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Les puede el odio, no la razón

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El próximo domingo 17 de junio tendrá lugar la votación definitiva para elegir el nuevo presidente de Colombia. Por opinión y convicción, hablando en positivo, sin reatos morales, sin salvamento de votos ni lavadas de manos, votaré como millones de colombianos por Iván Duque Márquez.

Entre quienes van a votar por Petro, el nuevo Moisés, quien de la noche a la mañana se cambió de traje y que, siendo un ateo utiliza ese icono religioso por mero oportunismo, habrá quienes lo voten porque creen en él, sea lo que él sea, socialista o capitalista, dictador o demócrata, ángel o demonio, castrochavista o libertario.

En cambio, un selecto sector de la intelectualidad de izquierda y progre ha revelado en días anteriores el drama existencial que les produce tener que votar por Petro, en negativo, con dudas profundas, en contra de lo que han dicho de él, con el fin de evitar el triunfo del que consideran, contra toda evidencia fáctica, una marioneta de Uribe, la extrema derecha y el peligro de la guerra.

Antonio Caballero, por ejemplo, en la más lograda caracterización del caudillo, dijo cosas que espantarían al mismo demonio: “Lo malo del candidato presidencial Gustavo Petro no es su programa, que es probablemente el más atractivo… es un programa para cuarenta años de gobierno… Petro es… un político megalómano… Lo malo de Petro no es su teoría: sino su práctica. La que le conocimos en sus años de alcalde de Bogotá, de ineptitud y de rencor, de caprichos despóticos y de autosatisfacción desmesurada. Su arrogancia, su prepotencia. Su personalidad paranoica de caudillo providencial, mesiánico, señalado por el Destino para salvar no solo al pueblo de Colombia de sus corruptas clases dominantes sino al planeta Tierra… sé de su incapacidad para tener o conservar amigos: lo han denunciado como tramposo y desleal sus compañeros del M-19 (Antonio Navarro, Daniel García Peña), y los del Polo Democrático (Carlos Gaviria, Jorge Robledo, Clara López), que se sintieron todos engañados por él en su voraz ambición personalista… no (es) una buena persona, sincera y franca. Más bien lo veo como una mala persona… No le creo ni ‘el amor’ de que tanto habla. Ni ‘el saber’ que pretende transmitir. Ni ‘la humanidad’ que campea en los nombres de sus campañas. Todo eso me parece ficticio e impostado… tiene un temperamento autoritario, inocultablemente de derechas, inspirado en el ‘cesarismo democrático’… que copiaron luego Hugo Chávez y Nicolás Maduro… Petro gusta de equipararse con los mártires… Sucre, Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán… Pero se parece más a su tocayo el general Gustavo Rojas Pinilla, golpista dictador y jefe de la Anapo, de cuya pintoresca y demagógica ‘dialéctica de la yuca’ copia su propia ‘dialéctica del aguacate’. (Semana 19/05/2018)

Dos semanas fueron suficientes para dar marcha atrás sin hundir el clutch, votará por el que deshilachó en esas líneas: "Voy a votar contra Duque y contra Uribe, me parecen peligrosísimos. Como votar en blanco es votar a favor de Duque, votaré por Petro aunque no me guste". ¡recontrachanfle!

Salomón Kalmanovitz, afirmó (El Espectador 3/06/2018): “Yo le veo problemas serios de personalidad egocéntrica, autoritaria y voluntariosa a Petro”, sin embargo, le dará su voto, porque “…son más graves los de Uribe. Mientras Petro no ha tenido vínculos con la ilegalidad…”. Omite referirse a Duque y no sé si piensa que el M-19 era un coro celestial.

Y el pontífice del derecho constitucional flexibilizado a la izquierda, Rodrigo Uprimny (El Espectador 3/06/2018), explicó su voto por Petro apelando al trompo quiñador de siempre: “Y si Duque es presidente, no solo estaría en riesgo la paz, sino también el Estado(sic) de derecho y la democracia” y echándole anatemas al uribismo, razona: “Algunos de los temores frente a Petro son justificados; tiene un estilo caudillista…que alimenta la polarización, pero, no creo que Petro y el uribismo sean iguales”. Meter miedo vale si ellos lo hacen.

Un colega del anterior, Mauricio García Villegas, después de afirmar que Duque y su grupo representan lo peor del dogmatismo y la injusticia social, los dos grandes males del país, en gesto de confesión alumbra: “voy a depositar mi voto, trémulo y desganado, por Petro”, una acción de deposito titilante, temblorosa, paniaguada. Y para salvar la conciencia de culpa aclara el porqué de su indecisa decisión: “evitar de que aquella victoria (la de Duque) no sea demasiada amplia” (El Espectador, 09/05/2018). ¡Trás duditativo y tembloroso, derrotista!

Sobresale en esas voces la descalificación moral y la negación del Otro, es decir, de Duque, en contravía de lo que alegan cuando escriben sobre la importancia de la tolerancia y de reconocer al otro como rival y no como enemigo absoluto citando decenas de filósofos y llamando a la reconciliación.

Concluyo: el discurso de estos señores es beligerante, de odio, de exterminio. Esa intelectualidad de izquierda y progre confiesa, sin pena, que votará por un “paranoico, autoritario, megalómano, arrogante, caprichoso, prepotente, ficticio, impostado, mala persona”, porque le pesa más su odio irracional, profundo, obsesivo e irremediable contra Uribe (a pesar no ser él el candidato) el uribismo, Duque, aunque el país se vaya al abismo.

Coda: Si a Claudia López no le gusta de Petro “su estilo mesiánico, caudillista y un poco autoritario…que toda la vida ha apoyado a Chávez y respaldado a Maduro…Si la gente quiere más ojitos con Venezuela pues puede elegir a Petro” ¿cómo es que se alió con él?

Darío Acevedo Carmona, 11 de junio de 2018

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