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Análisis

  • Miscelánea #3 con 3 comentarios 1. ¿Colombia en manos de Cepeda? 2. Petro y la primera vuelta presidencial 2026. 3. Notas calientes sobre adanismo y populismo 

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    Con Cepeda Colombia asegurará la hambruna a la manera de Stalin en su guerra del hambre contra Ucrania en los años treinta del siglo XX, a la manera de la Corea del Norte en manos de la monarquía hereditaria de los Kim comunista que poseen el arma nuclear y el cuarto mayor ejército del mundo y su pueblo tiene la obligación de reír y aplaudir las gracias del tirano, la hambruna a la manera de la dictadura castrista sin alimentos, sin energía y cocinando lo poco con leña como en el medievo.

    Con Cepeda se abolirá la separación de poderes con el cierre del Consejo de Estado, la propiedad privada dejará de ser tal por su gobierno determinará el límite hasta el que cada persona y familia puede poseer.

    Con Cepeda se terminará de eliminar la diferencia entre tener un capital o propiedad o empresa forjados con trabajo y honradez y tenerlos como fruto del delito, del narcotráfico, el robo o la corrupción, Su maestro y ejemplo había dejado su obra en borrar la i de "ILICITO" para que sea lícito y borrar la palabra "CRIMEN" del lenguaje para que no aparezca en las estadísticas.

    Con Cepeda nos espera el inicio del programa para incorporar guerrilleros en las Fuerzas Armadas y de seguro el de lavar la memoria de Tirofijo, Jacobo Arenas, Mono Jojoy, Raúl Reyes, Santrich, Márquez, y nada raro, llenar las camas del Hospital Militar con guerrilleros heridos, porque a los sanos les distribuirá tierras.

    Con Cepeda la libertad de prensa será noción del pasado y la reelección indefinida a la orden del día.

    Con Cepeda, es de esperar total solidaridad con Cuba, con Nicaragua, con Corea del Norte y alianzas con Rusia, China e Irán, adiós a EE. UU.

    Con Cepeda, al fin los colombianos ingenuos e incrédulos sabrán lo que es una dictadura de izquierda, lo de Petro fue apenas un sorbo.

    Darío Acevedo Carmona, 30 mayo de 202

     

    2. Petro y la primera vuelta presidencial 2026

    La ciudadanía colombiana vota hoy 31 de mayo de 2026 en un primer lance que puede bastar o no para elegir el presidente del país.

    El presidente saliente invitó a votar libremente y, como de costumbre, aprovechó para insistir en su lenguaje confrontacional, dilemático y hasta amenazante sin mencionar a las guerrillas y grupos como el clan del Golfo como los enemigos de la democracia y quienes presionan a los electores.

    Insistió en lanzar bocanadas de humo para sembrar dudas sobre el manejo del software y la metodología de la Registraduría en el conteo y el escrutinio.

    La intención no era otra que validar su vicio populista de llamar al "pueblo" para "supervisar" y conjurar todo intento de fraude, lo que significa entre otras cosas desconocer el rol institucional de jurados, testigos y veedores, adicional al papel asegurador del orden por parte de la Fuerza Pública.

    Se entiende, por tanto, que esa apelación a que ese "pueblo" haga presencia por millones en torno de las mesas es, de hecho, un desconocimiento de la responsabilidad del estado y de organizaciones civiles reconocidas, y una amenaza, una presión y un chantaje a ellos. Una apelación demagógica al pueblo como masa que reemplaza a la Justicia, a las autoridades electorales que hace campear per se, la desconfianza en boca de quien desconoce y viola, otra vez, disposiciones constitucionales.

    Darío Acevedo Carmona, 31 de mayo de 2026

     

    3. Notas calientes sobre adanismo y populismo

    Adanismo es un vocablo inspirado en el Adán de la Biblia que es aplicado para designar momentos de rupturas significativas o profundas en distintos campos. Por ejemplo, en política se utiliza para designar la pretensión de algunos movimientos y caudillos cuyos programas y acciones se propagan como el origen, el comienzo de una nueva era o una ruptura total con el pasado o con un presente indeseable.

    Hay algo y quizás hasta mucho de error en vender un triunfo obtenido como promesa de cambio cuando la euforia ejerce una influencia enceguecedora en los líderes y en sus organizaciones haciéndoles perder de vista la relatividad inherente, incluso, hasta en las revoluciones más importantes de la historia.

    El anuncio de un nuevo día o era, de la idea del comienzo de la realización de una esperanza es como una potente luz que deslumbra a los ojos de multitudes y a líderes. En la situación colombiana podemos identificar dos expresiones concretas que extrapolan y agigantan sus ideas y su proyecto como el nacimiento de una nueva era y en esas han abjurado, como lo ha declarado el presidente Petro de la historia y del pasado nacional, «doscientos años perdidos», «somos un país de esclavos y esclavistas», «Colombia ha sido gobernada siempre por una oligarquía», «este es un país racista», «siempre hemos sido violentos» y muchas otras que se esgrimen para resaltar la proeza del cambio que él y sus seguidores adelantan. Visión que iguala ser esclavo a ser libre, borra la diferencia entre dictadura y democracia, entre guerra y paz, entre víctimas y victimarios. De manera que nada hay rescatable, que nada se ha construido o es insignificante, y en esencia, borran la historia, necesidad de todo proceso revolucionario, con más razón si es de corte marxista, comunistas o socialistas siglo XXI.

    El otro movimiento que algunos medios y comentaristas tildan de populista es el liderado por Abelardo De La Espriella cuya campaña se ha tornado, en poco tiempo, en un fenómeno de masas. Que sea populista o no, no es el objeto de estas notas, aunque tiene algunos rasgos como el caudillismo y la ausencia de organización, pero su programa de gobierno encuadra con las aspiraciones de muy amplios sectores de la sociedad.

    Sin embargo, el peligro adanista en su caso puede abrirse campo en algunas de sus consignas de combate, por ejemplo, cuando dice «Nada con los de Siempre, todo con los de Nunca» con lo que da a entender que todo lo que tenga relación con partidos y dirigentes políticos de un pasado que desdeña, como si todo hubiera sido despreciable o no hubiera forjado nada por defender, es un error imperdonable tanto porque se asimila con las afirmaciones de Petro, y a su vez, constituye una idealización adanista de redención con quienes siempre han sido víctimas y nunca han sido tenidos en cuenta, a quienes les llega, por fin su hora, su gloria, el ahora sí que al romantizar lo que está por hacer borra la dureza del camino a recorrer para hacer la vida de la población más amable y satisfactoria. Queda el espacio para precisar, en otra ocasión, que el populismo se caracteriza como un estilo más que una teoría de gobierno, que lleva en su esencia la apelación endiosada al “pueblo”, la idea de un estado manilargo, bonachón y la ausencia de una organización política.

    Darío Acevedo Carmona, 31 de mayo de 2026

  • El reconocimiento Trump, Xi, fundamento de la paz y la coexistencia

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    Creo que para entender el alcance y significado de la cumbre Trump-Xi es preciso hacer un breve repaso sobre tiempos no muy lejanos cuyas huellas siguen vivas y luego, traer a cuento la situación particular del mundo ante el peligro de una guerra entre potencias.

    Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se consolidó como la principal potencia militar por ser el único país que poseía armas nucleares. Sin embargo, no faltó quien preguntara la razón por la cual no hizo valer su condición de superioridad para aplastar a su rival, la URSS, y en vez de ello, haberlo tratado como un par a sabiendas de su propósito de apoderarse de Europa.

    Quizás, el tiempo le dio la razón a los gobernantes norteamericanos quienes optaron por negociar y así evitar la prolongación de una guerra en un escenario de agotamiento, cansancio y oposición de la opinión pública mundial, cuyo resultado era perturbador por el muy probable desastre humanitario tal vez mucho mayor al que se acababa de concluir.

    Estados Unidos mantuvo esa superioridad tan solo unos años durante los cuales no otorgó el rango de par a la Unión Soviética hasta que ella, bajo la dictadura de José Stalin se hizo al dominio de la tecnología para obtener la misma arma de su rival histórico.

    Con el paso del tiempo, ambas potencias se reconocieron como pares en cuanto a la capacidad de destruirse mutuamente en una guerra sin ganadores. Así se dio inicio a lo que se conoció como la “guerra fría” con base en una actitud mutua de detente y disuasión que, en esencia, consistía en admitir una conflictividad y competencia, pero, conjurando la apelación al arma nuclear. Acuerdos y disputas sobre el orden económico y la vitalidad de cada modelo, el capitalista del mundo libre y el socialismo de las dictaduras proletarias. La carrera armamentista no estuvo al margen de ese modelo de coexistencia en el que sobresalen tres fenómenos.

    El primero de ellos es el relativo a la construcción de dos grandes alianzas militares, de un lado, la OTAN cuyo liderazgo indudable y eficaz corrió por cuenta de Estados Unidos y que cubría de riesgos a los países democráticos de Europa. De la parte soviética, el Pacto de Varsovia, liderado de la misma forma por la Unión Soviética y esta por la Rusia estaliniana que ofrecía protección a los países de la llamada Cortina de Hierro, aquellos en los que se impuso el modelo comunista al final de la guerra en gracia de la presencia ocupacionista de las tropas soviéticas.

    El segundo asunto de importancia en el enfrentamiento y rivalidad entre las dos potencias era el relativo a la competencia económica, en el cual se contemplaba el manejo de las finanzas internacionales, la eficiencia, la lucha contra la pobreza, la carrera científica, la carrera espacial y la influencia sobre los países del Tercer Mundo.

    La tercera fue algo no escrito ni firmado en algún documento, de riesgos que pusieron en peligro los convenios y tratados de contención y disuasión, fue el de las guerras de liberación sobre todo en el continente africano y en algunos países del lejano oriente asiático, en algunos de los cuales, Corea, Vietnam, Laos, Camboya e incluso del continente americano desde el triunfo de la revolución castrista en Cuba que motivó y apoyó el surgimiento de guerrillas en casi todos los países de centro y sur América. Es lo que dio en llamar la guerra entre la URSS y los EE. UU. a través de terceros.

    En el curso de todos estos fenómenos y otros de menor impacto, la ONU se consolida como espacio de conversación y solución de algunos problemas y conflictos bélicos. Pero, a pesar de la fragilidad de la paz vivida de esa manera, el mundo, y esto se debería señalar con mayúsculas, evitó, con ese modelo, lazos, nudos y escapes, evitar una conflagración que habría dado por resultado muy probable la extinción de la vida en el planeta.

    El modelo de la detente, la distensión y la disuasión EE. UU.-URSS, en el sentido anotado, no fracasó ni fue un desastre, ni siquiera en el momento en el que el mundo presenció en 1989 el derrumbe de la infamia del Muro de Berlín, y, en 1991 la implosión sin guerra y sin uso de armas de exterminio, del gran imperio de Unión Soviética. No tengo elementos para medir las lecciones que la humanidad y las esferas internacionales de gobierno pueden extraer de esos maravillosos eventos de apertura y de cambio, pero, una de ellas, es, sin duda, que tales sucesos de tanta envergadura no condujeron, ni por un instante, al uso de armas de destrucción masiva. Desaparecieron el Pacto de Varsovia, la Cortina de Hierro, muchos países recuperaron o retornaron a la democracia liberal, el capitalismo se impuso en casi todo el orbe excepto en Corea del Norte y en Cuba, y el giro más sorprendente de tal transformación se produjo en la China Comunista que sin abandonar la doctrina marxista adoptó el modelo capitalista como el más viable para superar el hambre y la pobreza después de tres décadas en el murieron millones de hambre a causa del fracaso del experimento maoísta.

    Entonces, Estados Unidos, se diría que sin explicitar eso como un propósito o meta por alcanzar, se convirtió en la potencia unipolar del mundo. Condición que no duraría muchos años en razón de la recuperación de Rusia por avances del capitalismo emergente y de la transformación de la China postMao en una sociedad capitalista avanzada que la ubica como una real potencia también en el plano militar.

    Y es, precisamente esa, la razón por la cual, varios gobiernos norteamericanos en el presente siglo han adelantado tratos de alto valor estratégico con la potencia de oriente, sobre todo en el plano económico y geopolítico como el asumir un puesto como único representante de la China.

    Y es en razón del progreso alcanzado que la China, en particular bajo la dirección de Xi Jing pin, ha obtenido la valoración de muchos países del mundo donde han puesto sus ojos tanto los estados como los grandes empresarios del orbe capitalista.

    Estamos pues, en un momento singular de la geopolítica, de redefiniciones no fáciles de manejar y en medio de dos guerras Ucrania-Rusia y EE. UU. e Israel contra Irán, y de tensas expectativas por la aspiración China de incorporar a isla de Taiwán. Pero, también, y pienso que el paso dado por Trump al reunirse con Xi en esas condiciones y con tal exhibición de empatía y de búsqueda de acuerdos (la otra opción es que hubiesen madurado el conflicto hacia la crispación, las amenazas y los insultos), es el resultado más satisfactorio que se haya visto en los últimos diez años.

    Dicho encuentro hace desparecer y tiende a consolidarse un trato de iguales entre estas dos potencias, que le hace sentir a la China ser reconocida como igual en el campo de las superpotencias, y que la muestra ante el mundo como nuevo protagonista con el que se debe contar.

    Situación que conduce a mirar cómo no fracasado ni mucho menos enterrada la política de la distención y la disuasión entre quienes son, gústenos o no, hoy por hoy, las grandes potencias EE. UU. Rusia y China. El resultado de esa cumbre cimera no es despreciable, nadie salió perdedor por el hecho de que no se haya resuelto del todo el tema de los aranceles o la paz en el Golfo y entre Ucrania y Rusia, pero, se ganó algo que no cabe en las manos de alguien o en el escritorio de un jefe, a saber, que la humanidad le ha ganado terreno al peligro de una guerra entre esas potencias. En efecto, aunque las maletas al final no queden repletas de regalos o conquistas, es preferible que los jefes se reúnan, se reconozcan, se traten bien, y que se comprometan a buscar acuerdos en temas complejos que no hayan podido saldar en forma satisfactoria. La más reciente reunión entre Putin y Xi, puede mirarse en el mismo sentido, aunque haya versado sobre otros tópicos.

    Darío Acevedo Carmona, 24 de mayo de 2026

  • EE. UU. e Israel contra Irán, una guerra incomprendida

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    La opinión antinorteamericana junto con medios antitrumpistas y, por supuesto, los enemigos históricos de Estados Unidos han impuesto una versión de la guerra de los EE. UU. e Israel contra Irán en la que invisibilizan las motivaciones centrales del ataque de los dos aliados históricos contra el centro generador de terrorismo del Oriente Medio.

    No fue Estados Unidos quien amenazó a Irán para dominarlo o exterminarlo con su poder nuclear. Tampoco fue Israel el que se propuso borrar de la faz de la tierra a los iraníes.

    Las cosas son todo lo contrario. Desde el triunfo de la revolución religiosa de los ayatolas lideradas por Khomeini en 1979, los nuevos gobernantes crearon un sentimiento de odio frente a Occidente y en especial contra Los Estados Unidos e Israel. Se dedicaron a organizar, financiar y armar grupos y movimientos de corte terrorista. 

    La retórica antisemita y antinorteamericana maduró hasta convertir sus amenazas en parte fundamental de sus planes militares: investigación nuclear, construcción de misiles de mediano y largo alcance y medios de ataque de sus aliados por fuera de sus fronteras.

    En junio de 2025 en el marco de la guerra de Israel contra Hamas, la milicia Hezbolá y otras facciones yihadistas proiraníes, el gobierno de Israel entendió que tales conflictos no tendrían forma de ser superados si a su vez no se derrotaba a su inspirador y financiador, el Irán de los ayatolas.

    Pero, tenían claro que por sí solos no podrían derrotar al adversario, y entonces forjaron una alianza con los EE. UU. víctima de amenaza nuclear por parte del régimen de los fundamentalistas musulmanes.

    Ahí tomó forma la estrategia de atacarlo conjuntamente a mediados de 2025 después de no haber recibido respuesta a requerimientos de desistimiento de sus amenazas.

    Aunque Irán recibió golpes severos a su infraestructura militar, la inteligencia del Mossad y la CIA dieron cuenta de la pervivencia de las amenazas y de una recuperación de aquellos ataques, por tanto, que dicha circunstancia significaba el renacer del peligro del arma nuclear contra Estados Unidos y del deseo de desaparecer a Israel del mapa mundial.

    Analistas de distintos medios, plataformas y redes, la ONU, la OTAN y gobiernos europeos que se supone son amigos de EE. UU. omiten referirse a esa perturbadora información de tal forma que la acción guerrera de EE. UU. e Israel se presenta como una guerra de agresión, una violación de la soberanía de Irán y una infracción del derecho internacional.

    Esa labor de borrar las motivaciones originales está acompañada de afirmaciones basadas en especulaciones como la de sostener que Trump y sus Secretarios de Guerra y de Estado, el Pentágono y asesores, se equivocaron en el planeamiento de las actuales operaciones, se centran en la supuesta confusión del presidente Trump cuando, en apariencia y quizás con fines de confundir al adversario, hace declaraciones contradictorias y confusas o incoherente

    Se les olvida la experiencia en Venezuela a la que Trump se resolvió después de varios meses de "asfixiante" espera. Minimizan y hasta desconocen los llamados previos al inicio de hostilidades y posteriores invitaciones del presidente Trump para adelantar conversaciones con fines de encontrar una solución negociada.

    De otra parte, Estados Unidos ha recibido suficiente demostración de la ingratitud de sus socios de la OTAN y de los países que ha protegido con sus bases a lo largo de la guerra fría y en los años posteriopres al derrumbe soviético.

    ¿Faltaba algo más? Durante más de ocho décadas amplios sectores de la población europea azuzados por grupos comunistas, nacionalistas y socialdemócratas convirtieron a los héroes de su liberación del yugo nazi fascista en objeto de su rechazo y hasta enemistad.

    El efecfo de esa actitud inamistosa es lo que estamos presenciando en todo su esplendor por parte de mandatarios, intelectuales, analistas, pazólogos que, en nombre de principios inmutables, ahora sí, invocan la soberanía de un país que abiertamente patrocina el terrorismo con su apoyo a Hamas, Hezbolá, a los yihadistas, los hutíes y a otros grupos que atacan desde la clandestinidad, se mueven en secreto y en veces con el apoyo de gobiernos cómplices.

    Un principio que algunos de ellos silencian ante la agresión rusa a Ucrania a pesar de que en tal caso lo que sobresale y es reconocido por el dictador Putin es su ambición de adueñarse de ese país o de gran parte de su territorio sin tener una excusa válida para intentarlo.

    No voy a especular sobre los problemas de las tácticas de guerra en este conflicto del Medio Oriente, sobre la situación del momento, que es lo que hacen politólogos que de la noche a la mañana emergen como especialistas de la guerra y de la geopolítica del problema, dejando a la vista y al oido que se quedan en la simple opinión y dando rienda suelta, caso algunos medios europeos como France24 y DW a su sesgo antinorteamericano y antiisraelí.

    Muy grave que los desencuentros entre EE. UU. e Israel con la Unión Europea que vienen de años de atrás, maduren hasta la ruptura de uno de los dos grandes pactos en torno de los cuales giró la "Guerra Fría", tal como se desprende del evidente y razonable disgusto del presidente Trump y su Secretario de Estado Marco Rubio.

    No es algo deseable, puede derivarse hacia una situación de desestabilidad, temores, caos y guerrerismo ante la ausencia de gobiernos que lideren la contención y la disuasión.

    Cuánta falta hacen voces como la del recordado filósofo de mayo del 68 francés, André Glucksman, quien años después de ese movimiento y de haber superado su militancia maoísta, escribió un corto documento-carta de saludo y reconocimiento a sus "hermanos soldados norteamericanos" que ofrendaron con unas 30 mil vidas para liberar a Italia, Francia, Holanda y a Europa Occidental de la invasión nazi y posteriormente del expansionismo del régimen soviético. Atrás, fuera de la memoria, queda el gran Plan Marshall con el que EE. UU. financió la recuperación de la Europa de la Posguerra sumida en la miseria.

    Darío Acevedo Carmona, 7 de abril de 2026

  • La Universidad Nacional ¿campus de batalla?

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    Un tal y desconocido “Congreso de los Pueblos” está reunido esta semana en Bogotá. Los “delegados” se han tomado instalaciones de entidades oficiales, entre ellas la Universidad Nacional de Colombia, UN, a la que han dado en llamar la “casa de los pueblos”, sugiriendo de esa manera que ellos son el “pueblo”.

    Y como son “el pueblo” no necesitaban autorización de nadie para tomarse la UN y unos desconocidos dicen sin titubeos:  “No pedimos permiso porque esta es la casa de los pueblos. Para entrar a tu casa no se necesita autorización”.

    Según esos “voceros del “pueblo”, su presencia “busca visibilizar las difíciles condiciones que viven comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes en distintas regiones del país”, pero, claro que no demuestran en que parte de los estatutos que la rigen se consagra esa función.

    Entonces, para enterrar esa pregunta, declaran con absoluta seriedad, que también se tomaron la UN para “defender el papel histórico de la Universidad Nacional como una expresión viva del movimiento popular.” Y según la crónica de la Doble W Radio de la que extraigo los entrecomillados, esos “representantes de los pueblos consideran que ”el carácter público de la universidad no es un regalo institucional, sino el resultado de luchas sociales y estudiantiles. “Que hoy la Nacional sea una de las mejores universidades del país se debe al esfuerzo del movimiento social y no a quienes quieren convertirla en una empresa”, señalaron, sin especificar quiénes son esos “quienes”.”

    Ante esta situación forzada solo se ha escuchado la tímida declaración del rector Leopoldo Múnera, instalado en el cargo gracias a maniobras del presidente Petro y de  su ministro de Educación, en el sentido de que dicho ingreso se hizo sin su autorización. En igual sentido habló la vicerrectora de la Sede Bogotá, llamando a los intrusos a no alterar el curso de las actividades académicas. Y listo, creen haber salvado la faena.

    Se entiende que no es fácil lidiar con una multitud si se tiene en cuenta que la fuerza pública no puede ingresar a los predios para desalojarla en virtud de un veto histórico. Además, porque esa multitud de desconocidos que no solo es reconocida por sus integrantes, que no ha sido elegida por ningún pueblo en concreto, a través de actos comprobables, cuyos estatutos se desconocen, así como sus fueros, sus deberes, su financiación, etc. Solo sabemos de ellos por la bulla que hacen, por sus trilladas consignas, por sus arbitrarias acciones, por sus discursos reciclados de los altos funcionarios del gobierno y del presidente para los cuales la noción de “pueblo” se ha convertido en comodín que mágicamente explica automáticamente y por sí misma lo inexplicable, que valida lo ilegal, que autoriza la violación de la norma.

    Y causa alarma que la academia, la que se supone tiene por misión sagrada la creación y divulgación de saberes y conocimientos, así como la formación de profesionales y de esa forma, contribuir a la cultura y a la construcción de nación, y todo lo demás que le está asignado en textos, normas y leyes, fruto de la experiencia y de discusiones amplias y profundas de sus estamentos y de entidades oficiales, se trastoquen en burdas y demagógicas frases de cajón, se cambien por narrativas usurpadoras que se imponen a la fuerza.

    Y más alarmante es el silencio que a este respecto y sobre asuntos de tanto valor y estima, guardan las directivas actuales y la intelectualidad marxista y de la izquierda decente. No sabemos si esa “cordura” frente a tamaña agresión desde la que se intenta deformar la misión de la Universidad, tenga alguna relación con el intento, también silenciado por aquellos, de realizar una “Constituyente Universitaria” para entrar en el modo de asamblea popular constituyente

    Mientras tanto, los integrantes del Congreso de los Pueblos insisten en que su permanencia en el campus no busca generar conflictos, sino servir como un espacio de encuentro, denuncia y reflexión sobre los problemas sociales que enfrentan los territorios. Muy loables y considerados con sus capaces que se alojan en hoteles de buena cama mientras relegan a su “pueblo” a las friolentas instalaciones de la UN.

    Darío Acevedo Carmona 19 de octubre de 2025

  • Comunistas de ayer, comunistas del siglo XXI

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    A los comunistas de hoy en día no les gusta que les digan que lo son. Ahora se autodenominan "progresistas" o "socialistas bolivarianos del siglo XXI". Obviamente, entre los clásicos y ortodoxos, estilo Lenin, Stalin, Mao y los innombrables de la actualidad que dirigen la estrategia y los proyectos del Foro de Sao Paulo, hay diferencias, de estilo, de lenguaje y de vergüenza.

    Sí, leyeron bien, de vergüenza.  Porque los de antes (no es que fueran unos santos) se enorgullecían de ser comunistas y de línea "pura y dura" del marxismo, mientras a los de hoy les da pena reconocerse como tales, es decir, son vergonzantes.

    Y se apenan de profesar ese credo por los evidentes fracasos en la aplicación del modelo, por el desprestigio que le sobrevino con la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética, la adopción del capitalismo "neoliberal" por parte de la China comunista y la miseria de las dictaduras de Cuba, Corea del Norte y Venezuela.

    Los comunistas del presente saben que defender aquellas banderas y hablar el mismo lenguaje de sus antiguos maestros, los condenaría al fracaso.

    Los comunistas tipo Foro de Sao Paulo o socialistas del siglo XXI no es que sean unas mansas ovejitas, en realidad son unos lobos mal disfrazados de abuelitas, ya ni siquiera reivindican a la clase obrera como la clase vanguardia de la revolución, sino que hablan del pueblo, de los excluidos, los vulnerables, la pobrería, en vez de reivindicar la lucha de clases se refieren a las grandes desigualdades y a las injusticias sociales, no desdicen de la democracia burguesa sino que fungen como defensores de la democracia a secas, en vez de dictadura del proletariado dicen defender las libertades.

    Ya ni siquiera se oye hablar de partidos comunistas de esos que a sangre y fuego reclamaban el liderazgo de la revolución que la teoría dogmática les asignaba, y los que aún subsisten, enmohecidos en sus telarañas y ensueños, pasan desapercibidos.

    Los comunistas de hoy, buscan el calor de cobijas que antes detestaban e incluso perseguían a muerte como los homosexuales, los narcotraficantes, el fanatismo religioso, pues en ellos descubrieron potencial electoral y dinero para financiar campañas.

    En esta tarea cosmética no les podía faltar el cuestionamiento de las historias nacionales de las que rescatan oportunistamente la figura de Bolívar lo cual los aleja de la doctrina que consideraba a aquellos líderes como héroes de las clases dominantes. La idea hoy es usar la venerada imagen del Libertador como máscara que los hace ver patriotas.

    Pero, ese ocultamiento de su naturaleza ha conllevado, en algunos casos, como en el venezolano y el colombiano a que se aligeren sus antiguos estupores frente a la corrupción por cuanto tiende al enriquecimiento individual enseña del capitalismo y a que se arrimen al ejercicio del poder piratas, aventureros, narcos, viciosos, el lumpen, los avispados, etc., con fines personales.

    Marx y sus más lúcidos y destacados intérpretes, teóricos comunistas de antaño no tenían filtros para justificar la violencia política, en tanto esta es connatural a la lucha de clases, pero también porque a diferencia de la criminal común, está investida de un  sacro objetivo, la toma del poder para demoler el viejo sistema capitalista y erigir el paraíso en la tierra, por ello se declaraban subversivos o revolucionarios y desconocían las leyes y la constitución burguesas. Los de ahora piensan igual, pero se enmascaran

    No solo en Colombia sino en Latinoamérica no ha existido un teórico marxista sobresaliente, y eso se puede apreciar en la pobreza filosófica de los líderes del Foro de Sao Paulo, ni siquiera figuras como Fidel Castro, Lula Da Silva o López Obrador, alcanzaron la ortodoxia, quizás la única que se destacó aunque más en un plan de difusora pedagógica haya sido la chilena Marta Harnecker. 

    Los neocomunistas de Colombia no escapan a la modalidad maquilladora. Se puede apreciar en la gran cantidad de movimientos de izquierda que se han formado y que aún existen bajo diferentes denominaciones. Y en candidatos a la presidencia que no obstante su afán por edulcorarse no logran lavarse el rojo verdadero de sus rostros.

    Darío Acevedo Carmona, 24 de agosto de 2025

  • ¿Y ahora, qué vamos a hacer?

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    Este si es el atraco del siglo con el que una dictadura corrupta, sanguinaria y liberticida, nos demuestra a quienes defendemos el sistema democrático que somos víctimas de una idea que cree a ciegas que la única salida posible para derrocar a una dictadura de la calaña de Maduro-Cabello-Padrino es a través de elecciones.  Se presupone que la vía electoral, es decir, la democrática, debe ser pacífica.

    Nadie les ha reprochado a nuestros héroes de la independencia haber tenido que apelar a las armas y a la guerra para obtener la independencia y, en la mayoría de los países haber optado por el republicanismo, la democracia y las libertades individuales.

    No quisiera que el recurso a esta experiencia histórica sea interpretado como un axioma o un dogma, como tampoco debemos tomarlo al renunciar por siempre y en toda ocasión al levantamiento armado, a la rebelión contra una tiranía.

    En tal equívoco subyace, en buena medida, la ventaja que los sátrapas, estilo Maduro, Castro u Ortega, les llevan a sus opositores. ¿Qué métodos y con qué espíritu combativo no ha actuado la oposición venezolana contra la opresión? Y a pesar de sus denodados esfuerzos no han podido coronar su lucha.

    En la historia mundial de las últimas décadas hemos presenciado experiencias sorprendentes, casi increíbles, como por ejemplo, el derrumbe de la dictadura soviética en la antigua URSS provocada por su propia inoperancia interna o desgaste institucional, Un poco más de setenta años estuvo vigente sin que el pueblo o las masas u otra entidad llegara a ser artífice del monumental desastre. Casos como la derrota de tiranos como Hitler y Mussolini como resultado de la guerra, o, como el derrumbe del odioso y en apariencia indestructible Muro de Berlín ante una noticia equivocada por un vocero oficial. No debemos omitir mención a la caída del dictador rumano Nicolae Ceasescu depuesto por una manifestación convocada por él mismo que irrumpió en el palacio de gobierno, lo puso preso y luego lo condenó a muerte.

    Es decir, no hay una sola fórmula o vía o método para derrocar a dictadores, y, en tal sentido, podríamos decir que los cubanos, los nicaragüenses y los venezolanos, no han podido encontrar o forjar un camino hacia la libertad, pero, renunciar, per se, al levantamiento armado, es decir a la rebelión y de ser necesario encarar el desafío de una guerra civil, no es aconsejable. Hacerlo es otorgarle al dictador la ventaja de ejercer el terror, la represión y la corrupción. para mantenerse en el poder.

    ¿Qué hacer? se preguntaba Lenin, el líder bolchevique en el debate que las corrientes antizaristas y entre ellas las comunistas, estaban adelantando para derrotar ese régimen e instaurar la democracia liberal. Lenin recomendó a su partido la fórmula de la combinación de todas las formas de lucha: la lucha electoral, las huelgas, las movilizaciones de masas, pero, sin renunciar al uso de las armas. Dicha orientación no significaba la renuncia a la lucha armada y de allí concluyó, en medio de la derrota zarista en la Primera Guerra Mundial la necesidad de convertirla en guerra civil bajo la dirección de los comunistas.

    El comunista italiano Antonio Gramsci por la época de Lenin, lanzó una variante a dicha estrategia que, como podrá constatar cualquier persona medianamente informada de la historia del siglo XX, se entrelazó con la leninista en años recientes, sobre todo después de la caída del comunismo soviético y el fracaso del socialismo en China. Se trata de la Guerra Cultural consistente en penetrar e influir, no obstante su carácter lento, a las instituciones de los regímenes burgueses capitalistas, fuesen democráticos o no. Eso quería indicar que tal infiltración debía realizarse en el aparato educativo para instaurar la verdad revolucionaria cambiando el fundacional y tradicional relato histórico, también a las fuerzas armadas, al aparato judicial, al congreso o aparato legislativo, a los partidos burgueses, al clero, en una labor dispendiosa pero no siempre metódica que debía o podía desembocar en el triunfo de los comunistas, aun cambiándose el nombre y a través de las elecciones de la “odiada democracia burguesa”.

    Todo ello ha sido puesto en acción, en particular y con mayor fuerza, por la estrategia formulada en el Foro de Sao Paulo por los líderes comunistas Fidel Castro y Luis Inacio Lula Da Silva, entre otros, después del desastre comunista de los años noventa del siglo pasado. Entre sus novedades son destacables estas consignas y acciones: unir disímiles tendencias revolucionarias de la izquierda latinoamericana, adueñarse del movimiento de los Derechos Humanos,  deconstrucción del relato histórico, participar en elecciones, defender la democracia, anular la resistencia de los militares por medio de coimas, ascensos y castigos ejemplarizantes, comprometer al alto clero, estimular movimientos que contribuyan a la disolver las "patriarcales costumbres" burguesas como el proyecto Woke, el feminismo, el matrimonio homosexual, la disolución de la familia, establecer derechos incumplibles, apelando a sus estructuras de combate: milicias, primeras líneas, guerrillas, colectivos, abriendo las puertas a la corrupción  y el delito, etc.

    Ellos lo han hecho y han alcanzado éxitos en sus pretensiones de encubrir lo que realmente buscan: acceder al poder, ejercerlo de manera permanente, cambiar la constitución, establecer la gratuidad total, abolir la libertad de prensa, la propiedad privada, etc.

    Es decir, ellos, los Chávez, Lula, Ortega, Correa, Kirchner, López Obrador, los Petro, los Evo y otros más, conquistaron el poder para destruir las instituciones valiéndose de ellas.

    Me pregunto si ¿no ha llegado la hora de hacer lo inverso, algo parecido desde la defensa de la democracia, las libertades, la propiedad privada, el emprendimiento, el capitalismo, la educación, los derechos humanos, el llamado a las Fuerzas Armadas en defensa de la democracia y por su restablecimiento, ir a elecciones, etc., infiltrándolos a ellos, a sus nuevos aparatos y desoxidando el no inmoral recurso a la rebelión y a las armas de ser necesario?

    Darío Acevedo Carmona, 29 de julio de 2024

  • Los Golpes duros de Petro contra la institucionalidad

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    No voy a hacer comentarios sobre todos los hechos arbitrarios y vergonzosos protagonizados por quien se ha comportado como un dictador en desarrollo, su equipo de gobierno y hasta por amigos y seres muy cercanos. Me centraré en los hechos y conductas expresadas en actos e intencionalidades con sus consecuencias destructivas sobre cuestiones tan sensibles como la economía, la constitución, la separación de poderes, la ética, política de paz y de Fuerza Pública, salud, pensiones, lucha contra la corrupción, relaciones diplomáticas, narcotráfico y otros asuntos en los que puede haber evidencia de violación de leyes, de derechos fundamentales, de deberes establecidos en la Función Pública y repercusión en términos de ética.

    Manejo de la economía: el gobierno desde el presidente hasta ministros del área, han impulsado de manera oral y práctica medidas  que afectan el bienestar de la sociedad, las reglas de juego, la producción de bienes y servicios necesarios para la supervivencia, casos y hechos: 1. Suspensión o reducción significativa de la exploración de hidrocarburos, detrimento patrimonial de Ecopetrol. 2. Gasto desenfrenado e inusual de la Caja de gastos del gobierno central, aumento considerable del precio de la gasolina, 3. Propuesta al sistema bancario de transferir capitales de préstamos al gobierno para que sean manejados por el mismo, amenaza o insinuación de expropiación. 4. Propuesta de endeudamiento después de una reforma financiera que se suponía iba a mejorar la economía, con amenaza de emitir billetes sin respaldo si no se le aprueba esa iniciativa. 5. Consecuencia desastrosa de la intervención del gobierno en su política de estatizar los servicios de salud interviniendo las EPS vía asfixia en los aportes que  obligan al estado. La casi totalidad de indicadores económicas muestra un saldo en rojo. Se ha causado pánico financiero, reducción de la inversión interna y externa, pérdida de confianza, más desempleo, carestía, informalidad.

    La Constitución: se ha visto afectada por anuncios temerarios que demuestran intencionalidad y algunos hechos: 1. Ataques a la separación de poderes, menosprecio al Congreso de la República, amenazas y presiones con mítines en contra de las Cortes, manipulación al intervenir y presionar el nombramiento de Fiscal. 2. Anuncio de convocar a una asamblea constituyente para redactar una nueva carta violando los procedimientos claramente definidos en la Constitución, hablar de proceso constituyente o en marcha, llamar el “pueblo” a que se manifieste en las calles, clara intervención en política al hablar de posible alargue del mandato presidencial o de revivir la reelección.

    Política de paz y de Fuerza Pública: desde el inicio de su mandato, Petro ha tomado medidas que aunque puedan estar revestidas de legalidad han puesto en peligro la seguridad nacional, incrementado la delincuencia común, fortalecido las guerrillas y los GAO. 1. Llamando a calificar servicios a cerca de 80 generales y altos mandos de las Fuerzas Militares y de Policía, 2.  Desautorizando la renovación de la Fuerza Aérea de combate, impidiendo los bombardeos a las bases de los gaos y guerrillas, haciendo concesiones de control de territorio a esas estructuras sin nada a cambio, entablando negociaciones con el grupo reincidente comandado por jefes de las Farc que negociaron el Acuerdo de La Habana, solicitar que la guerrilla del Eln, sin haber suspendido sus operaciones terroristas sea excluido de la lista de grupos terroristas de la Unión Europea. 4. Romper relaciones diplomáticas con Israel principal asistente en materia de armas, equipos y municiones de las Fuerzas Armadas y de Policía. 5. Otorgar subsidios de a millón de pesos a miles de jóvenes para que no asesinen, reivindicar a los integrantes de la 1ª Línea que han sido judicializados y presionar a la Justicia, movilizar escuadrones de indígenas y personas afrodescendientes y campesinas en forma guardias en formación miliciana aunque sin armas y transportarla por fuera de sus lugares naturales para utilizarlos en la movilización política de apoyo al gobierno. 6. Negarse a fumigar los cultivos ilícitos con la secuela de auge no visto del narcotráfico.

    Darío Acevedo Carmona, escrito en junio 2024

  • La destrucción del relato fundacional y la historia

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    El proyecto del Foro de Sao Paulo al que aludí en columna anterior, orienta a sus integrantes a revisar las versiones históricas de carácter fundacional de sus países. Por historia o relato fundacional, entendemos algo que todo país y nación poseen, un conjunto de elaboraciones míticas y rituales que procuran establecer y afirmar lo que hay de común en sentido identitario a una población.

    Ahí encontramos personajes reales específicos, acontecimientos heroicos, fechas de especial significación y recordación, símbolos como la bandera, el escudo y el himno nacional cuyas notas y letras son específicas, distintivas en cada país. En general, estos elementos no están sujetos al debate, pues no se cambia de nacionalidad de manera caprichosa como no se cambia de familia ni de lugar de nacimiento. Como afirmó el filósofo francés Ernest Renán, la nación es una historia común, es un sentimiento, es un alma, un principio espiritual, un rico legado en recuerdos, un deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa, es la consecuencia de un largo pasado de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos. El reconocimiento a los antepasados nos ha hecho lo que somos. Algunos la llaman historia patria o cívica y se educa a los niños desde la temprana infancia en la escuela primaria.

    Esa historia es diferente a la historia académica que requiere una formación profesional o una dedicación profunda de parte de personas con algún grado de preparación. En las universidades del mundo se otorga grado universitario básico, de magíster y de doctorado.

    Esta es una disciplina de las ciencias humanas que se caracteriza, entre otras cosas, por su dinamismo, por estar sujeta a contrastación, constatación y por supuesto a debate. La especulación en ella está reglada por requisitos establecidos en el campo disciplinar y siempre sus productos en tesis, libros o ensayos deben estar soportados en fuentes y elaborados en un estilo dialéctico, demostrativo. También se basa en hechos, fechas, lugares, personajes, sociedades y países.

    Dicho esto, que no es, ni de cerca, todo lo que se ha dicho al respecto, a donde quiero llegar es a mostrar el atropello que, desde distintas corrientes de izquierda, de inspiración marxista, y hoy en día desde el gobierno de Gustavo Petro, se pretende imponer al revisar, cuestionar y hasta destrozar tanto nuestra historia fundacional como la naturaleza abierta y científica de la historia académica.

    El primer gran pecado o absurdo cognitivo del marxismo radica en pretender mirar y entender el pasado a la luz del paradigma de la lucha de clases. No hay duda sobre la gran influencia de distintas formas de entender el marxismo entre la comunidad de historiadores colombianos e incluso de otros países. En ese manantial beben los que cometen la arbitrariedad reduccionista de referirse al pasado para plantear una revisión moralista de lo sucedido décadas y siglos atrás para concluir en la consigna de la deuda histórica. Recordemos el discurso de Petro sobre ese asunto en España. Una actitud anacrónica pues busca aplicar a otras épocas ideas, valores y principios de creación y aceptación reciente.

    El presidente Petro, que no es, ni de lejos, mucho menos de cerca, un historiador, omitiendo que su voz tiene carácter oficial, algo que él parece no haber entendido, ha lanzado tesis asombrosas por desquiciadas que terminan borrando las profundas diferencias entre los tiempos, de ahí que sigamos siendo “esclavistas”, que la independencia fue obra de una “oligarquía”, que la violencia liberal conservadora fue motivada por el tema de la propiedad de la tierra, su negacionismo de una de las más grandes evidencias de crímenes incomparables por su crueldad como lo fue el holocausto judío, abuso que conduce a revictimizar al pueblo judío.

    Petro y su élite asesora no pierden ocasión para causar estropicios tanto al relato fundacional, es decir, a nuestros sentimientos comunes de identidad, como para fungir de historiadores académicos y lucir galas en sus mediocres, simplistas y absurdos discursos ante públicos respetables. Ellos no entienden o no lo quieren aceptar que, al proceder de esa forma, están creando verdades oficiales propias de regímenes dictatoriales.

    Y ahí sí nos tenemos que remitir a la historia reciente de dictaduras comunistas que se caracterizan por establecer verdades oficiales que circulan como dogmas inobjetables, desde los cuales se justifica borrar personas y hechos, se recrean o inventan otros, se crean nuevos héroes y algunos hechos son magnificados para deslumbrar y suscitar odios y falsos hitos. Stalin, p.e. borró a Trotsky, a Bujarin y a otros dirigentes bolcheviques de la historia de la revolución rusa de 1917. Fidel Castro hizo lo mismo con decenas de intelectuales, empresarios y escritores que fueron encarcelados o tuvieron que huir de la persecución por sus opiniones. Acá en Colombia, nos quieren hacer creer que el surgimiento de las guerrillas fue causado por la exclusión de la dictadura del Frente Nacional y no como expresión de proyectos políticos influenciados por experiencias revolucionarias comunistas de distintos centros de poder como la URSS, China y Cuba.

    Temas de gran trascendencia a los que prestamos poca atención. Nos voltean la bandera al revés en la cara y nos quedamos impávidos

    Darío Acevedo Carmona, 10 de diciembre de 2023

  • Capitalismo, con enemigos sin opción

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    A la luz de la presencia de vida humana en el planeta tierra, 250 años no es mucho tiempo. Es el lapso que ha transcurrido desde mediados del siglo XVIII hasta hoy y durante este periodo que hoy vivimos, sufrimos y gozamos, la diferencia en experiencias, vivencias, novedades y acontecimientos con respecto a los milenios que lo antecedieron, sin menospreciar los inventos de la rueda, la escritura, la organización social, etc., es enorme y colosal.

    Para esta época hay un solo nombre que puede cubrir con su manto y significado a esa criatura que, es aún joven y que nos sigue sorprendiendo a pesar de quienes la han dado por muerta desde que surgió arrasando formas de existencia que se habían tornado insuficientes para satisfacer las crecientes necesidades de pueblos que querían cambiar el mundo, progresar y salir del estancamiento.

    Se trata, por supuesto, del capitalismo, el epifenómeno que se ha expandido por todo el planeta y que ha moldeado la llamada sociedad o época de la modernidad. El que ha sido estudiado por tirios y troyanos para alabarlo o defenestrarlo, para estigmatizarlo o reconocerlo, acusarlo de todos los males o defenderlo como el motor del progreso humano.

    Cómo no pensarlo en su estrecha e íntima relación con el surgimiento de nuevas formas de pensar los problemas de la vida y de la existencia humana como la filosofía de la ilustración, el liberalismo, el individualismo, el utilitarismo y la consecuente aparición de ideas y proyectos políticos de sociedad, de modelos políticos de poder, del constitucionalismo en el marco de experiencias, unas en medio de hechos revolucionarios, otras de circunstancias de arreglos y mediaciones, en todo caso asombrosas por su vitalidad y su carácter ecuménico. Con epicentros que hoy en día siguen siendo referentes: las grandes revoluciones de Francia e Inglaterra y de independencia americana, y hasta inspiradora, por la inevitable secuela de problemas, de teorías y proyectos para abatirlo y reemplazarlo con modelos utópicos de perfección.

    Este epifenómeno que ha resistido graves crisis, pues no pretende ser inmune a la imperfección, que ha salido avante a recesiones, no ha abandonado la característica esencial que le señalaran los padres del socialismo, Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, a saber, el de estar revolucionando constantemente las fuerzas productivas y las técnicas de producción.

    No tiene una fecha precisa de surgimiento, no tiene un creador, no está patentado, se expande y llega a donde se le facilite su instalación, carece de sentimientos, no es un partido ni una secta ni una religión. Es, llanamente, un fenómeno fruto de los intercambios y de la actividad económica. Un fenómeno en cuyo espectro se destacan el impulso a la ciencia e hitos como la creación de la energía a vapor, eléctrica y atómica, los motores, las industrias, la navegación y sus aparatos barcos, trenes, autos, aviones, el cine, la televisión, la radio.

    En su desarrollo se explica y tiene lugar el surgimiento de las grandes concentraciones humanas, las ciudades y todo lo que en ellas requieren sus habitantes: los bienes para sobrevivir material y culturalmente. Por supuesto, las complejidades, los desarrollos desiguales, la precariedad humana, y tantas otras cosas siguen, como en tiempos inmemoriales, alimentando guerras y revoluciones, violencias e injusticias, aunque no fueron creadas por el capitalismo.

    La migración del hombre es asunto de siempre, desde cuando salió de África hacia otros espacios. El capitalismo ha moldeado instituciones y valores como el de la propiedad privada como condición indispensable para su desarrollo, las reglas de juego económico estables y seguras, la amplia circulación del pensamiento, la ciencia y la educación, no la bien con obstáculos y medidas que atenúen su eficacia, pero sobrevive a pesar de los ensayos.

    Hoy por hoy, nos dicen los conocedores y estudiosos del epifenómeno, asistimos a una tercera fase (no sabemos cuántas más vendrán) de su existencia, la denominada era de lo digital, la nanotecnología, la computarización, y demás creaciones que confluyen hacia lo que muchos se animan en llamar la Inteligencia Artificial, cuyos primeros experimentos se imponen a una velocidad que supera todos los límites de la imaginación y que retará a la humanidad, a todos los países y gobiernos a la reducción de la jornada de trabajo, a la ingeniería genética, a la producción alimentaria proteínica industrial, y al riesgo de probables accidentes derivados de la gran capacidad de autonomía de máquinas que reúnen en sus entresijos más conocimiento que cualquier científico o entidad del saber.

    De modo que, insistir en el discurso anticapitalista y en consecuencia en contra de la acumulación de riqueza por países, empresas e individuos no deja de ser una actitud reaccionaria y una estupidez de quienes creen que el capitalismo llegó a su nivel más alto de incapacidad de resolución de los problemas humanos sobre el supuesto de que el capitalismo tiene una misión asimilable a la que tienen los partidos, las iglesias y unos despistados que no han podido encontrar ni diseñar un sistema alternativo. Que lo digan los rusos y los chinos.

    Darío Acevedo Carmona, 27 de noviembre de 2023

  • Turbulencias políticas en Latinoamérica

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    Intensas movidas estamos presenciando en las últimas semanas en la región latinoamericana. El saldo por ahora, aunque no marca una tendencia definitiva, si se inclina a favor de las fuerzas democráticas y libertarias que se enfrentan a aquellas que gobiernan dictatorialmente como en Venezuela o están en manos de agendas populistas de izquierda como es este mismo país y Argentina.

    Mientras en Brasil la pretensión del liberal radical Jair Bolsonaro salió derrotada por un Lula desprestigiado y salvado de las aguas penales por un artilugio procesal que no lo eximió de su responsabilidad, en Paraguay con Santiago Peña se consolidó la democracia y, más recientemente en Ecuador, el correísmo recibió una gran paliza ante el joven Daniel Noboa.

    En Argentina si bien Javier Milei no salió avante en primera vuelta, tiene más posibilidades de incrementar su votación si logra un acuerdo con Patricia Bullrich, en tanto el candidato kirchnerista con el que se verá en duelo en segunda vuelta, carece de aliados.  

    En todo caso, a quienes defendemos la democracia y las libertades, la propiedad privada y la creación de riqueza y empleo, nos debe quedar claro la monumental dificultad para desbancar por la vía electoral a regímenes populistas y estatizantes que han condenado a la sociedad a la miseria y a la denigrante función de mendigar del estado bienes que antes se obtenían con el propio esfuerzo y trabajo.

    En Venezuela, a pesar de la hostilidad, amenazas y vetos de la dictadura de Maduro en contra de Corina Machado, la más opcionada y más votada en las primarias del domingo 22/octubre con más de un 94 por ciento de votos en la coalición, las cosas siguen estando muy oscuras ya que el dictador Maduro es consciente que en las definitivas elecciones presidenciales de 2024 ella es la rival que pondría en peligro su permanencia en el poder. La presión del gobierno estadounidense podría deshacer el nudo gordiano creado por la funesta alianza de los chavistas con las fuerzas armadas, con las guerrillas colombianas y con el narcotráfico.

    Por ahora y a la expectativa de un triunfo de la oposición democrática y libertaria en Argentina, el dulce se ha puesto a mordiscos para los regímenes populistas de izquierda y los movimientos amparados por el Foro de Sao Paulo que tienden a debilitarse.

    En Colombia este domingo 29 de octubre tendrán lugar las elecciones regionales en las que se elegirá a 32 gobernadores, más de mil cien alcaldes, centenares de concejales y decenas de diputados, además de ediles. La contienda se perfila como el escenario en el que el criticado gobierno de Gustavo Petro mide fuerzas con partidos de oposición, campo en el que se destaca el Centro Democrático liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y en el que otros partidos y movimientos nacionales, regionales y locales han postulado sus candidatos.

    Será ocasión para establecer que tan sólida es la alianza del Pacto Histórico de Petro, una agrupación de sectores de izquierda y extrema izquierda, con partidos y grupos disidentes del liberalismo y el conservatismo que a cambio de puestos han decidido acompañar a un gobierno que, en un año largo de mando según las encuestas, ha visto reducido de manera significativa el apoyo de la población, y qué tan oxigenada puede resultar la oposición.

    Se palpa en el ambiente la idea de que este certamen electoral ha opacado una estrategia de confrontación más frontal y de choque a la espera de su resultado. Si este, como es la expectativa, es muy positivo para la oposición, por ejemplo, si recupera las alcaldías de las grandes capitales departamentales como Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga y se mantiene la de Barranquilla, y se obtienen algunas gobernaciones claves como Antioquia, Cundinamarca, Valle, Atlántico y Santander, se habrá creado la condición para dar un salto cualitativo en las formas y objetivos a emplear en la confrontación al gobierno Petro.

    La Oposición estará obligada a señalarle a sus bases y a la población en general que es la hora de forjar una plataforma unitaria que trace el rumbo a seguir, tanto para evitar que los desastrosos proyectos de Petro salgan avante, como para convocar a una movilización más activa, pacífica sí, pero, más persistente y contundente que tenga por objetivo central la derrota del proyecto populista de Petro, de su pretensión de extender su mandato, de recuperación social y económica, de restablecimiento de nuestra política exterior, de reafirmar los principios modulares del estado democrático, las libertades, el respeto a la propiedad privada, el emprendimiento, el control de la inflación, el empuje de la educación, el restablecimiento de la seguridad, el respeto y fortalecimiento de la Fuerza Pública, todos ellos debilitados en grado sumo por el gobierno Petro.

    Darío Acevedo Carmona, 24 de octubre de 2023