaño radica en que esta guerrilla tuvo más de cuatro años para organizar un cambio sustancial de su táctica sin renunciar a su objetivo estratégico de implantar en el país el comunismo. Esto significa, no una eliminación de la consigna leninista de la combinación de todas las formas de lucha sino una reingeniería de las prioridades y los énfasis ante el evidente deterioro de su capacidad militar. En adelante darán prelación a la lucha electoral, a la lucha de masas y a la organización de su partido político.

Quedan frentes rebeldes en zonas de cultivo de coca que continúan secuestrando y extorsionando a los pequeños, medianos y grandes empresarios del agro. Con la venia de los sociólogos del conflicto y del frente civil o quinta columna que ni reconoce su militancia en el PCCC o en la guerrilla, que explican el asunto como algo propio de todos los procesos de desmovilización.

Dejan un arsenal de cientos de caletas difíciles de ubicar y una dejación de armas individuales a escondidas y sin testigos, con el apoyo de algunos teóricos de la “guerra” que sostienen que “las armas es lo de menos”.

Es un engaño monumental pregonar a diestra y siniestra que para reafirmar la paz debemos dar pasos en la reconciliación entre todos los colombianos dando a entender que el país estaba dividido polarmente entre colombianos pro guerrillas y colombianos contra ellas. Es claro que dicha tesis y campaña tiene la pretensión de igualar el Estado legítimo de la nación y de la población con unas guerrillas desalmadas y degeneradas. Para ello contaron con el regalo del gobierno Santos y de los negociadores Jaramillo y de la Calle que de entrada y sin forcejeo les otorgaron a las Farc la calidad de contraparte y reconocieron, para poder entregar todo lo que entregaron, el relato de haber sufrido en una guerra civil cruenta y justiciera por más de cincuenta años.

Es un adefesio que, de buenas a primeras, en un alarde de relativismo moral y de actitud impune se les esté dando a los comandantes guerrilleros responsables de crímenes horrendos y de sufrimientos indecibles un protagonismo y un trato como el que se otorga a los héroes por sus proezas. Desfilan, visitan colegios, universidades, van al Congreso, ofrecen entrevistas para periódicos nacionales y extranjeros, emisoras, noticieros de televisión. Abundan crónicas ejemplares, de tal forma que a una política de reinserción se le agrega indebidamente una generosa mano de pintura radiante que tiene por efecto que las personas olviden y que recordar y exigir justicia y compensación para las víctimas es agresión y venganza.

Es el triste resultado de lo que hemos llamado en otras columnas la capitulación del Estado

Es un adefesio grotesco que la guerrilla que toda su vida exaltó la lucha armada, la violencia revolucionaria y el culto al fusil (el poder nace del fusil decía Mao), en un parpadeo aparezca como depositaria y dueña de la paz, de la concordia. Malabares y torceduras que pocos se las creen a pesar de la ayuda de algunos acuciosos oenegeros que años atrás justificaban la lucha armada revolucionaria.

Y es un adefesio que hayan asumido para el “nuevo” nombre de su partido las iniciales por las que se les conoce insinuando que la guerrillerada como tal no se disuelve ni rompe filas, que se conserva el orden y la jerarquía militar y que no se arrepienten de sus atrocidades. Tal vez y sin querer se les va devolver como un bumerang porque les recordará a los colombianos todas las tragedias y el dolor causado a la sociedad.

Y son un peligro porque, paso a paso, con la paciencia del pescador, van ocupando espacios de poder y se dan el lujo de reiterar ideas y consignas inadmisibles en una democracia. En efecto, en las tesis y principios las Farc reafirman su adhesión al marxismo-leninismo, una teoría política que preconiza el odio entre las clases, que es enemigo de la propiedad privada, que reniega de la democracia “burguesa”, que se propone la eliminación del capitalismo y que plantea que la clase obrera como vanguardia de la sociedad a través de su partido (en este caso las Farc-ep) deben derrocar por la fuerza y con la violencia revolucionaria a las clases dominantes e instaurar la dictadura del proletariado, el unipartidismo y otras perlas a las que, infortunadamente, la opinión no les presta suficiente importancia.

Coda: Al momento de escribir estas notas Venezuela se debate, como me decía un amigo y contertulio, entre la alborada y el apocalipsis. Deseamos que sea lo primero.

Darío Acevedo Carmona, 31 de julio de 2017

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