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Del miedo que todos sentimos

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El miedo, como he sostenido en columnas anteriores, es un factor que junto con otros sentimientos e ideas es crucial en las lides políticas y afecta a todos los movimientos y tendencias del espectro político, campea hoy en las toldas de todos los que ven en Iván Duque un peligro o una amenaza.

De esta manera se cae de su propio peso lo que ellos les critican a quienes, mirando los alcances del proyecto castrista, la expansión real e inducida del modelo chavista, la presencia de líderes de la izquierda colombiana en todas sus variantes que simpatizan abiertamente con Hugo Chávez y guardan silencio ante las atrocidades del dictador Maduro, el desastre económico del socialismo del siglo xxi y las directrices del Foro de Sao Paulo, se atreven a advertir el peligro de que Colombia se deje seducir por ese engendro.

Ellos, los de la “Revancha del Sí”, los que echan en su morral todos los votos de sus listas al congreso como si fueran un respaldo al Sí derrotado en el plebiscito del 2016, los que llaman guerreristas a quienes plantean modificaciones institucionales profundas al Acuerdo Santos-Farc, los que nos quieren asustar con una “guerra urbana” más brutal que todas las anteriores, los que buscan afanosamente conjurar sus egos para unirse contra Álvaro Uribe y el uribismo, todos ellos, apelan al miedo ante el avance categórico de la fórmula presidencial Iván Duque-Martha Lucía Ramírez.

Ese miedo a la derecha o a la extrema derecha, a los “enemigos de la paz”, pregonado por excelsos representantes de las elites fracasadas como el columnista Rudolf Hommes, los expresidentes Gaviria y Samper, para no hablar de los paranoicos eternos de las izquierdas colombianas, es considerado justo, apropiado y razonable.

Es por eso que en esta campaña por la presidencia, en ellos, en Petro, en De la Calle, en el Polo, en las Farc, en los enmermelados del partido santista tipo Roy Barreras, expertos en campañas negras, en insultar con altura, en difundir mentiras y rumores, en revivir viejos entuertos contra Uribe y el Centro Democrático, vemos, no una lluvia sino un auténtico diluvio de improperios y maledicencias.

En la bandera que las huestes temerosas del avance de un Duque que ya alcanza entre un 40 y un 46 por ciento de intención de voto han inscrito su consigna central: mostrar a Iván Duque Márquez como un títere de Álvaro Uribe. Es el miedo sazonado con una buena dosis de insidia y a bajezas como la de Petro en el debate en la Universidad de Columbia en New York al acusar al padre de Duque, gobernador de Antioquia, de ser cómplice de las torturas que le habrían propinado agentes de seguridad.

No se si la campaña de Duque haya analizado todo lo que se le viene encima y, por tanto, si han elaborado su hoja de ruta para no dejarse provocar ni enredar por las descargas lanzadas desde las líneas de fuego de las campañas de Petro, Fajardo, el PD, las Farc, Santos, y los directores de algunos medios, que intentarán colocar al joven y promisorio candidato de la centro-derecha a la defensiva e irritarlo para sacarlo de casillas. Y es ahí, en ese punto, en el que la campaña de Duque y el propio Duque tendrán que estar muy atentos.

Querrán arrinconarlo por su cercanía con el expresidente Uribe con preguntas torticeras que solo pretenden llevarlo a que emita declaraciones que quebranten la confianza de los uribistas.

Con su convincente y tranquila retórica, con la seguridad demostrada en la defensa y sustentación de sus propuestas de gobierno, Duque no debe tener problemas en salir bien librado de los guijarros que le lancen en los foros y entrevistas.

Caer en la trampa de tomar distancia de Uribe, de su partido y del uribismo, sería un desacierto con fatales consecuencias. Recuerdo como en la campaña de 2010, cuando aún no advertíamos la traición de Juan Manuel Santos, que él inició una campaña en la que borró sus lazos con el uribismo. En pocas semanas se encontraba por debajo de su oponente Antanas Mockus. Solo al volver a agitar la figura y la presencia de Uribe y la defensa de su obra de gobierno pudo recuperar el terreno perdido y ganar la elección.

En síntesis, pienso que el miedo en las huestes opuestas a Duque les está causando estragos monumentales y un efecto bumerang que lo está catapultando hacia el triunfo en primera vuelta, meta que podrá alcanzar si sabe eludir la cizaña que le van a arrojar en estos dos meses venideros.

Coda: De la campaña Duque-Ramírez se espera que tomen todas las medidas de seguridad y vigilancia para evitar las trampas y triquiñuelas que pueda intentar el presidente Santos.

Darío Acevedo Carmona, 26 de marzo de 2018

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