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alvaro uribe vélez

  • Cuando la propaganda suplanta la verdad: la izquierda y el expresidente Uribe

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    Las técnicas de propaganda de masas se ensayaron con grandes resultados por regímenes dictatoriales. Los más visibles ante la historia son las del nazismo liderado por Hitler-Gooebels y la otra, la comunista soviética ordenada por el dúo maléfico Stalin-Beria.

    Traigo a cuento el tema porque tiene en Colombia buenos alumnos que, no obstante décadas de esfuerzos inconmensurables y poco fructíferos, cosechan hoy el fruto de su persistencia, de su obstinación y de su fé en la filosofía marxista y en las políticas del variopinto campo de las izquierdas comunistas y, por supuesto gracias al abuso de poder por parte de Gustavo Petro hoy consagrado líder de esa cofradía.

    Por supuesto, porque estamos en presencia de un escandaloso alboroto de los eternos enemigos del ex presidente Álvaro Uribe Vélez que, con motivo de la orden de libertad emanada del Tribunal Superior de Bogotá, están recurriendo a antiguas campañas de difamación con las que nos notifican que no cejarán en su empeño por "borrar de la historia" al caudillo que los derrotó en los campos militar y político.

     

    No me ocuparé de desmentir lo que nunca pudieron demostrar sino de mostrar los ejes de esa técnica de propaganda ideológica y política que pretende imponerse sobre la realidad de los hechos a punta de sistemáticos mensajes creados artificiosamente por especialistas en divulgación en oficinas creadas por la alta dirigencia de esos movimientos.

    Vamos al grano. ¿Cuál es el primer elemento de la propaganda política de masas dictatorial y totalitaria(PPMDT)? La adopción de una ideología basada en la supremacía de raza, clase o nación, que por ser tal, está destinada a salvar la humanidad prometiendo el paraíso en la tierra. Una corriente  de historiadores la califica de historia finalista en cuanto se basa en la idea de una humanidad en cumplimiento de una misión.

    Una segunda característica de la PPMDT es de tipo organizacional paraestatal, parapolicial y o paramilitar que pueden actuar por fuera del obstáculo de un marco legal aún vigente. Se trata de estructuras de una rígida, estricta y jerarquizada disciplina dispuesta a ejecutar las órdenes superiores para controlar los comportamientos de la sociedad, del pensamiento, de la lealtad, al Fhurer, al camarada Secretario General, al partido, al nuevo orden, etc.

    Un tercer componente del PPMDT es el relativo a la formación de ideas centrales o ideas fuerza convertidas en bandera, a través de frases legitimadoras no dispuestas al debate o la controversia. Deben ser recitadas en mítines, plantones, inscritas en pasacalles, murales, titulares de prensa con las que se exaltan las virtudes del modelo totalitario, se justifica el proyecto, se alaba al líder supremo, se le endiosa, que se conoce como el culto a la personalidad. Ejemplos de ello: Hitler, Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Kim il Sung y familia, Fidel, el Ché Guevara, ídolos consagrados en el altar de esas dictaduras que representan.

    La cuarta pieza del engranaje versa sobre la revisión de la historia pues en tratándose de una ideología “perfecta” nada de los pasados  merece ser reconocido o bien valorado, es lo que llamamos “revisionismo histórico” que procura establecer unos nuevos paradigmas ideológicos, nuevas fechas, nuevos héroes, otras batallas y gestas que dan fundamento al nuevo orden o a la nueva sociedad virtuosa. Se elimina o se destruye la biblioteca sionista, burguesa, colonialista e imperialista. Se abjura del debate y la controversia para imponer la verdad oficial por todos los medios posibles.

    Un quinto elemento de la PPMDP da cuenta  de cambios bruscos en las palabras y de alteración semántica orientados a la desestructuración de lo que ellos consideran lenguaje prefabricado y tendencioso. Una nueva palabrería florece desde esos círculos, grupos y células de activistas y de sus líderes. Hoyen día es lo que llamamos el proyecto Woke, el metalenguaje, la exaltación de las minorías, los subalternos, los vulnerables, etc. Desde ahí se produce nuevas narrativas, discursos, interpretaciones, versiones, etc.

    Sexta novedad, consecuente con la revisión de la historia deben ser revisados, cambiados y reelaborados los símbolos que la revolución adosada por la PPMDT debe destruir para crear y generar unos totalmente nuevos y según las circunstancias, modelados o reformados, como son el himno nacional, la bandera y el escudo que han dado cuenta de la identidad nacional.

    Habría otras características por mencionar, pero, este escrito no tiene el alcance o la pretensión de agotar un tema tan delicado  no solo para las ciencias sociales sino para la acción política en democracia

    Y es precisamente sobre lo que quiero dar fin parcial a estos apuntes aludiendo a la manera como la izquierda comunista y las izquierdas más radicales de Colombia han tratado de enlodar e incriminar al expresidente Álvaro Uribe Vélez para acallarlo, enjuiciarlo, encarcelarlo, y borrarlo de la historia y del presente de Colombia.

    La PPMDT se la están tratando de aplicar a la letra desde aparatos, instituciones y líderes de amplio reconocimiento, partidos como el comunista, el Polo Democrático, el Pacto Histórico, sindicatos, cursos, dirigentes políticos, algunos magistrados, periódicos, líderes intelectuales, académicos, religiosos. Empoderados con la idea central del enemigo principal a destruir lo acusan  de crímenes horrendos, sobre los que no hay o no hubo dictamen contundente, se refieren a hechos crueles señalándolo ante públicos muy diversos y en distintos escenarios como verdades en las que la demostración fáctica y dialéctica está ausente.

    Se inventan cifras de falsos positivos, le atribuyen asesinatos y masacres de las que se han responsabilizado jefes paramilitares. Le organizan mítines provocadores, promueven insultos  y se inmiscuyen en sus actos para provocarlos. Hasta magnicidios y homicidios de colaboradores y amigos le han atribuido. Y todo ese pantano se lo tiran a punta de propaganda de masas que circula como reguero de pólvora por todos los confines.

    Si a pesar de esa gigantesca operación de destrucción y desprestigio Uribe se mantiene arriba en su buena imagen ante los colombianos y ante el mundo democrático no  es por propaganda, es por sus atributos de liderazgo, por su accionar transparente, por su franqueza, por su autocrítica, por un carisma de auténtico liderazgo.

    Por eso, están condenados al fracaso los esfuerzos de las bodegas y bodegueros prepagos por el gobierno Petro a pesar de ser miles los que reciben una paga para una realizar un encargo deleznable y perverso. No podrán cambiar las cifras de víctimas, no podrán achacarle víctimas de otros, no podrán hacerlo ver en masacres cometidas por jefes paramilitares, no podrán demostrar que asesinó o mandó a asesinar a x o y personaje o amigo para borrar evidencias, y no podrán porque todo aquello de lo que lo acusan no es demostrable fácticamente y porque todo lo que dicen es parte de una oleada de propaganda.

      Darío Acevedo Carmona, enero de 2026

  • Eliminar a Uribe

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    Eliminar a Uribe

    El expresidente Álvaro Uribe Vélez es, para sectores radicales de la izquierda, movimientos y personalidades progre, la encarnación del enemigo total. Por eso, no es de extrañar lo que viene sucediendo con él. Desde semanas atrás se observan claros signos conducentes a involucrarlo, de nuevo, en delitos de diverso rango.

    El presidente Petro, envuelto en graves acusaciones por el escándalo de las maletas con dinero en que se vieron envueltos dos de sus principales alfiles, Laura Sarabia y Armando Benedetti, y en el que se produjo, presuntamente, el suicidio del coronel Dávila, a falta de un contrincante al que pudiera inculpar de estar detrás de todo lo malo que le estaban descubriendo, no encontró a alguien más apropiado para reverdecer sus iras que el expresidente Uribe. Recurso ideal para desviar la atención, en lo que es muy hábil Petro.

    Previo concurso de la JEP, fue interrogado con toda la parafernalia del caso, el exjefe paramilitar Salvatore Mancuso que, como de la nada y sin pruebas distintas a su palabra, acusó al expresidente Uribe de ser copartícipe en la creación del paramilitarismo y corresponsable de horribles crímenes. Después, el convocado fue el otrora jefe del Bloque Bolívar, alias “Macaco” quien habló en la misma línea. Como quiera que el efecto buscado no se dio en la medida pretendida, Petro, presuntamente, sacó un as de su manga, nombrarlos asesores de paz invocando su falsa “paz total” y con el compromiso, presunto, de enlodar al expresidente Uribe.

    En la medida en que los escándalos del presidente Petro se incrementan y adquieren tanta gravedad como que podría iniciarse un juicio político en el Congreso, creció la necesidad de hallar un personaje en quien descargar el peso de las tragedias del país, y como en sus viejos tiempos, su brújula le señaló que había que retrotraer a Uribe como sparring.

    Recordemos que Uribe visitó a Petro una vez electo, para manifestarle que él haría con su partido, el Centro Democrático, una oposición basada en argumentos y que no apelaría a la confrontación personal. Uribe ha sido fiel a ese compromiso, hasta el punto de sufrir, en principio, el beneficio de la duda y hasta críticas fuertes de personas que lo han apoyado.

    Pero Uribe no es un líder que se quede quieto y sea ajeno al acontecer político. Con motivo de las elecciones regionales y locales en octubre, se echó sobre sus hombros la campaña de su partido y sus candidatos a alcaldías, gobernaciones, concejos, asambleas y hasta ediles. Ha recorrido el país por todos sus costados, incansable, con discursos ajenos al odio sin apelar a la demagogia, proponiendo, incluso, llegar a acuerdos en algunos temas con el gobierno Petro. El resultado de esta gran faena democrática ha sido tal, que Uribe ha resurgido del ostracismo, ha recuperado su antiguo lugar como gran referente de la política nacional.

    De modo que estamos en presencia de un fenómeno en el que la imagen de un Uribe recargado crece en la misma proporción en que decae la del presidente Petro por motivos de amplio dominio.

    Y es en este punto, precisamente, en el que, contra toda lógica jurídica y a contrapelo de la no comprobación de las pruebas en su contra y del reconocimiento del Tribunal Superior de Bogotá de tal insuficiencia, que el expresidente Uribe es llamado a juicio en el caso que lo enfrenta a uno de sus más enconados enemigos y verdugos, el reconocido vengador de la izquierda, senador Iván Cepeda.

    Detener el avance de la campaña que con gran éxito adelanta el expresidente y distraer a la opinión pública de los escándalos que comprometen al presidente es lo que se puede deducir del conjunto de maniobras y decisiones que coinciden en la misma meta. Provocaciones, como las del intelectual progre Uprinmy quien cree tener el derecho de insinuar responsabilidades criminales al expresidente y estar a salvo de que le respondan.

    Y  mirando en una amplia perspectiva temporal, no podemos dejar de constatar que la extrema izquierda, las Farc-ep, el exM-19, los elenos y hasta líderes progre y ONGs de izquierda, desde décadas atrás, se han coligado con el objetivo de eliminar de una forma u otra a Álvaro Uribe Vélez, y que la inclemente persecución se remonta a su mandato como gobernador de Antioquia.

    Tal parece que en nuestra Colombia no existiera la presunción de inocencia para Uribe, y si en cambio la presunción de culpa. Se nota en las consideraciones de magistrados que han invertido el principio de que quien debe demostrar la culpabilidad, en primer lugar, es el acusador-demandante y no su inocencia, el acusado. No es casual que en días recientes el gobierno y otros de sus detractores hayan aprovechado el tema de los falsos positivos para cerrar el cerco contra el expresidente y eliminarlo políticamente por vía de montaje judicial.

    A Uribe lo trataron de asesinar varias veces, y no pudieron. Lo quisieron sacar del juego político a punta de groseros debates en su contra propiciados entre otros por Petro y Cepeda, le organizaban mítines insultantes en todas las ciudades de países que visitaba como presidente, pero, no lo doblegaron. Un magistrado lo hizo encarcelar como si Uribe no hubiera atendido todos los llamados de los jueces. Ha sido y es objeto del odio más enardecido en las redes mamerto-comunistas, petristes y progre, en ambientes intelectuales de marxistas de todos los colores. Sus enemigos predican el amor al prójimo, a la vez que desencadenan furiosos ataques y amenazas de guerra contra él y sus seguidores.

    A Uribe lo quieren eliminar enviándolo a la cárcel ya que no pudieron asesinarlo ni fulminarlo políticamente. Lo necesitan como la encarnación del enemigo absoluto, porque el odio contra él es lo que une a las siempre divididas izquierdas y por haber liderado la desmovilización de los grupos paramilitares y la derrota estratégica de las guerrillas.

    Darío Acevedo Carmona, 8 de octubre de 2023