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lucha por la democracia

  • 11 de septiembre fecha luctuosa y amenaza yihadista latente

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    No hablamos de una fecha cualquiera, ese día ni siquiera se puede equiparar a graves atentados cometidos por grupos terroristas. Hace un cuarto de siglo comandos terroristas musulmanes entrenados a perfección y con la convicción de servir a la causa yihadista ofreciendo hasta su muerte segura, atacaron a New York a unos edificios simbólicos del sistema económico capitalista mundial, matando a más de tres mil personas civiles inocentes.

    Ese ataque aleve y claramente violatorio de los derechos humanos constituye la demostración palmaria de cuán lejos pretenden llevar su guerra contra la civilización occidental los movimientos que se han incrustado solapadamente en países donde pelechan como las malas hierbas realizando todo tipo de acciones "pequeñas" y grandes como la humanidad ha visto en los atentados en Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Israel, etc.

    El problema es que los países y gobiernos de Occidente no parecen haber tomado con la debida seriedad nota del peligro que se esparce por toda Europa y Norteamerica y que se manifiesta a través de la migración masiva, fenómeno en el que se infiltran comandos especializados que refuerzan la guerra de dominación religiosa.

    En efecto, la cuestión no es de la coyuntura, es parte de una conjura estratégica desde la que se enlazan muy diversas actividades.

    Ya algunas figuras destacadas del islamismo fanático o radical gobiernan ciudades como Londres, New York y amenazan con hacerlo en París, mientras otros, que se hacen ver como individuos desquiciados, atacan con carros a ciudadanos que se congregan en sitios de eventos masivos como los ocurridos en varias ciudades de Alemania y el más trágico de octubre de 2023 en Israel que desató la poderosa reacción del estado israelí con el fin de destruir en un todo y por todo a los terroristas de Hamas y Hesbollá entre otros, dando un ejemplo a gobiernos timoratos de Occidente que aún no asumen la gravedad de la amenaza por parte de fanáticos que carecen de límites morales.

    América Latina no escapa a la influencia y penetración de estos grupos terroristas que pactaron con las dictaduras del socialismo bolivariano la apertura de vías y otras facilidades para que avanzaran en la construcción de bases y redes.

    De manera pues que, esta conmemoración no tiene por qué limitarse al llanto y al dolor de las familias o a las notas formalistas de condenas que, se requieren y son válidas, sino que se debe ir más allá, a que los gobiernos demócratas entiendan y asuman que el peligro del fanatismo de grupos ultra radicales musulmanes es real y que ellos están dispuestos a ir cada vez más lejos aprovechando las ventajas de aquellos que, con inocencia o complicidad desestiman su poder destructor.

    Estamos retados, querámoslo o no, a entender que los ataques terroríficos de reciente ocurrencia en el mundo libre no constituyen solo un daño y un dolor para quienes los sufren directamente, sino que ellos, así como las suplementarias acciones pacíficas de los que toman instancias gubernamentales, son parte integral del proyecto de expansión y dominación oscurantista del fundamentalismo musulmán.

    Coda: Amigos, luchar por la democracia y las libertades no es ni puede ser algo, perdonen la expresión, "mamón" o cansón o insoportable, todo lo contrario, significa darle sentido a nuestra existencia como personas dignas con derechos y deberes. En cambio, estar bregando por la paz en las condiciones que lo ha hecho Colombia desde que Turbay Ayala conformó una "Comisión de Paz" para conversar con las guerrillas comunistas y ver qué era lo que querían, hasta hoy 47 años después cuando lo único cierto es que esos grupos se han hecho cada vez más crueles y más lumpen y más reacios a la paz, eso sí que es, perdón por la expresión una "mamadera de gallo".

    Así pues, que lo procedente es se tenga por parte del nuevo gobierno, la convicción de cerrarles las puertas a esa raída bandera de la "paz negociada". Ojalá Colombia bajo la presidencia de Abelardo De La Espriella, se pare en la raya por todo su mandato y adelante una política de alcanzar la paz a través de la confrontación decidida y sin negociaciones con las armas del estado de derecho. Y que, inspirándose en la historia de la Segunda Guerra Mundial, organice una especie de Día D, como se llamó la operación de guerra más potente para derrotar a Hitler y el nazismo, para derrotar en Colombia, de una vez por todas, a las guerrillas y bandas criminales que viven del delito y la criminalidad y que imponen su fuerza bruta en tantas regiones de la patria.

    Darío Acevedo Carmona, 11 septiembre de 2026