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Lafaurie, la Derecha y Uribe

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En entrevista con Valentina Parada Lugo del izquierdista diario El País de España*, el presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie (21/09/2026) afirma que la “derecha de Uribe ya no sabe a nada” y refiere algunas situaciones que, al parecer, motivan su desencanto con quien fundó el Centro Democrático. Pienso, a pesar de que el debate izquierda-derecha en Colombia se encuentre algo en desuso y descuadernado, que bien vale la pena dedicarles atención a las reflexiones del líder de los ganaderos colombianos.

No sabemos de cuándo para acá, las ideologías políticas tienen algún sabor, sea este ácido o dulce, amargo o sabroso, y si lo que quiso decir el Doctor Lafaurie es que las ideas de Uribe tienen un sabor desagradable y si antes sabían a mango maduro. Pero, lo que va desglosando en sus respuestas sí que va dejando un sabor bien extraño. Veamos

Cuando la periodista le pregunta por su acercamiento al gobierno “ultraderechista”, por poco no le agrega y “fascista”: “¿Se identifica con lo que está haciendo Abelardo de la Espriella?”, en vez de ponerse firme, refutar el insulto y demostrar que no es lo mismo ser de derecha que de ultra o extrema derecha, responde “Sí, a mí me gusta lo que está haciendo… Tomar decisiones tan controvertidas y tan controversiales como restablecer el porte de armas, fumigar con ciertos herbicidas para poder destruir las plantaciones de coca, …decir que los campos universitarios no son vetados para la fuerza pública, por supuesto que me gusta.

No satisfecha, Parada le demanda precisión conceptual, “¿Y qué diferencia ideológica encuentra entre esta ultraderecha y el uribismo del que se apartó?”, Lafaurie rememora la negativa de la bancada del Centro Democrático a apoyar un proyecto que permitiría el porte legal de armas presentado durante el gobierno de Iván Duque.

De manera que al sabor debemos agregar el porte de armas como factor que define el significado de derecha e izquierda. Pero, aún no conforme con lo que ha escuchado, Parada acude a una pregunta bien ácida: “¿Y por qué cree que Uribe nunca quiso acceder a eso?” A lo que Lafaurie respondió diciendo que “Uribe arrastra una dualidad política” porque “Él intenta ser políticamente correcto ante ciertos sectores de la opinión pública. Él ha querido rodarse hacia el centro y tratar de complacer a aquellos que son políticamente correctos” insinuando de esa manera que Uribe se equivocó al negar su apoyo al proyecto de armar a la ciudadanía, “La prueba es que aquí han asesinado a mucha gente.”

Lafaurie no cae en cuenta o no entiende que nada de lo que ha dicho contribuye a la controversia teórica y por tanto a dar sustento a su tesis sobre el deslizamiento de Uribe hacia el centro político. En cambio, la entrevistadora advierte que Lafaurie o bien carece de nociones claras sobre el tema o busca hacer lo que le está criticando a Uribe, quedar correcto políticamente, tanto, que evita contradecirla o exigirle que cese de calificar al presidente De La Espriella como un “ultraderechista”.

Entonces, Parada le toca un tema reciente y bien sensible, el alboroto causado por el senador por el movimiento Salvación Nacional Enrique Gómez Martínez quien en una sesión del Congreso se despachó contra el expresidente Uribe en términos bastante ofensivos al hacerlo ver como como un politiquero vergonzante de izquierda, y ahí, al fin, Lafaurie encontró la ocasión para hablar de un tema de teoría crucial desde siempre: el rol del estado respecto de los problemas sociales, de los subsidios a la población vulnerable, en los que sostiene que Uribe pisa terrenos de la socialdemocracia. El tema tiene tanto de ancho como de profundo, como que los subsidios sin límites y sin metas son propios de tendencias de izquierdas populistas. Pues según Uribe el estado debe otorgarlos sobre la base de estudios sociológicos con establecimiento de metas y sin afectar la inversión privada. Lafaurie olvida a conciencia que este tópico va de la mano de otras banderas que Uribe agita de manera sistemática: la economía fraterna que no es lo mismo que subsidios sin metas, a la que el estado moderno debe atender para evitar convulsiones sociales y muertes por hambre, la idea de un estado pequeño y austero que reduzca los impuestos y facilite la inversión e imponga el orden, la autoridad y la seguridad como condiciones de la convivencia social. Desde siempre las ha pregonado y las compartió Lafaurie hasta hace unos meses sin anteponer objeciones.

Ahora bien, dado que aquí se refiere a este tema tan sensible, es lógico que dejemos de lado el tema de los sabores, el armamento, la corrección política o de los descarrilamientos como factores que determinan las ideologías y credos políticos y empecemos por entender que el mundo de hoy vive condiciones, problemas y retos muy diferentes a los que enfrentaron los diputados de la Asamblea Nacional Francesa (1789-1791) que por sentarse unos que daban más realce al desarrollo económico capitalista a la derecha y otros que lo otorgaban a la atención estatal de los más pobres y urgidos, a la izquierda, dieron lugar a una división del espectro político en el mundo que desborda sus inicios.

Hoy no hay un estado en el que solo brille de modo único y excluyente el régimen de libre empresa sin que se ocupe de problemas sociales, del bienestar de la población, en diversos grados, como tampoco, excepto uno o dos casos que confirman la regla (Cuba y Corea del Norte) donde gobiernos de doctrina estatizante, socialistas radicales o moderados impulsan políticas y programas de corte liberal.

De manera que pensar en la rigidez de los principios puede llevar a malentendidos como por ejemplo, pensar que ser correctos políticamente coloca a quien lo sea a la izquierda o a la derecha o ha dejado de ser firme, ahí tenemos a líderes mundiales como Trump, Xi, Putin. Igual sucede con el tema de la seguridad y el orden ciudadano que se le achaca a la derecha cuando hay gobiernos de izquierda que se ocupan de modo muy serio en ello.

Uno no podría deducir que Lafaurie o Uribe se convirtieron en socialdemócratas por haber acompañado o compartido el programa petrista de distribución de tierras. Todo aquello que Lafaurie le está reclamando a su antiguo jefe y mentor es lo que él defendió siendo miembro de la dirección nacional del Centro Democrático. Como tampoco es correcto que a Uribe se le denigre y se le califique como socialdemócrata por avalar acuerdos puntuales con sus grandes rivales, como no lo es decir que Lafaurie se haya deslizado hacia la izquierda por hablar bien de Iván Cepeda, y haberlo invitado a almorzar en su residencia, por más irritación que ello suscite en las filas uribistas testigos de la infame persecución que ha librado ese personaje contra Uribe.

Darío Acevedo Carmona, 26 de septiembre de 2026 |

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