Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

izquierda

  • Ideologías y dogmas

    Imprimir

    A propósito de la siempre vigente discusión del significado derecha e izquierda y sus respectivas versiones extremas, considero necesario recordar que, desde casi su origen en el nacimiento de la institucionalidad republicana y de la conversión de la política en asunto público, es en torno del papel asignado al estado, a la economía y a la cultura, esta última más dúctil o elástica,  que se han formado las grandes agrupaciones partidistas y movimientos para diseñar sus programas, sus principios y sus ideas fuerza.

    Desde aquellos años, filósofos y estadistas perfilaron las fronteras imborrables e inconfundibles entre las dos tendencias que muy sintéticamente se autodefinían así.

    Hacia la derecha filaron quienes circunscribían la esfera de acción del estado a brindar seguridad, garantías totales a la propiedad privada y las libertades o derechos individuales.

    Por su parte, quienes, como en el marco de la revolución francesa de 1789 y la asamblea nacional de ella surgida se sentaron en el flanco izquierdo del recinto, trataron de extender las funciones del estado moderno a otros terrenos como la educación, la asistencia sanitaria, el control de la riqueza y los derechos colectivos.

    La vivencia histórica de esta división no nos acerca a experiencias siempre dogmáticas o conciliadoras, pero, el paso del tiempo que trae consigo nuevos problemas nos lleva a reconocer evoluciones, algunas de ellas con pretensiones de universal aplicación como lo fue, la política intervencionista del estado en la economía puesta en marcha desde los tiempos  de la Prusia bismarckiana de comienzos del siglo XX y del llamado estado de bienestar bajo el paraguas de las ideas de k desde las que se pusieron en práctica medidas que convirtieron a los estados en potentes máquinas con funciones de imponer impuestos, regular precios afectando la ley de la oferta y la demanda, y ocupándose de la educación, la salud, el mundo laboral entre otros tópicos

    Hasta los años ochenta del siglo pasado, en Inglaterra y Estados Unidos en principio, se presentó un renacer del liberalismo económico basado en las ideas de la escuela llamada Chicago's Boys creada por Milton Friedman y su equipo. La idea central consistía en retomar los principios originales de la libertad económica y la reducción del rol del estado en ese campo.

    En distintos momentos y países tendencias de derecha e izquierda acogieron políticas de uno u otro espectro ideológico según necesidades o urgencias. Experiencias que si bien atenuaron distancias no diluyeron toda la especificidad de cada una.

    Esa realidad histórica que se puede ilustrar con gobiernos de derecha impulsando o manteniendo políticas de izquierda o al revés, es lo que afecta, en buena medida en la actualidad, la idea de una vuelta de tuerca hacia lo vivido en los orígenes de la vida moderna, es decir, de una manera dogmática por parte de quienes, además, plantean el carácter puro de su ideología.

    Pienso que, sin renunciar o sin declinar de la motivación de definirse como derecha o izquierda, constituye un equívoco o error retrotraernos a vivir y sentir, a pensar y a actuar nuestras ideas como si fuesen dogmas religiosos: la derecha o izquierda verdadera o auténtica y la izquierda o derecha falsa.

    Cuestión que nos lleva a reconocer la existencia de otro tipo de problemas como las posturas ante la xenofobia, la vida, el modelo económico, etc, que alimentan nuevas y más cortantes diferencias entre derecha e izquierda y que desconocen la existencia de fenómenos intercampus muy difíciles de modificar por su profunda raíz e influencia en la sociedad.

    Ejemplifico con este interrogante: en democracia (Colombia) ¿quién, que se precie de derecha se atrevería a eliminar en nombre de la libertad y de la iniciativa privada, el sector público de la educación? O ¿quién desde la izquierda osaría eliminar e la educación privada alegando que eso es de competencia exclusiva del estado?

    Darío Acevedo Carmona, 2 de agosto de 2026, 456 Visualizaciones

  • ¿La izquierda democrática tiene algo por decir?

    Imprimir

    A quienes se consideran de izquierda decente, dirigentes políticos, sindicales, académicos, no necesariamente militantes ni obligadamente marxistas. Quiero invitarlos, no a renunciar a sus ideas y aspiraciones políticas sino a desmarcarse del corrupto gobierno de Gustavo Petro, de su desorden para dirigir el país, su incontrolable narcisismo, su constante transgresión de normas y regulaciones propias de la administración pública, por su habitual choque con las cortes y el Congreso de la República, sus exhibiciones contra el decoro de su cargo, de sus frecuentes e inútiles viajes que aprovecha para dar rienda suelta a sus ínfulas de líder mundial y del desastre económico que ha causado, de su desbordamiento en los contratos de prestación de servicios, de su autoritarismo en el trato con sus funcionarios, de su obrar destructivo del sistema de salud, vía decreto en contravía del rechazo de su proyecto de ley  por el Congreso, de su invocación sistemática al odio entre sectores de la sociedad y en particular contra los empresarios, de sus amenazas hilarantes contra la Constitución que juró defender, para no hablar del exhibicionismo en sus asuntos íntimos, etc.

    Desde muchos años atrás Colombia ha presenciado ingentes esfuerzos de parte de quienes siempre se opusieron a la lucha armada como forma de lucha para alcanzar el poder y recorrieron en medio de incomprensiones y hasta persecuciones en la vía pacífica y en el mejoramiento a través de reformas del sistema democrático cuyo momento cumbre se produjo con la adopción de una nueva constitución en 1991, por todos aplaudida como un tratado de paz, progreso y garantías.

    Las izquierdas que se acogieron a esa nueva y esperanzadora realidad han avanzado en la legitimación de sus métodos, sus discursos y sus programas y lograron conquistar espacios en cargos importantes del estado a través de las disputas electorales. Alcaldías, gobernaciones, ministerios entre muchos otros han sido ejercidos por personas de izquierda que han respetado esas dignidades.

    Todo esto es lo que, desgraciadamente para ustedes, para nuestra democracia y para el país ha sido puesto en peligro por el gobierno actual con su forma de ejercer y proceder en el mando. Un presidente que asumió el mando con garantías no obstante los temores que despertó en amplios sectores de la sociedad.

    Pero también, está en riesgo muy alto que, ad-portas de la elección de un nuevo presidente, avance como opción continuista apoyada por una izquierda que no ha sido crítica con el errático y erosionante comportamiento de su conductor, una candidatura que se presenta fiel a Gustavo Petro y su gestión.

    Por estas razones, pienso que el modelo de cultura política que se forjó en el mundo occidental, con relieve significativo en Europa, a saber, la coexistencia entre fuerzas de izquierda y de derecha en la arena política que ha propiciado el debate de álgidos problemas bajo condiciones garantistas ante firmeza y vehemencia en las retóricas argumentales, que es lo que en buscábamos ver hecho realidad en la Colombia de fines de siglo XX y en lo corrido del XXI, está en peligro cuando, además de lo ya expuesto se amenaza con la convocatoria de asambleas constituyentes e ideas contrarias a la libertad económica y de su perpetuación en el poder.

    Lo digo y lo pregono siguiendo a ese gran filósofo italiano Norberto Bobbio quien en su vibrante ensayo "Izquierda y Derecha" planteó tal hipótesis de difícil asimilación en tiempos turbulentos. Sin fundirse, sin romanticismo, sin idealización de un mundo de fraternidades, pero sí de respeto, por valores esenciales a ambos polos de la disputa, sin miedo a la controversia

    Nadie con dos dedos de frente puede proponer en nuestro atribulado país que la corrupción boyante que padecemos sea un ejemplo por seguir. Nadie debe proponer negociaciones incondicionales con los grupos que tanto dolor le han causado a la patria. Nadie debe impulsar ideas de odio hacia sectores de la sociedad civil como empresarios, sindicalistas, indígenas, campesinos, etc. Nadie debe apoyar propuestas de desestabilización institucional como la de convocar asambleas constituyentes. Nadie debe negarse a reconocer que tenemos el deber de crear soluciones para conjurar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de población en condiciones precarias.

    Los candidatos que compiten por la presidencia con alguna excepción y diferentes énfasis se refieren a estos problemas. Es claro que no piensan igual, nadie se puede asustar porque se agiten las diferencias ya que ellas son las que la democracia regula y permite.

    Señores de la izquierda decente o izquierda democrática no se queden callados, ser críticos con la política y el proyecto continuista no los deshonra, todo lo contrario, y enaltece la lucha electoral.

    Darío Acevedo Carmona, marzo 20 de 2026