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alvaro uribe vélez

  • ¿Punto final?

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    Un numeroso grupo de periodistas colombianos de primera línea suscribiò un documento en el que le manifiestan al expresidente y Senador Alvaro Uribe Vélez que: Es hora… de que deje atrás la práctica sistemática de difamar, calumniar e injuriar a sus críticos como si no fuera un expresidente obligado a dar ejemplo, ni un ciudadano sujeto al Código Penal.”

    Ni una palabra sobre los desafueros de Daniel Samper Ospina, el otro protagonista del embrollo, cuya “difamación, calumnia e injurias” hacen pasar como fino “humor”, con quien se solidarizan a la vez que presentan el problema como un ataque a la libertad de prensa.

    Toda el agua sucia es para el expresidente Uribe para que vayamos viendo el tamaño monumental de la obsesión que aqueja a muchos de los signatarios.

    No es de extrañar, pues con excepción de algunos periodistas que uno no sabe por qué firmaron un texto absolutamente sesgado, que entre otros se destaquen quienes se ensañan en sus columnas contra el expresidente.

    Quise revisar las columnas de algunos de ellos para ilustrar a los lectores sobre el lenguaje desmoralizante utilizado para referirse al expresidente, a su familia, al Centro Democrático y al uribismo, actitud que no es de ahora sino desde que él empezó a descollar en la vida pública.

    Y es como para que se le arrugue el corazón y se le ampolle la piel a Supermán. Apenas había recolectado algunas frases de tres columnistas de un solo medio me di cuenta que necesitaría muchísimo tiempo y páginas para cumplir mi cometido. De modo que no tuve más remedio que repensar el contenido de mi columna.

    Uribe, ciertamente, ha logrado o causado reacciones impensables e increíbles, por ejemplo, que la elite periodística del país se una contra él como un cuerpo herido, solidario, porque uno de los suyos recibió “una calumnia”. Ese cuerpo no se ha pronunciado sobre hechos de la mayor gravedad en tiempos recientes, v. y gr., como cuerpo, insisto, no han dicho ni mu sobre la represión castrochavistamadurista (fenómeno en el que no creen) a la libertad de prensa en Venezuela, pasaron de agache que ante el “acontecimiento mundial de la entrega de armas de la guerrilla más vieja del mundo después de 53 años de guerra cruel y destructiva” no hubieran sido invitados. No fueron testigos del momento en que, como dijo con grandilocuencia Humberto de la Calle, “se partió en dos la historia del país”.

    No han dicho nada, como cuerpo, ante la represión sistemática a la libertad de prensa, de expresión, de opinión, de mercado, de pensamiento, de protesta, impuesta por la dictadura castrista en Cuba y aplican el “tapen tapen” ante los escándalos y errores del gobierno Santos con tal de no darle la razón al “salgareño”.

    Volviendo al pronunciamiento, no se sabe sí los firmantes se conformarían con que Uribe se calle, varios de ellos ya lo han sugerido “hay que silenciar a Uribe”, pero en ninguna de las líneas de ese texto, cuyo borrador según dijeron fue escrito por Ricardo Silva Romero, furibundo antiuribista en sus columnas en El Tiempo y en El País de España, encuentra uno el espíritu autocrítico que les corresponde pues siendo periodistas, se han apartado de su profesión para incursionar con beligerancia en las batallas políticas.

    Como ciudadanos están en su derecho de pensar y tener opción política y partidista. Muchos periodistas han sido presidentes y congresistas, pero, si dan el paso a la militancia, deben entender que se someten a un lógica y a un tratamiento diferente al que se da al periodista profesional, o sea, a dar y recibir palo, afrentas, etc., y por tanto no podrán quejarse, aplica el dicho “quien quiere marrones aguanta tirones” y tendrían que decidir si quieren parecerse a Benedetti a Barreras a Lizcano o a Juan Gossaín.

    Andan por camino errado los periodistas que hacen proselitismo, recitan injurias, acusan temerariamente y hacen alusiones desobligantes a apellidos, a un pueblo, al Centro Democrático y a quienes profesan una religión, creyendo que pueden atacar sin que les respondan pues si les responden inmediatamente sacan la capa de periodistas.

    Los periodistas convertidos en agitadores pueden producir un daño grave a la sociedad. En mi libro La mentalidad de las elites sobre la Violencia en Colombia (El Áncora y Universidad Nacional de Colombia 1995), tuve ocasión de ilustrar cómo se incendiaban los espíritus atizando la lucha fratricida entre liberales y conservadores desde las salas de redacción. Lo reconoció Enrique Santos Montejo, Calibán, abuelo del actual presidente en su columna “Danza de las horas”.

    Así pues, si los firmantes no se consideran parte del problema e insisten en que el expresidente Uribe violó la libertad de prensa, siendo que quien más los ha reconvenido es el presidente en ejercicio, entonces no podemos creer en la sensatez de ese “Punto final” que, en esencia, expresa el profundo y funesto deseo de acallar al hoy Senador Uribe.

    Aún está fresca la tinta del pronunciamiento y ya algunos firmantes lanzaron ataques ultrajantes contra Álvaro Uribe demostrando su incoherencia e inconsistencia. Pueden iniciar por la de esta semana de Cecilia Orozco Tascón y seguir con las de María Jimena Duzán, León Valencia, Daniel Samper Ospina, Daniel Coronell, Ramiro Bejarano, Gabriel Silva Luján, Ricardo Silva Romero, Juan Gabriel Vázquez, William Ospina, Sergio Ocampo Madrid que acusó a Uribe del atentado al Centro Comercial Andino, un tal Gómez Pinilla que dijo “Me cago en la cara de Uribe” y convoca al estilo de los fascistas ordinarios a “silenciar” a Uribe, el trío De la Torre, Felipe Zuleta, Félix de Bedout, y muchos más que quieren sumarse al espíritu de cuerpo antiUribe.

    Todos dispuestos a darnos una lección de “respeto” consistente en que ellos pueden agredir, insultar, injuriar, escupir y matonear y si el afectado se defiende, eso es odio. Será por eso que los solidarios con Samper justifican o banalizan su agresión a la senadora Paloma Valencia y a su hija recién nacida, el comercio con el morbo y en cambio, les dio pena reaccionar como cuerpo ante el anuncio de las Farc de no liberar más menores de edad.

    Darío Acevedo Carmona, 24 de julio de 2017

  • LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES

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    El expresidente Uribe le ha sacado provecho a su posoperatorio dando puntadas a la propuesta programática del Centro Democrático de cara a la coyuntura electoral.

    En un mensaje grabado de menos de dos minutos explicó por qué lo procedente frente a la paz entreguista del gobierno Santos y en caso de triunfar el candidato del CD para la presidencia, no es ni puede ser echar todo a perder. Recordó que en la campaña del plebiscito el triunfo del NO no significaba la negación de todo lo acordado ni pararse de la mesa ni romper en definitiva las conversaciones con las FARC.

    El mensaje del negociador oficial Humberto de la Calle y de los defensores del acuerdo de La Habana días antes del plebiscito en el sentido de que de ganar el NO todo se iría al traste y se terminaba el proceso, tenía la pretensión de ocasionar pánico colectivo ante la inminente reanudación de una guerra urbana “más cruel para la que las FARC estaban preparadas” según declaró Juan Manuel Santos.

    La respuesta de parte de la campaña del NO consistió en explicar que se votaba negativamente todo porque el gobierno canceló la opción de formular varias preguntas al electorado.

    De modo que, la propuesta actual de Uribe de modificar los acuerdos en aquellos puntos que son lesivos a la Constitución, al ordenamiento institucional y abran las puertas al peligro del castrochavismo es plenamente coherente con lo actuado.

    ¿Qué actitud se va a observar ante la burda imposición de una paz que adolece, cada vez más, de respaldo de la población? ¿Qué proponen los numerosos aspirantes a la presidencia de la República frente al uso y abuso del dictatorial método de violación de la Constitución, el fast track?

    Porque esa será la piedra de toque de la campaña que ya arrancó. ¿Modificar los acuerdos? ¿Continuar sin pausa su implementación?, ¿aceptar los hechos cumplidos?, ¿resignarnos a la humillación de las instituciones?, revocarlos en su totalidad?

    El expresidente Uribe lanzó la consigna para el Centro Democrático, pero, como debe ser consciente de que su partido, aunque pueda ganar la presidencia con su candidato, no tendrá la fuerza suficiente para acometer esa meta, ha procedido a adelantar conversaciones con varios líderes políticos de otras tendencias y vertientes, tal como se hizo en la campaña por el NO para buscar entendimientos y forjar alianzas sin las cuales no sería factible reparar el grave daño hecho al país con la implementación de un acuerdo de paz que se revela cada día más en sus aspectos lesivos, tramposos y ocultos.

    Entre los seguidores del expresidente Andrés Pastrana, del exProcurador Alejandro Ordoñez, de Juan Lozano, de Martha Lucía Ramírez, de figuras históricas de todos los partidos y de otros dirigentes, líderes de opinión, exmagistrados, etc, existe un ambiente propicio para forjar una alianza, especie de Frente Republicano por la defensa de la Democracia y las Libertades que acometa la empresa de encauzar el descontento nacional hacia el retorno a la normalidad, el restablecimiento de la Constitución y la separación de los poderes del Estado.

    Una cumbre de todos ellos sería conveniente y útil en extremo para perfeccionar los términos de esa gran alianza. Los temas relativos a reforma tributaria, impulso de la iniciativa emprendedora, lucha contra la corrupción, reducción de impuestos, impulso a la educación, desarrollo de la infraestructura, reducción del gasto estatal, relaciones internacionales, pueden ser acordados apoyándose en las mejores tradiciones del Estado y de gobiernos anteriores sin mayor dificultad.

    No tengo duda que se está prefigurando ese amplio frente para dar la batalla política más importante y decisiva de las últimas décadas. La Marcha Nacional convocada por el expresidente Uribe para el próximo 1 de abril podría ser el termómetro de su acogida y el impulso definitivo para que se cristalice ese Frente Republicano.

    Los colombianos nos veremos enfrentados en torno a dos campos, por una parte el de las fuerzas continuistas que quieren implementar el camino del desastre y de la otra, las fuerzas que piensan que todo aquello que ha sido destructivo de la institucionalidad y de la Constitución puede ser reconsiderado. Para estas últimas lo ideal sería asumir el compromiso de convocar el 20 de julio de 2018 un referendo revocatorio de tal manera que sea el pueblo quien decida, en últimas, la suerte de todos y cada uno de los puntos contemplados en el segundo acuerdo impuesto a fines de 2016 desconociendo la voluntad popular.

    Darío Acevedo Carmona, 6 de marzo de 2017

  • RESPONDAN SIN EVASIVAS

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    Afectados por una peste de inopia argumental, un sector de pazólogos (defensores de la paz a cualquier precio) se han aferrado a una vieja estrategia de las izquierdas colombianas: atacar a Uribe usando como pretexto acciones y hechos de su administración para justificar la validez de lo que se está acordando en las conversaciones de La Habana. Son incapaces de responder cualquier cuestión sin referirse a ese “enemigo” al que, como “pitbull” con su presa, no lo sueltan ni para respirar.

    Se engañan a sí mismos, a la opinión pública y al sentido común, pues el deber de todo intelectual, académico, gobernante, funcionario o representante de la ciudadanía es defender racionalmente sus posiciones. Entre otras cosas porque las inquietudes, dudas, incertidumbres y críticas que se han ventilado en torno de las conversaciones de paz no provienen única y exclusivamente del expresidente Uribe ni del CD ni de sus seguidores. Líderes conservadores, liberales, columnistas, juristas y exmagistrados que no son uribistas, han dado a conocer sus puntos de vista recibiendo como respuesta “es que Uribe esto, Uribe aquello…”.

    Aclaremos un par de situaciones que le enrostran a Uribe con la aviesa finalidad de justificar lo injustificable y esconder su miseria argumental con una vocinglería insulsa y repetitiva. Dicen que Uribe hizo elegir un Congreso paramilitar, lo cual es falso de toda falsedad ya que Uribe llegó a la presidencia en ambos periodos sin ser candidato por ningún partido. La bancada que lo apoyó desde 2002 estaba compuesta por liberales, conservadores, vargaslleristas y otras minorías, también tuvo apoyo de uno que otro exguerrillero del M-19 y del EPL. Los acusados de nexos y militancia con grupos de autodefensa y paramilitares cometieron sus delitos perteneciendo a dichos partidos y antes de que Uribe llegase al poder.

    Una senadora verde que acostumbra llamar la atención con sus gritos histéricos afirmó que Uribe fue presidente elegido por el paramilitarismo y que el Congreso estuvo en manos de estos grupos en un 40%. Ella pretende, al estilo mamerto, tender un manto de duda sobre la integridad moral del contendor. La senadora omite reconocer que fue el expresidente el que llevó a la cárcel a pagar penas efectivas de prisión a unos y extraditó a 14 de los principales capos paramilitares a USA, no les concedió elegibilidad política, ni diarios, ni programas de tv, ni los igualó al Estado y aceptó las modificaciones que las cortes Suprema y Constitucional y el Congreso hicieron a los acuerdos en vez de anularlos o seducirlos. No se quejó de los críticos ni compró el silencio o apoyo de la gran prensa. No les concedió territorios, la negociación se realizó en un solo y reducido espacio, no modificó la Constitución, no pidió poderes absolutos o especiales, no puso en la mesa la Agenda Nacional, no les dio estatus de contraparte del Estado, hubo entrega de armas, no amnistió delitos de lesa humanidad, la garante y veedora fue la OEA. No hay, pues, punto de comparación entre aquel proceso y este.

    Las preguntas formuladas por más del 70 por ciento de colombianos siguen sin ser respondidas por el Gobierno y sus escribanos que se presumen de avanzada. Prefieren optar como muletilla al expresidente Uribe en vez de absolver interrogantes de este tenor: ¿Cuáles son las razones para concederles elegibilidad política y puestos en los órganos de elección popular a responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra? ¿Por qué se quiere sustituir la Constitución después de haber asegurado que eso no se haría? ¿Por qué guardan silencio ante las evasivas de las Farc  sobre la entrega de las armas? ¿Hay alguna experiencia en el mundo en la que el narcotráfico y el secuestro hayan sido reconocidos como delitos conexos (es decir, altruistas) al delito político? ¿No les parece contradictorio que el Gobierno de la espalda a la Corte Penal Internacional, de la cual hacemos parte, y reemplace su estatuto y a la justicia nacional creando una Jurisdicción Especial inapelable y conformada con participación de las Farc? ¿Por qué los militares y los miembros de la sociedad civil tienen que comparecer ante un Tribunal conformado a criterio de la guerrilla? ¿Por qué se consideran de buena factura moral los crímenes de guerra y de lesa humanidad de los jefes guerrilleros? ¿Cuál es la razón de que los victimarios terminen como víctimas del Estado? ¿Les parece bien que varias decenas de parapolíticos estén en las cárceles y ni uno de la paraguerrilla a sabiendas que han cumplido misiones similares? ¿Pueden demostrarnos que las guerrillas representan los intereses del campesinado colombiano? ¿Cuándo nos van a explicar el enredo semántico “cárcel no significa cárcel”?

    ¿De cuándo acá haber utilizado las armas de la Nación contra organizaciones terroristas fue un error o algo inútil o injusto? Pues sí así les parece, entonces están igualando la legitimidad con el terror y esa es la verdad inconfesada que no se atreven a decir o la dicen con perfume o anestesia.

    Hablan de paz, reconciliación, cese a los odios, contra el desbordamiento del lenguaje, pero, quieren silenciar a más de medio país y aplastar al expresidente Uribe y a su corriente política, y en vez de despejar las dudas e incertidumbres de las gentes, quieren reconciliarse con quienes ni siquiera piden perdón para sacar adelante una paz a los trancazos.

    Darío Acevedo Carmona,  6 de junio de 2016