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  • PELIGRO LATENTE

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    La cancelación del referendo revocatorio ordenada por el Régimen de Nicolás Maduro constituye un gran gravísimo atentado a la democracia, las consecuencias de tal medida debe llevarnos a reflexionar sobre sus implicaciones en el vecindario y de manera especial en Colombia.

    Quienes alegan que advertir sobre el peligro castrochavista en nuestro país es fantasioso, carente de fundamento, una exageración o un artilugio para generar miedo, tendrán que revisar sus argumentos puesto que son innegables los lazos políticos, ideológicos y hasta militares de guerrillas y políticos colombianos con el gobierno líder del socialismo del siglo 21.  

    Hay quienes piensan que en términos electorales, las posibilidades de un triunfo de esas tendencias son casi nulas en el inmediato futuro. Que unas guerrillas marxista-leninistas derrotadas en su intento de generar una guerra civil para tomarse el poder han dejado de ser un peligro para la democracia. Y que el amplio rechazo de la opinión pública hacia las guerrillas es un factor para estar tranquilos. Todo se conjuga para ofrecer un cuadro de debilidad para concluir que nada hay por temer.

    No obstante esa debilidad, pienso que la amenaza subsiste y que es razonable estar alertas ya que Colombia no está ni al margen ni a salvo de lo que sucede en la región circundante ni es infranqueable a las influencias y luchas que en ella tienen lugar.

    De entrada es preciso entender que los defensores del modelo que conduce a la estatalización de la economía, a la anulación de la separación de poderes y a la destrucción de la  democracia, es de inspiración comunista. En apariencia, no habría problema que esta ideología tenga seguidores, al fin y al cabo hay que ser consecuentes con la libertad de pensamiento.

     El Manifiesto Comunista, la biblia de los comunistas, orienta, entre otras tareas, la destrucción del régimen político de las libertades y la democracia burguesa en cuanto apunta a subyugar y explotar a las masas trabajadoras. En su reemplazo proponen crear la dictadura del proletariado basado en el partido único. Esto debería justificar ser cautelosos.

    Todas las experiencias comunistas desde la revolución bolchevique en Rusia en 1917 han sido auténticos fracasos económicos, ocasionaron la muerte de decenas de millones de personas por hambre y persecución política, la destrucción de la democracia y de las instituciones tildadas de burguesas. Razón adicional para tomar precauciones.

    Buena parte de los países que sufrieron esa desgracia tratan hoy de rehacer sus economías, sus libertades y su democracia en medio de grandes esfuerzos. Solo Cuba y Corea del Norte gobernados por dictadores y tiranos megalómanos y extravagantes que se sostienen en el poder por medio de terribles persecuciones contra los opositores, insisten tercamente en el sistema.

    En América Latina, los comunistas cubanos para evitar su derrumbe definitivo después del fin de la “guerra fría” y de la caída de la Unión Soviética, su principal sostén, forjaron el Foro de Sao Paulo para mantener vigente su proyecto. Desde ese espacio y realizando cambios en su lenguaje han logrado instalarse en el poder en Venezuela a través del movimiento encabezado por el caudillo Hugo Chávez, en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina, El Salvador. En dichos países su ascenso al poder no siempre fue de frente o de una vez, negaron su militancia comunista, ganaron aliados en sectores demo-liberales ingenuos, propusieron reformas y más adelante, una vez consolidados, llevaron a cabo una auténtica demolición de la democracia y las libertades. Consta en sus declaraciones que Colombia está en la mira.

    Los comunistas colombianos no han renunciado a sus tesis totalitarias, su vocación democrática es dudosa, pues es similar a la usada por sus camaradas en otras partes para evitar ser vistos como lo que son. Su debilidad en el momento actual la suplirán haciendo alianzas con grupos y personalidades de otras fuerzas políticas que les abrirán el camino para ir escalonando la toma del poder. No es irreal.

    De manera que plantear la existencia del peligro castrochavista en cabeza de las guerrillas marxistas y guevaristas colombianas no es algo traído de los cabellos. En varias reuniones del Foro de Sao Paulo se hace mención a la lucha heroica de esas guerrillas, a la importancia estratégica de Colombia para el proyecto del socialismo bolivariano y a la lucha por “la patria grande” que no es otra cosa que la realización del sueño castro-guevarista para América Latina. Somos una presa muy deseada.

    ¿Qué de lo que está ocurriendo en nuestro país tiene relación con ese modelo? Por ahora, varias movidas se ven en el campo de juego: las excesivas concesiones otorgadas a las FARC en las negociaciones de paz, la división profunda en que se halla el país institucional, la amplia acogida y simpatía con la que se refieren a las guerrillas líderes de opinión que soslayan el peligro y que en nombre de la paz avalan una dosis inexplicable de impunidad.

    Para colmos, el Gobierno Santos está replicando métodos arbitrarios propios de los gobiernos “bolivarianos”, en este momento está cocinando a fuego no tan lento que alguno de los estrados judiciales tumbe el resultado del plebiscito. Por eso es oportuno recordar que Hugo Chávez cuando fue derrotado en un plebiscito con el que pretendía poderes absolutos, le dijo a la Oposición victoriosa “Su triunfo les sabrá a mierda” sabemos que se salió con la suya.

    Darío Acevedo Carmona, 24 de octubre de 2016

  • LA CALLE CONTRA LAS URNAS

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    El Gobierno Santos  adelanta una estrategia integral que tiene por objeto dejar sin piso el resultado adverso que su acuerdo de paz tuvo en las urnas.

    Que se sepa, en los casinos cuando un jugador se juega los restos y pierde, se retira de la mesa sin opción de reparar su ruina. El Presidente Santos, dizque buen poquerista, cree que, después de haber hecho entender a don Raimundo y todo el mundo que en el plebiscito se apostaba el “todo o nada”, que el Acuerdo “era inmodificable”, que, como afirmó Humberto de la Calle en un extraño arrebato de contundencia “si gana el NO el acuerdo se cae”, puede violar las reglas del juego.

    La estrategia contempla varios frentes: en el interno intenta capitalizar las marchas juveniles para presionar a los del No para que presenten propuestas “realistas” y a gusto de las FARC, por otra parte, a través de demandas, procura derogar el resultado del plebiscito así ello implique que un tribunal o la Constitucional descubran, a posteriori, que la citación del mismo fue irregular.

    En el externo, el que quedó más maltrecho, intenta recomponer apoyos como el que vino a darle en nombre de la debilitada UNASUR el resucitado Ernesto Samper o el que le hizo el New York Times con su agresivo e irrespetuoso editorial antiuribista. Quizás el que le ha devuelto a la vida, así lo cree él, es el nobel de Paz, por intervención calculada del gobierno noruego.

    Entre las acciones más destacadas que dan muestra de la desesperada estrategia está la carga de caballería de sus ministros del Interior y Cancillería, la propuesta del disparatado senador Benedetti de repetir el plebiscito, la instrumentalización en su favor y con ayuda de las izquierdas de las movilizaciones ya no tan juveniles alimentando consignas en apariencia incuestionables: “paz ya”, “implementación del Acuerdo ya”. Mención aparte merece la andanada de los beligerantes columnistas que cada ocho días dan ejemplo de tolerancia, reconciliación y paz… con las FARC y de sevicia contra el Centro Democrático y el expresidente Uribe.  

    Al estimular la insubordinación contra el resultado del hecho democrático plebiscitario y el fallo de la Constitucional, Santos atropella la democracia. Algo muy diferente es que en apoyo del SÍ se hubieran realizado movilizaciones de sus partidarios antes de la votación, pero realizada esta, desvirtuar el resultado es hacerle el juego al golpismo y a la irresponsabilidad de ciertos líderes de izquierda que apelan a “movilizar las masas” para desconocer sus derrotas y a las FARC para las que, según Iván Márquez: La verdadera refrendación del Acuerdo Final para una paz estable y duradera está en la calle”. Que no les quepa la menor duda a los jóvenes de que están siendo utilizados.

    El fallo de la Constitucional señaló los alcances del plebiscito y las consecuencias de su resultado: “La Corte resaltó que el objetivo del plebiscito especial no es someter a refrendación popular el contenido y alcance del derecho a la paz, sino solamente auscultar la voluntad del electorado sobre la decisión pública contenida en el Acuerdo Final”. Más adelante estipuló que “si el plebiscito no es aprobado… el efecto es la imposibilidad jurídica de implementar el Acuerdo Final, comprendido como una política pública específica… manteniéndose incólumes las competencias de los diferentes órganos del Estado, entre ellas la facultad del Presidente para mantener el orden público, incluso a través de la negociación con grupos armados ilegales, tendiente a lograr otros acuerdos de paz”.

    La Corte no habla de maquillar, pulir, corregir o ajustar el Acuerdo. Tampoco estableció plazos perentorios o con afanes para firmar uno nuevo. Por eso el ataque masivo lanzado contra los del NO por los líderes del SÍ y los grandes Medios, es una infamia, pues, en vez de brindar acogida a la propuesta de los vencedores para buscar un consenso nacional, se han dedicado a atacar con vulgaridad a los líderes del NO.

    La Corte también falló que el Acuerdo es asimilable a una política pública, lo que nos indica que la puja entre defensores y opositores del Acuerdo es de naturaleza política. Implica asumir que el debate acerca del rumbo a seguir y la interpretación de cómo llegar a un acuerdo nacional para renegociar con las guerrillas, es, indefectiblemente, un asunto de alta política. Por esta razón resulta incomprensible la convocatoria de los rectores de las universidades públicas y privadas de salir a las calles, ofreciendo permisos y adhiriendo a consignas que han dejado de representar a la población en general y que se identifican con las orientaciones del Gobierno Nacional y con las declaraciones de las FARC. No es gratuito que el Presidente haya invitado a líderes estudiantiles a Palacio y haya ido a la marcha para saludar y agradecer a los rectores.

    La idea de Universidad es ajena a intervenir en los asuntos de la política a la cual se concurre en calidad de ciudadanos simpatizantes o militantes de un partido o de una causa. La ciencia, la academia, el saber científico, la docencia y la investigación,  no pueden estar atravesados por intereses políticos. A lo sumo y es lo deseable, las universidades pueden y deben abrir sus espacios para el debate sobre los diversos puntos de vista acerca de problemas o cuestiones políticas, pero nunca en un sentido movilizador o de activismo porque se lesiona su espíritu de universalidad y diversidad.

    CODA: A propósito de mentiras y manipulaciones recordemos algunas del Gobierno: Invitó a votar por la paz contrariando fallo de la Constitucional. Pregonó el miedo hablando de una cruel guerra urbana si ganaba el NO. Cubrió con millonarios recursos del erario público la publicidad a favor del sí. Reunió a alcaldes y gobernadores para “hablarles” del plebiscito y de las partidas presupuestales. Estigmatizó a los partidarios del NO de guerreristas. Asustó a los votantes diciendo que si ganaba el NO el Acuerdo se caía y retornaría la guerra. Para desestimular a los escépticos y críticos del Acuerdo dijo que era inmodificable. El Presidente redactó la pregunta “que se le dio la gana”. Santos dijo que si ganaba el NO se vería obligado a renunciar. Firmó el Acuerdo final antes de la votación saltándose mandato de la Corte.

    Darío Acevedo Carmona, 17 de octubre de 2016

  • NOBEL DE PAZ SIN PAZ

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    Reconozco que me sorprendió el otorgamiento del Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos por cuanto la paz colombiana no logra llegar a su punto final. Y también porque quedaron por fuera dos grandes favoritos: los habitantes de las islas griegas que han salvado miles de vidas de refugiados y dado una lección de humanidad al mundo, y, los negociadores de lo nuclear iraní, clave para desactivar un peligro atómico en el Medio Oriente.

    Pero, en medio de la atmósfera virulenta que se ha formado entre los líderes y columnistas favorables al SÍ a raíz de la derrota sufrida en la jornada plebiscitaria, es de esperar que esos espíritus belicosos y esas plumas enardecidas dejen de descalificar el resultado, tornen a la calma, se aPAZigüen y comprendan que el camino de conversaciones iniciado el pasado lunes 3 de octubre merece continuar.

    Jolgorio aparte, sería un error garrafal que los promotores del SÍ pretendan retrotraer el debate al estadio anterior al 2 de octubre o que piensen ahora que Nobel de Paz mata plebiscito y que tal distinción significa la resurrección del cuestionado Acuerdo. La declaración del presidente Santos al anunciar el premio Nobel de Paz, diciendo que hará lo imposible para implementar el Acuerdo es una pésima señal.

    Una lectura más plausible de las razones que tuvo el Comité del Nobel de Paz para concedérselo al presidente Santos es que el Gobierno Noruego, en su calidad de garante y acompañante de las negociaciones de La Habana, no se iba a quedar expectante frente al resultado del plebiscito, el país promotor del Nobel no iba a aceptar una estruendosa derrota diplomática al cabo de más de 5 años de gestiones. En ese sentido el premio noruego tiene la clara finalidad política salvar a Santos del desastre y evitarle  a ese país un oso internacional.

    No obstante, es preciso entender el alcance limitado que tiene una distinción que ha sido otorgada en inconclusos procesos de paz, como con el nobel a la paz entre palestinos e israelíes en 1994, que 24 años después no ha sido sellado. Automáticamente no se van a deshacer los nudos que impiden la firma pronta del Acuerdo definitivo de paz ni las partes que desde la institucionalidad están buscando la construcción de un consenso nacional quitarán del camino obstáculos que no son de carácter cosmético. A lo mejor, puede influir para que se evite una ruptura del proceso sin que se haya intentado la renegociación.

    Más sensato sería que las intolerantes voces y agresivos escritos que se han dejado venir lanza en ristre, inclementes y rabiosas contra las mayorías, apoyados en razones mezquinas, cesaran el bullicio y contribuyeran a mejorar el ambiente para un consenso nacional. No entiende uno que hablen de paz, reconciliación, convivencia, tolerancia y moderación y que a la vez asuman un rol belicista e insultante contra los promotores del NO. No comprende uno por qué se inclinan reverentes ante la dirigencia de las FARC a cuyos jefes aclamaron en Cartagena y les ofrezcan un ramo de flores mientras tratan como enemigos absolutos a sus opositores en democracia. No es razonable que se dediquen a azuzar desde posiciones de liderazgo y de mando estatal la movilización de masas con el claro fin de revertir la decisión de las mayorías. Ni el premio Nobel ni la calle deben ser usados como baza o ventaja para ese protervo fin.

    Disfruten, celebren, pero, por favor, que no se les suban los humos para reimponer esa atmósfera triunfalista de las semanas previas al plebiscito, ese ambiente de trato desigual, la amenaza de guerra urbana, de estigmatizarnos como guerreristas, el unanimismo de los Medios y las encuestas manipuladas y mentirosas. Háganle honor a ese premio aPAZiguando sus espíritus.

    Sobre todo, tápenle la boca al deslenguado repentista Armando Benedetti, ese que incitó a que fusilaran a quienes criticamos el Acuerdo y que ahora propone repetir el plebiscito. Y no se sientan eximidos de presentar renuncia irrevocable el ministro del Interior y la Canciller que han sembrado dudas sobre la verdadera disposición del Gobierno Nacional a buscar un consenso para hacerle reformas al Acuerdo.

    Que el filósofo Sergio Jaramillo entienda, de una vez por todas, que su proyecto de corte claudicante parta negociar con las FARC fracasó y que el Nobel no remedia ese fracaso ya que no tiene la potestad ni la función de silenciar a los que nos pronunciamos en favor de renegociar y enmendar todo el daño causado a la Justicia y a la Constitución consignado en el mamotreto de 297 páginas.

    Darío Acevedo Carmona, 10 de octubre de 2016

     

     

  • NO AL ACUERDO SÍ A LA RENEGOCIACIÓN

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    Este es el mensaje que puso en juego la campaña por el NO a los acuerdos Santos-FARC y que resultó triunfante en el plebiscito.

    Contra viento y marea, contra una abrumadora desigualdad de recursos, contra magnificentes shows publicitarios, contra la opinión de figuras y entidades internacionales, contra la voz del Papa usada a última hora cuando se sintieron perdidos, contra la apabullante y descarada publicidad oficial que impidió dar garantías y trato igual a los del NO, contra el chantaje a gobernadores y alcaldes con partidas presupuestales a cambio del sí, contra la sucia campaña que nos calificó de guerreristas y belicistas a los del NO, contra el uso y el abuso de dineros públicos, contra las mil y un promesas de última hora que hicieron por todas partes prometiendo el país de Jauja, contra un mamotreto ilegible por farragoso, contra el chantaje de una pavorosa guerra que sobrevendría en caso de ganar el NO, contra la idea de que el NO significaba el fin de las conversaciones y el levantamiento de la mesa, contra esas y otras predicciones de mal agüero, los colombianos tuvieron la entereza y el coraje de no dejarse amilanar y sacaron a relucir la dignidad que, no obstante el dolor y las humillaciones sufridas, aún les queda.

    Bien, por fuera de los insultos de los extremistas y dogmáticos que se niegan a reconocer la derrota, nos corresponde decir, como siempre lo hemos sostenido, que lo que debe venir no es el retorno a las hostilidades ni el fin del cese multilateral, ni siquiera se exigía que el presidente Santos renunciara tal como lo había dicho en entrevista con la cadena inglesa BBC en marzo pasado en caso de triunfar el NO.

    Los del NO a los acuerdos queremos ser escuchados de verdad, ser tenidos en cuenta de modo serio en las conversaciones de paz que se adelantan con las FARC en el entendido de que solo un gran acuerdo político de las fuerzas institucionales puede dar validez, credibilidad y sostenibilidad a las mismas y a las que se puedan y deban realizar con el ELN y otros grupos armados al margen de la ley.

    Queremos la paz como también la desea ese 49.76 por ciento de quienes votaron por el SÍ, pero hemos hecho, al margen  de la publicidad confrontacional, una serie de observaciones que deben ser tenidas en cuenta para que el proceso tenga bases más firmes.

    Hay que decirlo, ojalá para que no se vuelva a repetir, que en este tipo de eventos democráticos y de cara a problemas trascendentales para la sociedad, no es deseable que los grandes medios asuman posiciones sesgadas en labor informativa, que los demás órganos del poder republicano se dejen utilizar o mancillar y que  las grandes encuestadoras no cedan a las presiones del gobierno de turno pues el resultado de ayer las deja mal paradas en su prestigio. Sus previsiones fueron equivocadas en materia grave.

    Tampoco es deseable que se ponga en riesgo la institucionalidad y se manipule hasta el descaro la condición de detentadores del poder Ejecutivo y que se continúe haciendo alarde de esa funesta práctica de viciar el ejercicio de la política con dádivas y canonjías. La “mermelada” tiene que ser desterrada de nuestras prácticas políticas.

    Quiero insistir, habiendo escuchado el ambivalente discurso del presidente y sin haber oído las palabras del indudable líder del NO, el expresidente Uribe, en que no habrá, como afirmó acertadamente el exvicepresidente Francisco Santos, una actitud triunfalista.

    Nobleza obliga a buscar nuevos entendimientos, así sea a través de terceros, para recomponer el camino. Los amigos dogmáticos del sí a toda costa, deben recapacitar, dejar de echarle combustible al fuego, ser consecuentes con su idea de reconciliación y colaborar para que se logre ese gran acuerdo nacional por la paz. Se requiere de los malos perdedores sindéresis y madurez en vez de esa palabrería insultante e injuriosa.

    Quiero interpretar la voz de los victoriosos del NO, no como la invitación a que siga la guerra sino a que las guerillas y demás organizaciones armadas ilegales entiendan que un acuerdo de paz no puede hacerse a expensas de márgenes permisibles de impunidad ni en contra de más de la mitad del país. Estoy seguro de que esas serán las directrices de los dirigentes del Centro Democrático y de otras fuerzas y personalidades que apostaron a hacer recambios en las negociaciones de paz.

    Darío Acevedo Carmona, octubre 3 de 2016

  • PLEBISCITO COLOMBIANO: ENTRE LA DEMAGOGIA CON LA PAZ Y LA VIGENCIA DE LA JUSTICIA

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    Hoy 2 de octubre los colombianos acudiremos a las urnas a un plebiscito en el que se nos pregunta si apoyamos o no el acuerdo firmado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Estaremos entre el embrujo de la “paz” y el chantaje con la continuidad de la “guerra”.

    Lo más impresentable de tal evento es que de un potencial de 34,5 millones de electores, basta que 4,5 voten a favor del sí y haya más votos que por el no, para que se considere aprobado. Hablamos de tan solo un 13 por ciento, toda una caricaturización de la democracia.

    Sectores importantes de la comunidad internacional, incluida la ONU, han avalado el Acuerdo, igual que varios gobiernos entre ellos todos los del “socialismo bolivariano”. La palabra paz ha ejercido un poderoso poder de atracción primaria, y como el presidente Santos le otorgó a la acción terrorista de las FARC el calificativo de guerra desastrosa, absurda y sin sentido de 52 años y afirmó que “estamos cansados de la guerra”, con mayor razón, por fuera del país se escuchan aplausos y anotaciones tan exóticas como la de Felipe González que comparó la “paz” colombiana con el derrumbe del Muro de Berlín.

    ¿Cuáles son, en suma, las razones que nos llevan a optar por el NO en el plebiscito?, razones de orden militar, político, institucional, y de justicia. Hay más pero creo que el espacio no da para extendernos demasiado.

    En lo relativo al primer aspecto resalto el despropósito del Gobierno Santos de darle a las FARC un estatus de igualdad con el Estado, una guerrilla calificada de terrorista, que además, estaba prácticamente derrotada en el plano militar, desprestigiada políticamente con índices repetidos de favorabilidad de un 3 por ciento y en franca estampida en razón de la paranoia sembrada en sus filas por los delatores.

    En este punto Santos aceptó convertir el Acuerdo en un tratado interpartes de humanización de la guerra (no de su fin) que implica su incorporación en calidad de artículo inmodificable a la Constitución política. Eso quiere decir que los negociadores de las partes fungieron como constituyentes. De esa inexplicable concesión se desprenden todos los puntos incorporados en un farragoso texto de 297 páginas que tan solo un 7 por ciento de los probables votantes dice haber leído.

    En el orden institucional el Acuerdo contempla la creación de 25 organismos, comités y sistemas que vigilarán el desarrollo de lo acordado, replicando instancias ya existentes, con lo que tendríamos un paraEstado. También se aprobó la adopción de 14 grandes planes de tipo económico social cuando se había dicho que los problemas centrales del país no serían negociados en La Habana

    En el ámbito político se les otorgará a las FARC cinco curules en el Senado y 5 en la Cámara de Representantes por 8 años, que si no pueden ser alcanzadas vía sufragio les serán reconocidas. Además, alterando el equilibrio electoral del país se crearán 16 circunscripciones electorales en zonas de influencia de la guerrilla para elegir un congresista por cada una y donde ningún partido ajeno al lugar podrá presentar candidatos. Aún falta definir cuántos de sus miembros tendrán curules en corporaciones departamentales y municipales. A todas estas, y demasiado grave, no se estipulan impedimentos de elegibilidad para responsables de crímenes atroces y de lesa humanidad.

    Capítulo especial merece lo que se daría en caso de ganar el sí. El Gobierno llevaría al Congreso para aprobación expres el Acto Legislativo de la Paz, que legitimará con leyes todos los compromisos. El presidente recibirá poderes especiales, a la manera de las leyes habilitantes de Hugo Chávez, por 6 meses prorrogable otros 6. Sus iniciativas solo podrán recibir del Congreso un sí o un no pues dicho Acto conlleva a la castración de su poder y función legislativa. Con razón, dicen expertos constitucionalistas, estamos ante un golpe de estado adornado y justificado con la palabra paz.

    Habrá financiamiento especial para la actividad político-partidista de las Farc en detrimento del trato dado a los partidos que han respetado la institucionalidad. También se les otorgará 33 emisores a su control y espacios amplios de televisión para divulgación de su programa.

    En el terreno de la Justicia es en el que se aprecian las concesiones más graves. En primer lugar se crea una Jurisdicción Especial de Paz (JEP) con 72 magistrados, 14 de ellos extranjeros, y que formará un Tribunal de Paz de 24 miembros, 4 de ellos extranjeros, para enjuiciar a los miembros de las FARC y a todos aquellos que directa o indirectamente tomaron parte en el conflicto. Ese organismo es completamente ajeno a nuestras tradiciones y a nuestro ordenamiento jurídico, fue creado por elementos ajenos al Congreso que es el único órgano con derecho a hacerlo. La JEP estaría por encima de todo el sistema judicial colombiano de sus altos tribunales y altas cortes. Tiene la facultad de saltarse el principio de la cosa juzgada, actuará sin ningún control, sus fallos serán inapelables. Sin fecha de término para concluir sus labores, mantendrá en ascuas a empresarios, militares y opositores de las FARC para obligarlos a declararse culpables para merecer los beneficios de la Justicia Transicional o alegar su inocencia corriendo el riesgo de ser condenados a 20 años de prisión.

    Ese Tribunal tiene en sus manos el instrumento de la impunidad pues a los guerrilleros que confiesen delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, no se les condenará a prisión, tal como ordena la Corte Penal Internacional, sino que les será restringida la movilidad en un área geográfica, podrán ser nombrados congresistas y realizar algunos trabajos comunitarios.

    De paso, las FARC se niegan a reparar integralmente a sus víctimas alegando no tener recursos, de forma que será el Estado el obligado a hacerlo.

    Con razón el grupo terrorista español ETA reclamó a su gobierno y al PSOE que así como habían apoyado el Acuerdo colombiano, les dieran a ellos un trato similar. No lo tendrán porque ni ellos ni los gobiernos de USA, Francia e Inglaterra, aceptarían ir tan lejos para desmovilizar a los terroristas de ISIS y AL QAEDA. Como quien dice, la impunidad es buena en las repúblicas “banana” como nos catalogan, pero no para ellos.

    Y razón no le falta al doctor Vivanco presidente de Humans Rigths Watch quien sostiene que ese Acuerdo es violatorio de los parámetros de la justicia humanitaria internacional. De manera que la lección que se le está dando al mundo es que el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos pueden ser pisoteados en nombre de la paz.

    Darío Acevedo Carmona, octubre 2 de 2016

     

  • LAS DOCE PREGUNTAS QUE NO NOS HARÁN EN EL PLEBISCITO Y CINCO MONUMENTALES INCONGRUENCIAS

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    Cuando Usted amable lector esté leyendo esta columna se estará firmando, una vez más, el Acuerdo entre el Gobierno Nacional y las FARC que será puesto a consideración de los colombianos el próximo 2 de octubre.

    El plebiscito al que nos disponemos tiene un significado trascendente. No vamos a definir el sentido de una calle o el precio de las empanadas. Por lo visto hasta ahora, y sin que cesen de llegar las sorpresas nos tocará salir a definir si aceptamos o rechazamos ese Acuerdo que la campaña del sí ha querido convertir, en contra de lo estipulado por la Corte Constitucional, en un dilema de paz o guerra.

    Los partidarios del NO ya dimos a conocer razones de peso de tal decisión. Una de ellas es que el Gobierno Nacional retrocedió en su propuesta inicial de convocar un referendo que hubiese permitido la formulación de varias preguntas y optó por condensar 297 páginas de un farragoso texto en una sola. Tal reculada, sumada al  descarado ventajismo oficial con su agresiva  publicidad nos lleva a concluir que los riesgos son mayúsculos en caso de que se apruebe la política presidencial.

    Algunas de las preguntas que no nos harán en el plebiscito desvelan ese panorama oscuro que se quiere ocultar con el manto de la “paz”, veamos:

    1. ¿Está usted de acuerdo SÍ o NO con que el Estado otorgue 3 millones de hectáreas y prometa otras 9 más para fomentar la agricultura basada en la pequeña propiedad?
    2. ¿Está Usted de acuerdo SÍ o NO con otorgar 10 curules en el Congreso de la República a las FARC sin establecer impedimentos para responsables de crímenes atroces y que se creen 16 nuevas circunscripciones electorales en zonas de influencia de dicha guerrilla?
    3. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con que el Estado conceda financiación privilegiada al movimiento político que reemplace a las FARC y les otorgue 31 emisoras comunales y partidas presupuestales para hacer publicidad de su programa?
    4. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con declarar que el narcotráfico, el secuestro, el reclutamiento de menores, la violación de niñas y mujeres, como conexos con el delito político?
    5. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con no exigirle a las FARC que repare a sus víctimas con sus propias finanzas?
    6. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con la creación de la Jurisdicción Especial de Paz y del Tribunal de Paz compuesto por 72 magistrados que estará por encima de nuestro sistema judicial y podrá desconocer el principio de la “cosa juzgada”?
    7. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con la creación de 22 comisiones, comités y sistemas de verificación y seguimiento de los acuerdos, y 14 Planes Nacionales de tipo social, aunque muchos de ellos son similares a los ya existentes en nuestro ordenamiento y se corra el peligro de crear un paraEstado?
    8. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con nombrar una Comisión para el establecimiento de la Verdad Histórica?
    9. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con convertir el Acuerdo Gobierno Nacional-FARC en tratado internacional y por tanto elevarlo a rango de Bloque de Constitucionalidad?
    10. Está Usted de acuerdo SÍ o NO conque el Congreso de la República recorte su función legislativa y de control político y le otorgue poderes habilitantes al Presidente Santos por un periodo de seis meses, prorrogables otros seis?
    11. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con que el Gobierno Nacional haya procedido a reformar la doctrina militar por fuera de este plebiscito.
    12. Está Usted de acuerdo SÍ o NO con que soldados de Cuba, Venezuela y países de la CELAC, organismo bajo influencia castrochavista, vengan a Colombia en calidad de garantes de la paz?

    SEIS INCONGRUENCIAS

    1. Recuerdan Uds que el Colectivo de Abogados, Comisiones de Juristas, Iván Cepeda, León Valencia, Claudia López y muchos más exigían, haciendo mítines, llevar a la cárcel al coronel Plazas Vega y a otros oficiales? Esos mismos dicen hoy que la cárcel es una institución medieval y que en aras de la paz a ella no deben ser llevados los comandantes de las Farc, “ni un día”.
    2. Mario Vargas Llosa ha sido inflexible en oponerse a que se otorgue perdón al expresidente Albeto Fujimori condenado por delitos de lesa humanidad. Hoy acepta que los jefes de las FARC responsables de delitos de lesa humanidad sean eximidos de pagar sus penas en cárcel y que puedan ser elegibles.
    3. Quienes ayer protestaron cuando a los paramilitares se les fijó una pena de ocho años, hoy son elásticos y flexibles, como gelatinas, se oponen a penas de cárcel para responsables de delitos atroces y califican de “vengadores” a quienes claman Justicia.
    4. Gobierno y Oposición españoles felicitan y aplauden “paz” colombiana, aceptan que se haya negociado con terroristas, que no haya cárcel para responsables de delitos atroces, pero en su país se niegan a negociar con ETA (mucho menos letal que FARC) que renunció a la lucha armada, quieren llevar a sus jefes a cárceles y no aceptan que un solo etarra ocupe un escaño en el parlamento.
    5. Los gobiernos de algunas potencias occidentales que dan visto bueno a la paz colombiana, que han sido víctimas de ataques letales de organizaciones terroristas -ISIS y Al Qaeda- no aceptarían negociar con estas a cambio de la entrega de armas y cese de atentados, sin llevarlos a prisión, otorgándoles curules en sus parlamentos, creando tribunales externos y financiando sus campañas de adoctrinamiento.

    Darío Acevedo Carmona, 26 de septiembre de 2016

  • LA OSADA AVENTURA DE SANTOS

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    La decisión que tomaremos los colombianos el próximo 2 de octubre tendrá repercusiones trascendentales en el presente y el futuro del país. A lo largo de este proceso de conversaciones hemos tenido ocasión de ver, escuchar y analizar variada información y quizás, ya muchos tenemos una posición.

    El momento justifica que intentemos comprender por qué el amplio espectro de los amigos del sí, consideran que por la Paz se justifica todo, aceptar, por ejemplo, que el Acuerdo tenga condición de tratado internacional, que se cree un monstruo jurídico por encima del sistema judicial colombiano, que se otorguen 26 curules sin imponer restricciones a responsables de delitos atroces, que se repartan tres millones de hectáreas en la modalidad anacrónica de pequeñas parcelas, que se creen 16 jurisdicciones especiales, que se acepte la reforma de la doctrina militar, que se creen 22 comisiones, organismos y veedurías que realizarán labores propias de organismos del Estado, que se acepte el secuestro y el narcotráfico como conexos con el delito político, que los responsables de delitos de lesa humanidad no paguen un solo día de cárcel, y un largo etc.

    No vamos a meter a todos los que aceptan estas condiciones ominosas en un mismo saco. Teniendo en cuenta sus visiones de país, sus intereses y su posición ideológica, los dividiré en dos grupos: las izquierdas y los que deben defender el Estado.

    Que las izquierdas manifiesten su satisfacción con el Acuerdo y estén aplaudiendo a Santos, uno de los personajes más representativos de la oligarquía tradicional no parece muy razonable. Toda la vida, con diferencias de matiz, este conjunto ha denigrado de las instituciones, ha negado que Colombia sea un país democrático, que es uno de los países más desiguales del mundo donde se cometen grandes injusticias. Sostiene que no hay oportunidades para fuerzas políticas diferentes a las tradicionales. Una de sus tesis más estimada es la que atribuye “el levantamiento armado” a las injusticias sociales, al problema de la propiedad de la tierra y a la exclusión política. Para ellos la paz implica reformas profundas de tipo social, económico y político. Son radicalmente antimilitaristas pero solo con respecto de las Fuerzas Militares institucionales, el Estado es el principal violador de los derechos humanos y no falta el humanista que dice que este es un “país de asesinos” y que “todos somos culpables”.

    De manera que, como el Acuerdo entre el Gobierno Nacional y las FARC contiene opíparas concesiones a su visión, las izquierdas andan felices pregonando el SÍ.

    ¿Cómo no les va a gustar el Acuerdo si ellos nunca han tenido en buen concepto la legalidad, la institucionalidad, la democracia y las libertades vigentes que deben ser demolidas o reformadas para ensayar otras políticas como las pregonadas por el Foro de Sao Paulo y el socialismo bolivariano del siglo XXI?

    En el campo de los que representan el “Establecimiento” encontramos un auténtico archipiélago de grupos, partidos, intelectuales y columnistas con ideas no necesariamente comunes. Algunas sufren de conciencia de culpa, otros del síndrome de Estocolmo, hay ingenuidad entre quienes creen que las guerrillas están inspiradas en ideales altruistas, como el acceso a la tierra y la “ampliación” de la democracia. Piensan que vale la pena correr el riego de hacer todas esas concesiones a las FARC porque suponen que terminarán siendo absorbidas por el sistema como ha ocurrido con otras experiencias de paz en el pasado. Un elemento común en los líderes de la negociación es el exceso de confianza en sí mismos y de subestimación del rival.

    Creen, además, que hay que entregarles amplios poderes y representación en el campo, aspirando a que allí se queden y no se expandan a la vida urbana. Hay advenedizos que no saben nada de lo que es un Estado de Derecho, que carecen de visión, incapaces de ver más allá de veinte metros, bastante ingenuos, pues, no tienen idea de con quien están tratando.

    Algunos de ellos tienen una visión banal del poder y de la política, otros depositan excesiva confianza en su elocuencia y retórica, los hay a los que les parece normal que Timochenko llegue a la presidencia, otros aspiran a ocupar un lugar de la Historia ganándose el Nobel o la presidencia del país.

    En un tercer grupo, en el que hay partidarios de las dos opciones, tendríamos a empresarios, iglesias, Medios, Fuerzas Militares, gremios. Difícil trazar un perfil de todos ellos. Tal vez nos sea factible reconocer algunas evidencias: miedo de los empresarios respecto de la reforma rural, del futuro de la economía y el poder incontrolable de Jurisdicción Especial de Paz, por el costo fiscal inconmensurable de la implementación de los acuerdos. Divisiones notables en la jerarquía católica, desdibujamiento del rol de los Medios que han sacrificado su independencia ante la jugosa pauta publicitaria oficial. Las Fuerzas Militares han sufrido un enorme debilitamiento operacional con la salida de sus mejores oficiales, por el cambio de doctrina militar negociado a sus espaldas, y la asignación al alto mando de oficiales obsecuentes y acríticos con la política oficial. En los gremios se aprecia mucho temor a las represalias y una que otra voz crítica.

    Ese es el vivo retrato de la osadía de Juan Manuel Santos que deja por el suelo lo dicho al comienzo de las negociaciones: “si no firmamos la paz nada habremos perdido”. ¿Cómo no recordar la anécdota que se le atribuye al presidente Marroquín al entregar el poder en 1904, habiendo perdido a Panamá: “De qué os quejáis, me entregaste un país, os devuelvo dos”.

    Darío Acevedo Carmona, 19 de septiembre de 2016

  • UN PRESIDENTE SIN CONTROLES ES UN DICTADOR

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    Se destapó de un todo y por todo Juan Manuel Santos. Dio el salto, huyó hacia adelante, desafió el orden, se insubordinó cuando manifestó que el presidente puede hacer lo que le venga en gana, a sabiendas de que nadie, excepto el Procurador, le pondría freno. Por eso presionó su salida, era el gran “estorbo” institucional para su proyectada capitulación de paz.

    ¿Quiénes hicieron rumba con la sacada a sombrerazos del Procurador General de la Nación?: todos los aliados y complotados en torno al apoyo del Acuerdo Final Gobierno-FARC. Tiró paso la intolerante intelectualidad que no quiere admitir que el partido Conservador representa una porción respetable de la población.

    No existe la menor duda, estamos en un estado de cosas de corte neogolpista caracterizado por la violación gradual pero sistemática de la institucionalidad, que alega razones legítimas, principios inobjetables convertidos en dogmas y hace pasar todos los atropellos como procedimientos legales.

    Ya no hay titubeos ni sonrojos ni delicadezas. Ya no es el “es que no sé porque no me entienden”, se reventaron todos los diques que un sistema democrático ha construido para llamarse así.

    De nada sirvió que la Corte Constitucional dijera que la pregunta del plebiscito debía ser clara y no dar a entender que se estará votando por la paz, y que no se debía usar recursos del erario. Pues el presidente, envalentonado y ya sin controles a la vista sentenció, despótico: “el presidente puede hacer la pregunta que se le dé la gana” y después, como si nada, autorizó el uso de recursos públicos en las campañas del plebiscito.

    Se está cumpliendo al pie de la letra la ruta establecida por el filósofo de la Nueva Era, del Giro Histórico, del Cambio de Rumbo, Sergio Jaramillo, en el sentido de que después “de la firma de la paz” vendría la “transición” durante diez años en los que había que implementar los acuerdos apelando “a medidas extraordinarias y a procedimientos  excepcionales”. Violar disposiciones constitucionales, saltarse los controles, financiar campaña por el “sí” con dineros públicos es “extraordinario y excepcional”, golpismo, según el abecé de la ciencia política.

    En los noticieros de televisión, en emisoras y en los principales medios impresos, abruman las cuñas publicitarias oficiales y no oficiales invitando a votar por la paz pisoteando el fallo de la Constitucional que aclaró que no se votará por la paz ni por la guerra. Una cadena radial propiedad de socialistas ibéricos organiza un foro de yo con yo, Samper el del ochomil, Gaviria el de la Catedral, De la Calle exvicepresidente de Samper y figuras políticas españolas, una de las cuales tuvo la osadía de comparar el Acuerdo colombiano con la caída del Muro de Berlín. En ese foro homogéneo, se condenó al unísono a los opositores tildándolos de guerreristas, enemigos de la paz y saboteadores.

    De forma sistemática, el presidente Santos fue aplastando, sin que le temblara el pulso, la institucionalidad colombiana en aras de una paz claudicante. Manipuló a la prensa, hostigó a columnistas hasta hacerlos expulsar, amansó a las Cortes otorgando favores, estimuló la persecución judicial contra la oposición, instigó la infiltración de la campaña de Óscar Iván Zuluaga en 2014 para ganar la presidencia con trampa, y, como los pokeristas mañosos, hace trampa teniendo todo para ganar.

    Se granjeó una mayoría calificada en el Congreso para darle un barniz de legalidad a sus proyectos, entre los cuales cabe destacar el de la renuncia del Congreso a su función principal e irrenunciable de legislar en beneficio del nuevo amo que, además, será investido con poderes especiales.

    Tal como Hugo Chávez con las totalitarias “leyes habilitantes”. No entiendo por qué los comentaristas adeptos y adictos al gobierno de las trapacerías y picardías, piensan que es exagerado hablar del peligro castrochavista. No es que mañana, de una, las FARC y los ingenuos que le facilitan su cometido se vayan a tomar el poder. Es algo más sutil, lenta y gradualmente como Chávez.

    Hoy en día, ya las FARC son, como decía un jefe de frente días atrás, un estado dentro del estado, hay y habrá un poder dual en adelante. Decenas de Comisiones, Comités, Sistemas nacerán duplicando el estado que nos rige, conformando un auténtico paraEstado respaldado por “movimientos sociales”, especie de soviets tropicales.

    La Justicia nacional será reemplazada por un organismo frankesteiniano que salido de madre actuará con poderes absolutos. Que pierdan cuidado los empresarios y militares si creen que basta, como recomienda Santos, “declarar que pagaron una extorsión y quedan libres”, pues ahí estarán los colectivos con sus testigos a sueldo presionando con sus montajes y testigos a sueldo.

    Para que todo esté consumado, falta la fiesta final de campaña, la del 26 de septiembre, con presencia de Evo, Raúl, Correa, Ortega, Maduro, Otegi? y delegados que no saben ni entienden una pizca de la situación colombiana atraídos por la mágica palabra “Paz”. Cuando Colombia quede al garete y en manos de otros aún más ineptos y emerjan los Maduros nacionales y la economía se venga a pique ante la imposibilidad de cubrir los costos de la entrega y la democracia se torne una payasada y las libertades sean historia, esa comunidad internacional se hará de la oreja mocha y volteará su mirada para otro lado, tal como lo hace con la tragedia de los venezolanos.

    Para vendernos ese cuadro recurren a figuras extranjeras con el fin de colonizar la voluntad popular y a personajes de la farándula para conquistar el voto por la fácil vía del impacto publicitario.

    Pregunta: ¿Por qué será que las izquierdas y los progres, felices, aplauden a rabiar la gesta del eximio representante de la oligarquía?

    Darío Acevedo Carmona, 12 de septiembre de 2016