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centro democràtico

  • El fin se acerca

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    El domingo 11 de marzo se realizará la primera gran jornada electoral de este año glorioso en el que los colombianos estaremos más cerca del fin de la desastrosa gestión de Juan Manuel Santos.

    En esta ocasión elegiremos las dos cámaras del congreso de la República, Senado y Cámara de Representantes, y, además, dos consultas para definir candidato presidencial.

    La elección para formar el congreso arrastra muchos problemas que podrían ser un factor desestimulante de participación o, por el contrario, una oportunidad para buscar la elección de nuevos dirigentes, alejados de las corruptas práctica clientelistas y reafirmar la presencia de aquellos parlamentarios que hicieron una labor destacada o acorde con las expectativas y que se hayan presentado a la reelección.

    En lo relativo a los factores negativos basta con mirar en las sucesivas encuestas de opinión de distintas firmas que el congreso es una de las instituciones más desprestigiadas, que generan mayor desconfianza y sentimientos de frustración en la ciudadanía. Paradójicamente, ello juega en favor de los gamonales que tienen un electorado cultivado con base en relaciones de tipo feudal como favores, puestos, rifas, ya que el desprestigio incrementa el ánimo abstencionista y de acuerdo con lo visto en oportunidades anteriores, a mayor abstención, mayor consolidación de la politiquería gamonalista.

    Desafortunadamente, en el sentido contrario, es decir, en el de que se produzca una gran participación para elegir a personas con conocimientos de los problemas nacionales y que se destaquen por su probidad, liderazgo natural y honradez, el resultado no siempre ha sido el mejor.

    Habrá que pensar, entonces, en esta esta segunda línea. Y una primera reflexión que se me ocurre es que debemos conversar con familiares, amigos y colegas o compañeros de trabajo acerca de la importancia capital de escoger el partido y los candidatos que se proyecten como apoyo al candidato presidencial que propone la bandera del cambio de rumbo del país, por cuanto en el espíritu republicano que nos rige, el presidente, en tanto figura cimera del poder ejecutivo representa una de las tres ramas del poder público, y por ello, la obra de un presidente depende en amplia medida del apoyo de una buena y mayoritaria bancada que comparta las líneas gruesas de su programa de gobierno.

    De nada vale que votemos, por ejemplo, por Iván Duque o Martha Lucía Ramírez o Alejandro Ordoñez, uno de los cuales será el candidato de la Gran Alianza por Colombia, si no entendemos que hay que votar por candidatos al congreso que se identifiquen con el programa acordado por dicha alianza. Para recomponer, ajustar o incluso “hacer trizas” el acuerdo definitivo de paz, quien sea electo presidente tendrá que buscar y optar por caminos y procedimientos legales, ajustados a la legalidad vigente, pues no se puede alegar el respeto a la constitución y a la ley cuando se está en la oposición y luego, cuando se es gobierno, proceder de la manera que se criticaba.

    Requerimos pues, un Senado y una Cámara conformadas por dirigentes nacionales y regionales que hayan dado muestras de conocimiento y de compromiso con las banderas del candidato a la presidencia.

    Desde mi perspectiva, lo correcto en esta crucial coyuntura es votar por el Centro Democrático y en la lista de 60 aspirantes marcar, preferentemente, el nombre de Álvaro Uribe Vélez, por todo lo que él representa en materia de recuperación del rumbo y de lucha por la seguridad, contra el terrorismo, etc., y para fortalecerlo ante los embates de sus enemigos que quieren llevarlo a prisión con sus refritos de siempre.

    Hay otros respetables aspirantes en la lista del CD, de tal forma que el elector puede, en vez de marcar el nombre de Uribe, escoger el de sus mayores cercanías y confianza. Este último criterio es el que se debe observar en la lista para la Cámara de Representantes que es de una conformación de tipo departamental. Se debe marcar casilla del CD y el integrante de la lista con el que se sienta identificado.

    Por otra parte, los electores tendremos la opción de solicitar uno de los dos tarjetones sobre consulta para presidente. En lo que a mi respecta, se debe escoger la que contiene los aspirantes de la Gran Consulta por Colombia: Duque, Ramírez y Ordoñez.

    Invito a marcar la casilla de Iván Duque en este tarjetón por los amplios y serios conocimientos que tiene de los problemas del país, por su firmeza en la defensa del programa y objetivos del Centro Democrático, por su lealtad para con el máximo líder y orientador del partido, Álvaro Uribe, por su juventud, por su carisma y su capacidad de hablarles y llegarles a las gentes de todos los estratos.

    Abrigo la esperanza, la misma de millones de colombianos, que una buena fórmula de congreso y presidencia son claves para reiniciar en firme la recomposición del mal rumbo que lleva el país de la mano del más inepto presidente de nuestra historia.

    Con el Centro Democrático, con la Gran Alianza por Colombia, con Iván Duque y con la orientación y el inmenso liderazgo de Álvaro Urbe Vélez, daremos inicio al fin de la comedia de errores y el entreguismo que sufrimos durante los dos mandatos de Juan Manuel Santos.

    Darío Acevedo Carmona, 5 de marzo de 2018

  • El Centro Democrático y su candidato Iván Duque

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    El partido Centro Democrático resolvió la puja interna por la candidatura presidencial a través de un proceso novedoso en el que se utilizaron mecanismos que ameritan una breve reflexión.

    Cinco líderes, tres hombres y dos mujeres, formalizaron su aspiración de ser el portador del banderín partidario para las elecciones del 2018. En lo que respecta a la parte programática, ellos debían, tomando por base las ideas que dieron origen a la organización: estado austero, confianza inversionista, seguridad democrática, equidad social, etc., y enriquecerlas con propuestas y proyectos.

    La dirigencia y los candidatos hicieron giras por distintas regiones realizando los talleres democráticos ante la presencia de líderes locales que escuchaban e interactuaban con los precandidatos, una auténtica demostración de espíritu democrático y de seriedad política.

    Sin demeritar las concentraciones de plaza pública y la actividad agitacional que se dará en una nueva fase de la campaña presidencial, es destacable el esfuerzo por vincular a las bases del partido y a los pobladores en eventos en los que la pretensión no consistía en un simple coreo de consignas y exhibición de banderas a través de rifas, repartición de dinero, licor y promesas sino en un ejercicio en el que no hubo lugar al promeserismo ni a la demagogia populista.

    Los cinco aspirantes tenían la obligación de escoger el método de selección del candidato. El que se usó, si bien no dejó satisfecho a ellos mismos y a toda la militancia, fue el resultado de una ardua discusión. Al final, todos acogieron el resultado que dio por ganador al senador Iván Duque. Otros dos muy reconocidos aspirantes, Luis Alfredo Ramos y Óscar Iván Zuluaga vieron frustrada su aspiración por razones ajenas al partido. Sin embargo, ambos se acogieron al resultado y se comprometieron a trabajar por el triunfo.

    El paso siguiente es el comienzo de una disputa entre los candidatos de las fuerzas que hacen parte del pacto suscrito entre los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana para corregir el rumbo del país. Será, tal como ya se ve, un proceso con mucha altura en el que cada uno de los pretendientes habrá de plantear el programa de gobierno y las medidas más urgentes para salir del hueco en el que Santos deja el país.

    Aunque la disputa en el seno de la alianza se da hasta el momento entre la conservadora independiente Marta Lucía Ramírez e Iván Duque, no sería raro que a ella se sume el exprocurador Alejandro Ordoñez quien adelanta desde hace unos meses una intensa actividad proselitista.

    Entre todos los temas de campaña sobresalen, por su indudable impacto, el de la corrupción que dejará ver fórmulas trilladas y obvias para combatirla como sugerencias de medidas de castigo mucho más ejemplarizantes.

    Otro asunto es el relativo al acuerdo de paz Santos-Farc en el que se podrán apreciar las profundas diferencias entre los candidatos de todas las fuerzas políticas. La alianza Uribe-Pastrana tiene por base la idea de rehacer buena parte de los compromisos firmados por Juan Manuel Santos. Como el fundamento ya está dado, los candidatos de esa alianza tendrán que decirles a los colombianos cuáles serían, en concreto, las reformulaciones al acuerdo de paz, cómo procederían, si citarían un referendo o convocarían el que se está gestando para hundir los temas más ignominiosos de ese acuerdo, o si estarían dispuestos a convocar una asamblea constituyente. Por ahora, no hay un solo candidato que convoque a hacer trizas el acuerdo de paz.

    Como quiera que ese acuerdo y su implementación contemplan temas muy sensibles de la agenda nacional, habrá que ver qué es lo que piensan los precandidatos de la alianza sobre propiedad de la tierra, modelo de desarrollo agrario, el narcotráfico y los compromisos asumidos por el país desde años atrás, la familia, la deuda externa, las relaciones internacionales, la defensa de las fronteras, la educación, la salud, la seguridad ciudadana, la inversión en ciencia y tecnología, la reforma de la Justicia entre otros.

    El Centro Democrático ha llegado a este punto superando dificultades y limitaciones, algunas de ellas propias de una organización joven, otras relativas a su funcionamiento interno y precisiones programáticas. La rivalidad entre los líderes puso a prueba la unidad.

    Las voces discordantes y críticas han tenido espacio para su libre discurrir, aunque no han faltado disonancias salidas de tono, poco amigables, que ponen las cosas en el terreno amigo-enemigo que siembra un aire de desconfianza hacia Iván Duque con argumentos traídos de los cabellos de un claro sabor complotista y paranoico.

    Si lo que quieren algunos voceros de ese malestar es que el CD opte por una posición de derecha “pura”, lo primero que deben entender es que eso va en contravía de la filosofía centrista adoptada desde su creación.

    Anuncio: esta columna no será publicada los días 25 de diciembre y 1 de enero entrantes, debido a las festividades navideñas y porque este diario no circulará en esos días. Deseo a todas las familias colombianas, a mis seguidores y lectores muchas felicidades y éxitos en el nuevo año.

    Darío Acevedo Carmona, 18 de diciembre de 2017