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El Centro Democrático y su candidato Iván Duque

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El partido Centro Democrático resolvió la puja interna por la candidatura presidencial a través de un proceso novedoso en el que se utilizaron mecanismos que ameritan una breve reflexión.

Cinco líderes, tres hombres y dos mujeres, formalizaron su aspiración de ser el portador del banderín partidario para las elecciones del 2018. En lo que respecta a la parte programática, ellos debían, tomando por base las ideas que dieron origen a la organización: estado austero, confianza inversionista, seguridad democrática, equidad social, etc., y enriquecerlas con propuestas y proyectos.

La dirigencia y los candidatos hicieron giras por distintas regiones realizando los talleres democráticos ante la presencia de líderes locales que escuchaban e interactuaban con los precandidatos, una auténtica demostración de espíritu democrático y de seriedad política.

Sin demeritar las concentraciones de plaza pública y la actividad agitacional que se dará en una nueva fase de la campaña presidencial, es destacable el esfuerzo por vincular a las bases del partido y a los pobladores en eventos en los que la pretensión no consistía en un simple coreo de consignas y exhibición de banderas a través de rifas, repartición de dinero, licor y promesas sino en un ejercicio en el que no hubo lugar al promeserismo ni a la demagogia populista.

Los cinco aspirantes tenían la obligación de escoger el método de selección del candidato. El que se usó, si bien no dejó satisfecho a ellos mismos y a toda la militancia, fue el resultado de una ardua discusión. Al final, todos acogieron el resultado que dio por ganador al senador Iván Duque. Otros dos muy reconocidos aspirantes, Luis Alfredo Ramos y Óscar Iván Zuluaga vieron frustrada su aspiración por razones ajenas al partido. Sin embargo, ambos se acogieron al resultado y se comprometieron a trabajar por el triunfo.

El paso siguiente es el comienzo de una disputa entre los candidatos de las fuerzas que hacen parte del pacto suscrito entre los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana para corregir el rumbo del país. Será, tal como ya se ve, un proceso con mucha altura en el que cada uno de los pretendientes habrá de plantear el programa de gobierno y las medidas más urgentes para salir del hueco en el que Santos deja el país.

Aunque la disputa en el seno de la alianza se da hasta el momento entre la conservadora independiente Marta Lucía Ramírez e Iván Duque, no sería raro que a ella se sume el exprocurador Alejandro Ordoñez quien adelanta desde hace unos meses una intensa actividad proselitista.

Entre todos los temas de campaña sobresalen, por su indudable impacto, el de la corrupción que dejará ver fórmulas trilladas y obvias para combatirla como sugerencias de medidas de castigo mucho más ejemplarizantes.

Otro asunto es el relativo al acuerdo de paz Santos-Farc en el que se podrán apreciar las profundas diferencias entre los candidatos de todas las fuerzas políticas. La alianza Uribe-Pastrana tiene por base la idea de rehacer buena parte de los compromisos firmados por Juan Manuel Santos. Como el fundamento ya está dado, los candidatos de esa alianza tendrán que decirles a los colombianos cuáles serían, en concreto, las reformulaciones al acuerdo de paz, cómo procederían, si citarían un referendo o convocarían el que se está gestando para hundir los temas más ignominiosos de ese acuerdo, o si estarían dispuestos a convocar una asamblea constituyente. Por ahora, no hay un solo candidato que convoque a hacer trizas el acuerdo de paz.

Como quiera que ese acuerdo y su implementación contemplan temas muy sensibles de la agenda nacional, habrá que ver qué es lo que piensan los precandidatos de la alianza sobre propiedad de la tierra, modelo de desarrollo agrario, el narcotráfico y los compromisos asumidos por el país desde años atrás, la familia, la deuda externa, las relaciones internacionales, la defensa de las fronteras, la educación, la salud, la seguridad ciudadana, la inversión en ciencia y tecnología, la reforma de la Justicia entre otros.

El Centro Democrático ha llegado a este punto superando dificultades y limitaciones, algunas de ellas propias de una organización joven, otras relativas a su funcionamiento interno y precisiones programáticas. La rivalidad entre los líderes puso a prueba la unidad.

Las voces discordantes y críticas han tenido espacio para su libre discurrir, aunque no han faltado disonancias salidas de tono, poco amigables, que ponen las cosas en el terreno amigo-enemigo que siembra un aire de desconfianza hacia Iván Duque con argumentos traídos de los cabellos de un claro sabor complotista y paranoico.

Si lo que quieren algunos voceros de ese malestar es que el CD opte por una posición de derecha “pura”, lo primero que deben entender es que eso va en contravía de la filosofía centrista adoptada desde su creación.

Anuncio: esta columna no será publicada los días 25 de diciembre y 1 de enero entrantes, debido a las festividades navideñas y porque este diario no circulará en esos días. Deseo a todas las familias colombianas, a mis seguidores y lectores muchas felicidades y éxitos en el nuevo año.

Darío Acevedo Carmona, 18 de diciembre de 2017

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