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centro nal de memoria histórica

  • Gaitán, su nieta, el CNMH y delirantes atropellos a nuestra historia

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    Durante su gestión como directora General del Centro Nacional de Memoria Histórica, la arquitecta María Valencia, se hizo apellidar Gaitán para honrar la memoria de su abuelo, el caudillo liberal Jorge Eliécer y convirtió la entidad en gestora de la que para ella fue la primera y más importante víctima del conflicto armado.

    Ese fue su abrebocas que después adobó al añadir uno dos despropósitos con la historia nacional al afirmar en una frase, sin demostración fáctica, que él, su abuelo, había sido asesinado en el marco del conflicto armado y que este hundía sus raíces, precisamente en el hecho infausto de su asesinato el 9 de abril de 1948. Por lo tanto, ella misma, sin otra base que su condición de nieta, cambió hechos y fenómenos llevada de su parecer, dejando muestras no solo de su ignorancia en materia de historia política, sino de arbitrariedad y extralimitación de funciones:

    “Reconocemos los hechos del conflicto armado de los últimos 80 años en Colombia” es la afirmación que figura en la página oficial del CNMH. No es una frase cualquiera porque nos remite a 1946 época en la que Gaitán fue nombrado jefe único del partido Liberal, el país no se había hundido en la ordalía de la violencia fratricida, si bien los debates entres rojos y azules eran cada vez más urticantes y venenosos. Pero, no hay una sola señal, léase bien, ni una sola señal que nos indique que lo que estaba sucediendo en la segunda parte de la década de los 40 era igual o mínimamente similar al periodo 1° de enero de 1985 hasta 2012 temporalidad definida por la ley de víctimas 1448 de 2011 para que el estado las reconozca y las repare simbólica y materialmente a través de acciones de memoria.

    El llamado conflicto armado interno se caracteriza por la existencia de numerosos grupos guerrilleros de extrema izquierda, comunistas, de grupos paramilitares de extrema derecha, de un estado agobiado y al borde del colapso y una sociedad azotado por las mafias y el narcotráfico. Lejos habían quedado las disputas bipartidistas conjuradas por el Frente Nacional.

    Gaitán no se parece a nadie de los líderes de hoy en día, ni los problemas, ni las ideas ni los proyectos o programas. Los años 1948-1958 se conocieron como la época de la Violencia, y así quedó para siempre avalada en el imaginario colectivo por la población, algo que explica bien el historiador marxista Gonzalo Sánchez, ex director del CNMH entre 2012 y 2018, y quien guardó silencio ante la osadía de la nieta de Gaitán.

    Pero, ese tipo de distorsión de nuestra historia no es extraña en el quehacer de algunos historiadores que quieren reducir el pasado a una línea macro determinante, a saber, la historia de la lucha de clases, oligarquía versus pueblo y que simplifica la complejidad de nuestro pasado presentándolo como un fenómeno de violencia permanente, una visión que además de extrapolar y magnificar el peso de ella en la vida nacional, niega la realización de un conjunto de hechos, procesos, proyectos y fenómenos de orden económico, cultural, político, religioso, educativo, etc, en la formación del país.

    La violencia política como factor determinante de nuestro ser histórico, es el componente mágico del que se aferra una tendencia de historiadores de inspiración marxista, unos declarados comunistas y otros vergonzantes o taimados, que han querido sembrar la idea de que Colombia ha sido signada por una guerra permanente, tesis de Gonzalo Sánchez en su libro Guerra y política en la sociedad colombiana. Una historia de vacíos e incumplimientos como el de que Colombia nunca pudo solucionar el problema de la tierra de donde deducen la causa originaria de la violencia, o que en Colombia siempre hubo una oligarquía que se adueñó del poder para enriquecerse, que el estado es el principal y el único responsable de todos los desastres y del atraso del país, que tenemos un estado ausente y violador de los derechos humanos.

    Esas tesis, muy bien escritas, son falsas porque no dejan de ser lo que siempre han sido, especulaciones supuestamente estructuralistas en cuyas profundidades se encontraría el abc de la violencia. Causas estructurales, sociales, económicas carentes de respaldo de fuentes de campo, pero en las que sí abundan opiniones y conclusiones de naturaleza ideológica y se borra la influencia de las diversas corrientes comunistas y el papel de la Cuba castrista. En suma, estamos ante una especie de aplanadora de corrientes de izquierda, marxistas, comunistas, socialistas que en medio de sus diferencias han copado, no solo la disciplina histórica, sino otras profesiones como la sociología, la antropología, la economía, etc.

     Incluso, algunos profesores y líderes sindicales, más comprometidos y militantes, convierten a personajes no necesariamente destacados en grandes héroes, con trayectorias almibaradas de valentía sinigual cuyo caso más patético es el de María Cano una intelectual que en los años veinte del siglo pasado les enseñaba primeras letras a personas de baja condición, a artesanos y obreros. Ella habría militado en un partido socialista desconocido y desautorizado por la Internacional Comunista de Stalin, que forzó a algunos dirigentes a organizar un auténtico partido comunista en 1930, del que fueron excluidas Cano y otros dirigentes. Pero, ella era la compañera del líder sindical Ignacio Torres Giraldo, figura de los comunistas de verdad, quien la mantuvo en silencio desde 1930 hasta los años 1960, treinta años silenciada, cuando ya anciana y desmemoriada, a él se le ocurrió en un texto exegético, María Cano Mujer Rebelde, elevarla a la condición de heroína del proletariado.

    Por eso, en las páginas del CNMH, en algunos de sus textos paradigmáticos como “Basta Ya”, tienen espacio, victimarios como el jefe del M19 Carlos Pizarro, que de acuerdo con el artículo 3 de la Ley de víctimas 1448, no puede serlo, se refieran a las guerrillas como luchadores populares y se exponen teorías vergonzosas sobre la sociedad, el estado colombiano y sobre nuestro pasado.

    Darío Acevedo Carmona, 16 de octubre de 2026

    Durante su gestión como directora General del Centro Nacional de Memoria Histórica, la arquitecta María Valencia, se hizo apellidar Gaitán para honrar la memoria de su abuelo, el caudillo liberal Jorge Eliécer y convirtió la entidad en gestora de la que para ella fue la primera y más importante víctima del conflicto armado.

    Ese fue su abrebocas que después adobó al añadir uno dos despropósitos con la historia nacional al afirmar en una frase, sin demostración fáctica, que él, su abuelo, había sido asesinado en el marco del conflicto armado y que este hundía sus raíces, precisamente en el hecho infausto de su asesinato el 9 de abril de 1948. Por lo tanto, ella misma, sin otra base que su condición de nieta, cambió hechos y fenómenos llevada de su parecer, dejando muestras no solo de su ignorancia en materia de historia política, sino de arbitrariedad y extralimitación de funciones:

    “Reconocemos los hechos del conflicto armado de los últimos 80 años en Colombia” es la afirmación que figura en la página oficial del CNMH. No es una frase cualquiera porque nos remite a 1946 época en la que Gaitán fue nombrado jefe único del partido Liberal, el país no se había hundido en la ordalía de la violencia fratricida, si bien los debates entres rojos y azules eran cada vez más urticantes y venenosos. Pero, no hay una sola señal, léase bien, ni una sola señal que nos indique que lo que estaba sucediendo en la segunda parte de la década de los 40 era igual o mínimamente similar al periodo 1° de enero de 1985 hasta 2012 temporalidad definida por la ley de víctimas 1448 de 2011 para que el estado las reconozca y las repare simbólica y materialmente a través de acciones de memoria.

    El llamado conflicto armado interno se caracteriza por la existencia de numerosos grupos guerrilleros de extrema izquierda, comunistas, de grupos paramilitares de extrema derecha, de un estado agobiado y al borde del colapso y una sociedad azotado por las mafias y el narcotráfico. Lejos habían quedado las disputas bipartidistas conjuradas por el Frente Nacional.

    Gaitán no se parece a nadie de los líderes de hoy en día, ni los problemas, ni las ideas ni los proyectos o programas. Los años 1948-1958 se conocieron como la época de la Violencia, y así quedó para siempre avalada en el imaginario colectivo por la población, algo que explica bien el historiador marxista Gonzalo Sánchez, ex director del CNMH entre 2012 y 2018, y quien guardó silencio ante la osadía de la nieta de Gaitán.

    Pero, ese tipo de distorsión de nuestra historia no es extraña en el quehacer de algunos historiadores que quieren reducir el pasado a una línea macro determinante, a saber, la historia de la lucha de clases, oligarquía versus pueblo y que simplifica la complejidad de nuestro pasado presentándolo como un fenómeno de violencia permanente, una visión que además de extrapolar y magnificar el peso de ella en la vida nacional, niega la realización de un conjunto de hechos, procesos, proyectos y fenómenos de orden económico, cultural, político, religioso, educativo, etc, en la formación del país.

    La violencia política como factor determinante de nuestro ser histórico, es el componente mágico del que se aferra una tendencia de historiadores de inspiración marxista, unos declarados comunistas y otros vergonzantes o taimados, que han querido sembrar la idea de que Colombia ha sido signada por una guerra permanente, tesis de Gonzalo Sánchez en su libro Guerra y política en la sociedad colombiana. Una historia de vacíos e incumplimientos como el de que Colombia nunca pudo solucionar el problema de la tierra de donde deducen la causa originaria de la violencia, o que en Colombia siempre hubo una oligarquía que se adueñó del poder para enriquecerse, que el estado es el principal y el único responsable de todos los desastres y del atraso del país, que tenemos un estado ausente y violador de los derechos humanos.

    Esas tesis, muy bien escritas, son falsas porque no dejan de ser lo que siempre han sido, especulaciones supuestamente estructuralistas en cuyas profundidades se encontraría el abc de la violencia. Causas estructurales, sociales, económicas carentes de respaldo de fuentes de campo, pero en las que sí abundan opiniones y conclusiones de naturaleza ideológica y se borra la influencia de las diversas corrientes comunistas y el papel de la Cuba castrista. En suma, estamos ante una especie de aplanadora de corrientes de izquierda, marxistas, comunistas, socialistas que en medio de sus diferencias han copado, no solo la disciplina histórica, sino otras profesiones como la sociología, la antropología, la economía, etc.

     Incluso, algunos profesores y líderes sindicales, más comprometidos y militantes, convierten a personajes no necesariamente destacados en grandes héroes, con trayectorias almibaradas de valentía sinigual cuyo caso más patético es el de María Cano una intelectual que en los años veinte del siglo pasado les enseñaba primeras letras a personas de baja condición, a artesanos y obreros. Ella habría militado en un partido socialista desconocido y desautorizado por la Internacional Comunista de Stalin, que forzó a algunos dirigentes a organizar un auténtico partido comunista en 1930, del que fueron excluidas Cano y otros dirigentes. Pero, ella era la compañera del líder sindical Ignacio Torres Giraldo, figura de los comunistas de verdad, quien la mantuvo en silencio desde 1930 hasta los años 1960, treinta años silenciada, cuando ya anciana y desmemoriada, a él se le ocurrió en un texto exegético, María Cano Mujer Rebelde, elevarla a la condición de heroína del proletariado.

    Por eso, en las páginas del CNMH, en algunos de sus textos paradigmáticos como “Basta Ya”, tienen espacio, victimarios como el jefe del M19 Carlos Pizarro, que de acuerdo con el artículo 3 de la Ley de víctimas 1448, no puede serlo, se refieran a las guerrillas como luchadores populares y se exponen teorías vergonzosas sobre la sociedad, el estado colombiano y sobre nuestro pasado.

    Darío Acevedo Carmona, 16 de octubre de 2026

  • Historia de un gran logro en archivos de Derechos Humanos CNMH

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    Me perdonan la extensión pero no hay otro modo de contar apartes de esta gran noticia. El pasado 29 de noviembre, la UNESCO, organización de la ONU para la Educación y la Cultura, incorporó a su programa Memorias del Mundo en el área de América Latina, el Archivo de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia.

    https://www.unesco.org/es/memory-world/lac/archive-and-bibliographic-collection-documentary-material-internal-armed-conflict-custody-human

     “UNESCO - MOWLAC, 2024 País: Colombia, Año de inscripción: 2024. Institution type: Memory Center. ID: 248/2024. Institution: Website(s): https://centrodememoriahistorica.gov.co/  open_in_new https://www.archivodelosddhh.gov.co/ Document theme: Human Rights.

    Así se fundamenta tal reconocimiento: “El material documental que compone el archivo y colección bibliográfica sobre el conflicto armado interno en custodia del CNMH reúne colecciones de diversas fuentes y territorios – incluido exilio- sobre las causas, hechos, actores, resistencias, diálogos y procesos de paz. Las fuentes en mención incluyen: a) organismos gubernamentales nacionales; b) organismos y comunidades locales, de diversas poblaciones, como organizaciones que actúan como garantes de los derechos de las víctimas del conflicto armado interno; y c) personas naturales y jurídicas que son evidencia de los hechos.

    El acervo documental ha sido identificado, localizado y registrado como medida de protección; clasificado, ordenado y descrito como medida de apropiación social, y se han organizado y fortalecido con el propósito de garantizar su custodia y preservación para su uso por parte de las víctimas, investigadores y la sociedad en general, en el marco de los derechos a la verdad, justicia, reparación y no repetición.

    A la fecha el archivo contiene documentos y evidencias en distintos soportes y formatos: formato papel y digital, correspondientes a aproximadamente 495.532 registros, lo que subraya la necesidad de implementar medidas de protección para su preservación a lo largo del tiempo. Es importante anotar que los 495.532 registros, se distribuyen en 890 metros lineales que están en formato papel y 1,654 Terabytes de información en formato digital aproximadamente.

    El comunicado de las actuales directivas del CNMH sobre este reconocimiento de importancia mundial  https://centrodememoriahistorica.gov.co/archivo-del-conflicto-armado-interno-en-custodia-del-cnmh-reconocidos-por-unesco/ no dice una sola palabra sobre el equipo que hizo posible la construcción de esta valiosa herramienta ni sobre quien la dirigió, la Dra Marcela Inés Rodríguez Vera ni la fecha en que se presentó la candidatura ni sobre nuestra gestión que derrumba con creces la campaña de difamación de la que fuimos objeto por parte de personas como el Senador Iván Cepeda, la senadora Aída Avella, el expresidente Ernesto Samper, decenas de activistas, periodistas, columnistas y medios, de algunas organizaciones de víctimas, de portales y dirigentes de partidos de izquierda y progres que divulgaron denuncias falsas de corte agitacional y propagandístico en el sentido de que bajo mi dirección del CNMH iba a destruir los archivos de las víctimas del conflicto armado y que las organizaciones de víctimas, masivamente, estaban retirando sus archivos por temor a verlos desaparecer. Una mentira convertida en estigma usada en cada acción, proyecto, iniciativa de memoria, evento, declaración, intervención, entrevistas en las que yo hacía presencia.

    Una cantinela alimentada con datos falsos como el del expresidente Samper en un trino en el que afirmó que más de una veintena de organizaciones habían retirado sus archivos del CNMH. Una enseña que se repetía sin cesar para desacreditar mi labor, para acosarme y acusarme ante la Procuraduría, en vano, como se ha demostrado en tres casos que no fructificaron, ante la JEP, ante la CIDH y hasta con citación a control político al Congreso de la República para exigirme la renuncia.

    Fracasaron en toda la línea, como les ocurrió con el caso de los falsos positivos con la cifra falsa de 6402 víctimas para impactar a la opinión y engañar a las verdaderas víctimas de ese terrible delito.

    Ni un solo archivo de víctimas fue retirado con tal motivación. Cabe anotar que los archivos originales, luego de ser analizados y clasificados con técnicas profesionales validadas internacionalmente, se pueden devolver a sus propietarios.

    A cambio les dejamos el Informe de Gestión (febrero 21 de 2019 - agosto 6 de 2022) sobre el cual no hicieron comentarios, del cual destaco la misión realizada en el Área de Archivos de Memoria de las Víctimas.

    El  mandato de la Ley 1448 de 2011que orienta la conformación de un archivo sobre las violaciones de los derechos humanos en el marco del conflicto armado interno fue ejecutado por la Dra Marcela Inés Rodríguez Vera y un equipo de profesionales. El resultado es una aplicación APP que se puede descargar en cualquier dispositivo celular, que la UNESCO acaba de incorporar al programa Memorias del Mundo, y sobre la cual la nota informativa que no remite a un link donde se pueda consultar y descargar.

    Dicha APP contiene los cerca de 80 mil documentos recibidos de la dirección anterior del Dr Gonzalo Sánchez, y 2.5 millones adicionales de nuestra gestión, sistematizados y puestos a la vista pública constituyendo el  más completo archivo sobre la materia en Colombia, el cual seguirá siendo enriquecido con la recepción de nuevos documentos. Véase la APP y cómo funciona en este link: https://www.archivodelosddhh.gov.co/saia_release1/ws_client_oim/menu_usuario.php .

     

  • El Espectador, la nueva directora del CNMH y mi gestión

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    Reproducción de artículo de respuesta a afirmaciones de la nueva directora del CNMH, publicado por El Expediente el 22 de octubre de 2022.

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