18/06/2013
¿CONSTITUYENTE?
Palabras clave: Constituyente, gobierno Santos, conversaciones de paz
Número de palabras: 802
La idea de convocar una asamblea constituyente vuelve al primer plano porque los delegados de las Farc en La Habana insistieron de nuevo en plantear que ese es el mecanismo ideal para convalidar los acuerdos entre gobierno y guerrilla. Me supongo que hay algo más que ese angelical interés. Sin abandonar sus viejos ideales de una sociedad comunista (aunque no lo reconozcan así) están notificados por sus camaradas del vecindario y por el polvo de la derrota estratégica que sufrieron en el inmediato pasado, a buscar otros medios distintos a las armas para alcanzar el poder y construir el modelo.
La constituyente sería el mecanismo ideal para iniciar una experiencia de tipo electoral que les permite lavar la imagen de terroristas. Deben ser conscientes de que por sí solos no obtendrían resultados alentadores, por eso han llamado a la conformación de un amplio movimiento de masas conformado por grupos sociales y fuerzas políticas de izquierda en torno a unas banderas que ya no serán de corte revolucionario sino reformista. El ELN también se ha pronunciado en el mismo sentido en su boletín de mayo.
Desde el costado de la legalidad, donde se mueven con habilidad sus defensores y aliados se escuchan voces en favor de esa gran alianza. Conversan los del Polo con los de la Marcha y los Progresistas, Ongs, Colectivos de litigantes de derechos humanos y hasta liberales. ¿Cuál es la línea esencial que los aglutinaría? No es otra que la idea de sentar las bases del modelo bolivariano chavista en Colombia.
Para todos ellos, una constituyente significa el comienzo de una nueva Colombia. De modo pues que hay algo más ancho que ratificar acuerdos de paz. El gobierno nacional se ha negado hasta ahora a aceptar la demanda de las Farc. Considera que está fuera de lugar, que basta con una consulta popular. Ahí se visualiza uno de los nudos gordianos en una negociación llena de equívocos, candidez, mañas y marañas.
Entre los escribanos del santismo en la prensa nacional cunde el pánico ante la posibilidad de un fracaso en La Habana. Unos dicen que el fracaso de las conversaciones en La Habana sería un desastre no porque se frustre un anhelo nacional sino por una razón mezquina hasta los tuétanos, “es que eso es el triunfo del uribismo en las próximas elecciones”. Otros piensan que convocar una constituyente es muy peligroso porque el estado de la opinión pública favorece ampliamente a lo que ellos, con absoluto simplismo, sectarismo y hasta ignorancia, llaman la “extrema derecha”.
Sorprende que personas que han recibido los dones de la alta educación caigan en consideraciones tan ruines y antidemocráticas, pues no otra cosa puede uno decir de quienes creen que la democracia es buena cuando ganan y mala si pierden. Es lo que se observa por ejemplo en la actitud antirevocatoria del alcalde bogotano, Gustavo Petro, quien luchó en el pasado por la instauración de mecanismos de democracia directa como el referendo, el plebiscito, la revocatoria de mandato, las veedurías ciudadanas, las consultas y hasta la constituyente, y ahora que la opinión no le favorece, considera turbio el procedimiento.
Cualquier estudiante de ciencias políticas entiende que una constituyente debe ser justificada o rechazada no por el cálculo mezquino sino por razones de mayor peso. Por ejemplo, un cambio revolucionario en el poder, un golpe de estado, una turbación social de grandes magnitudes, una guerra civil, que no es nuestro caso, en la que dos bandos de igual a igual luchan por el triunfo sin poder alcanzarlo, o, en fin porque las leyes son insuficientes o no dan cabida a algún sector importante de la sociedad o no reflejan el interés general. Y, Colombia, por fortuna, no se encuentra en una situación de crisis. Así que los miedosos de la democracia se pueden liberar de sus fantasmas, ya estamos notificados de que su espíritu democrático no les llega ni a los tobillos.
Una constituyente en Colombia no se justifica porque la constitución vigente cuenta con amplio margen de legitimidad y respaldo. Los problemas del país parecen ubicarse en el terreno de la aplicación de políticas públicas que apunten a remediar las carencias materiales y educativas que nos avergüenzan, y eso debe resolverse en el campo de la lucha ideológica y política entre partidos y movimientos en las elecciones y en la confrontación de propuestas y proyectos puestos a consideración de la ciudadanía.
Mucho menos se justifica una constituyente para darle gusto y juego político a un grupo que fracasó en su esfuerzo de representar algo o alguien que constituyera un sector respetable de este país. Si lo que quieren es participar en el juego democrático, lo primero que deben hacer es abandonar la violencia y las armas y buscar garantías para ingresar a movimientos y marchas que los esperan con los brazos abiertos.
Darío Acevedo Carmona, Medellín 16 de junio de 2013
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¿QUIÉN TIENE LAS LLAVES DE LA PAZ?
TAGS: Juan Manuel Santos, soberanía, chavismo, Nicolás Maduro, Henrique Capriles, Paz, Farc.
Número de palabras: 910
Si es verdad que el presidente Santos llamó al presidente impostor de Venezuela, Nicolás Maduro, para informarle que iba a recibir al jefe de la oposición, Henrique Capriles, estamos ante una clara abdicación de soberanía. Mucho se ha especulado acerca de si la movida de Santos obedecía a un cálculo, algo así como una apuesta para ver qué tipo de reacción tomaba Maduro o más bien una cosa ideada con el fin de demostrar independencia y zafarse de la tutela del vecino en las negociaciones de La Habana con las Farc, y ganar puntos en la contienda presidencial ya en marcha en el país. Sea lo que fuere, es inaceptable que en las relaciones internacionales se proceda como jugando al póker. La política exterior debe llevarse con más seriedad y obedeciendo a criterios muy pensados y de largo aliento.
Si hubo la llamada, eso da para pensar que el acuerdo Chávez-Santos de Santa Marta tuvo un significado mucho mayor que el que sirvió a Santos para declarar a Chávez su nuevo mejor amigo. Haciendo memoria fue exagerado lo que cedió nuestro primer mandatario en aquella histórica cita. Primero, echó en saco roto los justos reclamos por la presencia de bases y líderes farianos en territorio venezolano con aquiescencia del gobierno y sus fuerzas militares. Segundo, Colombia deshizo el trato que tenía con los Estados Unidos para el reforzamiento y modernización de bases militares colombianas, proyecto que había levantado ampollas del gobierno chavista. ¿Todo a cambio de qué? De convertirlo en facilitador de un proceso de paz incierto y sin compromisos serios de parte de la guerrilla para abandonar la lucha armada. De manera que no solo cedimos en materias sensibles de seguridad y de equilibrio estratégico, sino que se abrió el espacio para que Chávez se convirtiera, nuevamente, en factor clave en la resolución de la violencia colombiana, se entrometiera en nuestros asuntos y chantajeara con el retiro de su apoyo ante el más mínimo incidente.
Y, en efecto, Santos proporcionó ese pretexto a un gobierno urgido de un enemigo externo a quien achacarle, al mejor estilo de la dictadura castrista, todos los males y hasta los más fabulosos planes de asesinato y de complots con el imperialismo yanqui para derrotar su revolución. La “jugada” del presidente Santos, tan ingenuamente aplaudida y calificada de gesto autónomo por sus áulicos, produjo un efecto inesperado para los asesores de Palacio. Lo más probable es que en sus inflados cálculos no cabía que Diosdado primero y Maduro y Jaua después, dieran por finalizado el romance y prácticamente declararan traidor y violador de compromisos a Santos. La teatralidad montada por el chavismo no ha generado la más mínima reacción de protesta de las débiles democracias latinoamericanas que han agachado sus cabezas ante el temor de perder las dádivas del gobierno bolivariano. El intervencionismo funciona y es válido y legitimo si está en cabeza del chavismo.
La última declaración de las Farc desde La Habana (ElEspectador.com 8/06/2013) en la que se solidarizan con el gobierno ilegítimo de Venezuela en su protesta por la recepción a Capriles y por el fallido anuncio del propósito de ingresar a la OTAN, es una buena prueba de cuan estrechos son los lazos entre el chavismo y las guerillas colombianas y de cómo ambas hacen parte de un proyecto estratégico de unir a toda Latinoamérica en el sendero del “socialismo del siglo XXI”. Para las Farc es más importante la seguridad de Venezuela que la colombiana, eso explica su condena al gobierno Santos por sus pretensiones de ingresar a la OTAN. La conclusión para ellos es tan grave como la de los mismos chavistas, según las Farc “La actitud de Santos desinfló el optimismo, la atmósfera favorable a la paz que se había logrado construir con tanto esfuerzo en La Habana. La cuestión se resume en el hecho de que si no fuera por Venezuela no tendría lugar el diálogo de paz de la capital cubana”.
Como auténticos apéndices de las directrices y de las políticas de Maduro y Diosdado, las Farc calificaron de “justa” la reacción de Caracas y llegaron más lejos al declarar que las negociaciones quedaban en un “limbo”. Incluyeron en su crítica la visita del Vicepresidente norteamericano Joe Biden y en el colmo de la paranoia afirmaron que la “Alianza del Pacífico” de Colombia con Chile, Perú y Méjico, hacía parte de un complot para “descarrilar” a los gobiernos “populares” de la región.
Queda pues latente, a ojos vistas, la estrecha comunidad de intereses entre el chavismo y las Farc y el excesivo juego dado al gobierno de Venezuela en el proceso de paz, ya que por lo visto, es este el que decide, al final de cuentas, si este avanza o se detiene. Son ellos los que tienen la llave de la paz. Razón muy poderosa para aumentar la desconfianza en esas conversaciones.
Más descorazonador aún es constatar el hecho de estar viviendo las consecuencias de una actitud entreguista de nuestra soberanía a cambio de una paz incierta y de manejar las relaciones exteriores como si se estuviera jugando cartas en un casino. Colombia ingresó a UNASUR y a la CELAC organismos creados por el chavo-castrismo para inutilizar a la OEA, haciéndole el juego a Hugo Chávez. Los compromisos explícitos e implícitos con el chavismo le impiden a la cancillería colombiana reaccionar con el debido decoro y honor so pretexto de guardar las formas y evitar las provocaciones.
Darío Acevedo Carmona, Medellín 9 de junio de 2013
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