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¿Hay bondad en la maldad?

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Se me ocurre la pregunta porque por estos días de fracaso de los proyectos sobrevivientes al hundimiento del comunismo, se escuchan voces de quiénes habiendo sido sus defensores de oficio, hoy, ante el hundimiento de Venezuela a manos de Maduro, salen a liberar de culpas al progenitor del energúmeno e incapaz.

Por fortuna hay suficientes evidencias de los desastres económicos de Chávez, como cuando mandaba a expropiar edificios, empresas y tierras que luego, en manos del estado socialista se convirtieron en elefantes blancos y manjar para los corruptos.

Con igual lógica se mantuvieron por muchos años y aún en la actualidad muchísimos intelectuales ante el descubrimiento de los asesinatos en masa, la creación de campos de concentración o reeducación en la Rusia de Stalin y la China de Mao, tratando de salvar de toda responsabilidad a Lenin y a Trosky.

Con el paso de los años ya ni estos dos se salvan de la debacle de la supuesta pureza de la doctrina comunista, pues recientes investigaciones revelan toda la maldad, crueldad y despotismo con el que ellos adelantaron el golpe de estado contra la naciente república de Rusia, instaurando un régimen totalitario y persiguiendo con saña no solo a los partidarios del zarismo, a liberales, republicanos y demócratas, con quienes se habían aliado en principio, sino también a todas las tendencias de izquierda que no les fueran afines y no les juraran lealtad y sumisión.

La desilusión, dicen, es con quienes se salieron de la línea, porque según su sabio entender, una cosa es Marx y Engels y muy otra los que los han interpretado, de modo que no se debe echar a perder el “verdadero” legado de Marx y debe defenderse la vigencia del espíritu bondadoso que subyace en los textos originales de los padres fundadores.

En nuestro entorno latinoamericano ese tipo de posiciones se escuchan sobre la revolución cubana, Fidel, el Ché Guevara, y en menor medida sobre Chávez, Lula, Evo. De la revolución cubana se prenden, como aferrándose a un clavo caliente, de los supuestos avances en educación y salud, haciendo de esos “logros” cortinas que tapan los crímenes de estado, el control policíaco de la vida de los ciudadanos, la conculcación de las libertades, la eliminación de la democracia, la supresión de la prensa libre y el unipartidismo.

En hacer esas salvedades incurren hasta mandatarios y líderes demócratas del mundo libre, seducidos por las personalidades arrasadoras de los caudillos comunistas y hasta les han extendido su mano benefactora para sacarlos de penurias cuando sus recursos languidecen.

En lenguaje claro, se trata de un ejercicio de purificación del mal consistente en liberar de culpa y responsabilidad de los desastres a los creadores de la doctrina y aún, en muchas ocasiones, a los líderes de las experiencias más relucientes, como si el mal no estuviese en la raíz o en la semilla.

El diario El Tiempo publicó una interesantísima entrevista al intelectual y escritor francés, Thierry Wolton (15/02/2018) sobre una obra de su autoría en tres tomos en la que sustenta y documenta la hipótesis de que el comunismo fue una gran impostura desde su origen hasta sus seguidores y en las experiencias y ensayos que se hicieron en diversos países con resultados miserables en materia económica y muy crueles y sanguinarios en materia de derechos humanos y libertades. 

Según Bolton, la maldad del comunismo reside en su origen, “su maldad viene de la ideología misma, tal como la concibió Marx. Según él, la lucha de clases es el motor de la historia, lo cual quiere decir que si usted quiere avanzar en la historia, construir la sociedad comunista prometida, usted debe practicar sin cesar la lucha de clases.”

Marx y Engels y todos sus intérpretes, desde Lenin hasta los jefes de las Frac, pasando por Stalin, Mao y muchos otros, justificaron su violencia llamándola revolucionaria y sus crímenes en la idea del atizamiento de la lucha de clases y de dar la vida por el líder y por el partido.

Lo mismo puede decirse de las ideas relativas a la dictadura del proletariado, el partido único, la verdad oficial, la reeducación de los disidentes en campos de concentración, etc. enmascaradas por el supuesto altruismo subyacente en el objetivo supremo y final de la igualdad entre los hombres o sociedad de las hormigas.

Es de esperar que la obra de Wolton contribuya a ese debate, aún sin saldar, sobre si es posible hallar bondad en la maldad, que es lo que piensa un gran contingente de defensores de la revolución cubana y de Fidel y personas a las que les parece suficiente que las muertes por razón del “conflicto armado colombiano” se hayan reducido aunque no se aplique justicia a responsables de crímenes atroces.

Es como si se nos dijera que lo bueno de lo malo es que lo malo haya dejado de ser y de causar daño, una aberrante tergiversación del sentido de justicia.

Coda: Al convertir al acusador, Álvaro Uribe Vélez, en acusado, por Iván Cepeda, la Corte Suprema confirma que los DD HH le sirvieron de manto a Cepeda en su persecución contra el expresidente.

Darío Acevedo Carmona, 19 de febrero de 2018

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