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venezuela

  • Alcances de la reunión Trump-Petro

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    Las declaraciones de Marco Rubio, Secretario de Estado" de EE.UU. sobre las tres fases de transición tras la detención del dictador Maduro y su esposa dejan en claro el alcance de la operación y despejan dudas. La dictadura , a través de Delcy Rodríguez y su hermano con apoyo del ministro del Interior, Padrino López, seguramente a cambio de garantías para su exilio, dejará el poder en un proceso que culminará con un llamado a elecciones generales. Todo ello bajo la supervisión y orientación del gobierno norteamericano que obtiene el control de la industria petrolera para su transformación tecnológica y beneficio mutuo. Se contempla como medida urgente la liberación de todos los presos políticos, la apertura de la economía a inversionistas internacionales, organizar y garantizar el tranquilo retorno de millones de venezolanos y el nombramiento de miembros de la Oposición en altos cargos del estado.

    Estamos en presencia, pues, del derrocamiento de la tenebrosa, desalmada y vulgar dictadura madurista como el gran logro del contundente operativo “Resolución absoluta” bajo la dirección del gobierno norteamericano y de su presidente Donald Trump.

    Contrario a anuncios y declaraciones relativas al eco que tendría en Colombia tal acontecimiento, según las cuales Colombia podría ser el siguiente objetivo así como su presidente Petro, las cosas han tomado un rumbo inesperado. En efecto, la sorpresiva conversación telefónica entre los presidentes  Trump y Petro dejó en  firme la realización de una reunión  en la que se buscará acuerdos sobre el problema del narcotráfico.

    En el análisis que se hace sobre lo que puede suceder en tal reunión, conviene tener en cuenta que Trump es un por excelencia un destacado negociador cualidad que usa con gran propiedad en el campo político para lanzar propuestas que se pueden leer como atrevidas y hasta disparatadas, y que luego, ante la reacción  de la contraparte, cambia, aligera y modifica.

    De igual forma, hay que advertir que el presidente Trump ha demostrado en distintas situaciones críticas, salidas que causan asombro, malestar y oposición que es capaz de modificar en el camino de su implementación. Así lo ha demostrado en sus encuentros con aliados de la OTAN, en el tema de los aranceles, en asuntos de defensa estratégica y en la búsqueda de la paz en varios conflictos internacionales donde ha mediado con éxito y en la guerra de agresión rusa contra Ucrania.

    Lo que acaba de lograr con el fantástico operativo para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro, demuestra habilidades muy difíciles para alcanzar un objetivo: la paciencia, meses durante los que el mundo esperó una acción, diplomacia para obtener el respaldo de varios gobiernos, disposición al diálogo hasta con quienes eran objeto de captura con jugosas recompensas y evitar hasta el agotamiento el uso de la fuerza.

    Su proceder, mirando lo que ha realizado en materia de negociaciones de paz entre varios países, confirma su talante, ante todo la búsqueda de acuerdos desde posiciones de fuerza, de autoridad y de influencia. Disposición a abrir la puerta a aquellos a quienes considera enemigos o adversarios de EE. UU. punto este en el que los colombianos debemos contextualizar las palabras sobre Petro y la invitación a Washington D.C. No hay que creer que se ablandó o que tiene miedo, lo que busca es proteger los intereses de su país al menor costo posible en todo sentido.

    Pienso que será la ocasión, como ya hemos presenciado en situaciones similares, en las que sitúa a su invitado en el plan de asumir compromisos en temas que afectan a EE. UU., por ejemplo, el muy sensible del narcotráfico, fenómeno que está atacando por la raíz y en el que sabe del alto grado de corrupción que ha alcanzado con gobiernos y dirigentes políticos en varios países  del continente. Ahí, creo, se centrará su objetivo.

    Finalmente, ni tontos que fueran el Secretario Rubio y el mismo presidente Trump si no comprendieran que Petro es un gobernante enredado en mil problemas y acusaciones en Colombia y que está de salida en pocos meses. De paso, al reconocerlo como el jefe de estado de Colombia,  podrá exigirle metas sobre reducción radical de cultivos de coca y amapola, y compromisos de lucha contra los grandes capos del narcotráfico, entre ellos el de agilizar su extradición.

    No tengo dudas que el gobernante norteamericano intentará, ofreciendo no intervención, que Petro rompa con el llamado cartel de los Soles. Es decir, algo así como simplificar el escenario, reducir los campos de acción y de riesgo, neutralizar a gobernantes cercanos o amigos de Maduro, Diosdado, Padrino y compañía.

    Cosas de estrategas en las que priman los hechos y no  las ideologías.

    Darío Acevedo Carmona, 11 de enero de 2026

  • Antes de que sea tarde

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    A propósito del rumbo que ha tomado la situación en Venezuela en el sentido de que Maduro, Diosdado Padrino y todos sus secuaces imponen su dictadura a partir del fraude de las elecciones de julio usando la violencia, la arbitrariedad y la contraevidencia, creo que es pertinente hacer unas reflexiones de fondo sobre Colombia.

    Repasemos un poco: Las fuerzas opositoras del hermano país han acudido a todas las formas posibles de lucha civil y pacíficas para derrotar la dictadura castro-chavista-madurista sin que pudieran hacer valer sus triunfos electorales.

    Asesorada por la alta inteligencia cubana, desde Chávez hasta el presente, el régimen se ha sostenido sorteando situaciones que de haberse dado en democracia habrían hecho colapsar cualquier gobierno. La sola ruina del emporio petrolero, uno de los más grandes del mundo. La carestía, la elevada inflación, el empobrecimiento de millones de venezolanos, el exilio forzoso de más de siete millones de ellos, las expropiaciones desenfrenadas y el fraude en varios procesos electorales.

    El mensaje que se trasmite a su pueblo, a la oposición y al mundo es que la dictadura no dejará el poder por las buenas. Dejan testimonio de la imposibilidad de un derrocamiento por las vías pacíficas. Y eso ya se torna color de hormiga, no es cualquier desafío. Ahí, tenemos el espejo de los cubanos, totalmente humillados, en la más terrible miseria, privados de toda libertad, encarcelados si protestan o exigen algo.

    Y ¡OJO!, ese camino es el que en mi parecer puede darse en Colombia. Las fuerzas de izquierda han rodeado a un gobierno corrupto como ningún otro en nuestra historia, a un presidente que no sabe gobernar pero si enardecer a la población con su lenguaje camorrero, con sus amenazas, los disparates que desata para oscurecer y evadir su responsabilidad en los escándalos que hasta en el seno de su familia se dan

    No hay pudor, no reconoce barreras, quiere revisar toda nuestra historia para cambiarla por su simplista emblema de la lucha de clases. Irriga odio, transpira malas energías, actúa como un agitador, en fin, es de esos líderes dispuestos a cualquier travesura o locura para aferrase al poder. Ya lo ha dejado entrever con su recurrente e inconstitucional llamado a una asamblea popular constituyente, a la movilización callejera, con sus demoledoras medidas de debilitamiento de la Fuerza Pública, en fin, con su Plan de Demolición del Estado.

    Del otro lado, y sin querer profundizar en distanciamientos entre los diferentes partidos y movimientos que tratan de construir un camino y estar atentos a las elecciones de 2026, creo que debemos reconocer que lo ocurrido en Venezuela, nos debe llevar a pensar que afrontamos un peligro de suma gravedad que puede incluso inutilizar los resultados electorales venideros. Con más razón si a la elección de Congreso y a la de Presidente, se llega como si se tratase de una situación normal de nuestra democracia cuyo ritual se escenifica cada cuatro años desde hace varias décadas.

    Hay que evitar ir a esas elecciones como si nada, cada cual por su lado o esperando que de la nada surja un candidato(a) providencial que habrá de conducirnos hacia la victoria. Ni se aborda con llamados a una falsa o artificial unidad. El tema está presente en la historia de muchos países que ante crisis y peligros de gran magnitud han construido alianzas, diferente a unidad, en juntar fuerzas y construir acuerdos sobre la base de que peligra todo el ordenamiento político, social, económico y cultural y que entendamos que para recuperar el país de los desastres que está viviendo, para evitar que se consolide una dictadura y que esta se torne imbatible, es necesaria una gran alianza de todos los demócratas.

    No es hora de ver el sucio en el ombligo del vecino, es hora de reconocer que estamos ante el peligro de perderlo todo, y, por tanto, de hacer a un lado egos, resquemores, desencuentros, y juntar fuerzas y recursos para derrotar el proyecto totalitario del socialismo bolivariano.

    Darío Acevedo Carmona, 12 de enero de 2025